Se tiene una idea equivocada de caída o colapso, en lo que al entorno social
se refiere. Se piensa que es el fin de todo, cuando en verdad sólo es el fin de ‘algo’, y dependiendo de la dimensión del ‘algo’, eso es mucho o no tanto. Por lo general, también se tiene una
percepción permanente de estabilidad, o sea, en cualquier momento histórico, por breve que sea, siempre hay un grupo que lo ve como ‘estable’ e, por lo tanto, ‘inquebrantable’. Toda estabilidad
es producto del esfuerzo de hombres y máquinas, siempre enfrentando un desafío proporcional a sus fuerzas. Si tuviésemos más capacidad para ofrecer ‘estabilidad’ tendríamos un mejoramiento a
nivel social—gente más educada, gentilidad, etcétera—, de lo contrario, pues, un colapso. Sin embargo, aquí es importante notar algo: toda estabilidad es un equilibrio y éste siempre es pasajero.
La capacidad de mantener el equilibrio de una sociedad está directamente relacionada con la habilidad de maniobra que ésta tenga. O sea: una sociedad flexible podrá adaptarse más fácilmente a los
que cambios que deberá enfrentar obligatoriamente, ya que todo está en un permanente estado de movimiento: la estabilidad no existe sin esfuerzo, la estabilidad misma significa: esfuerzo, poder
presionado sobre x o z elemento para ganar un equilibrio que sólo puede ser momentáneo. Los ejemplos de esto son infinitos, mencionaré uno, y universal, por ilustrar este punto: El Imperio Romano
estuvo en lucha permanente durante toda su existencia, incluso durante el período de la Pax Romana, las fuerzas de Roma y de los múltiples bárbaros que acosaban sus fronteras se encontraron en el
campo de batalla en multitud de ocasiones. Los romanos debieron probar su fuerza una y otra vez. También es falso pensar que el colapso significa el fin de todo, y ahí también
es útil hablar del Imperio Romano, ya que su caída fue el mayor colapso que el mundo occidental haya visto, cuando cayó, se perdieron las posibilidades de reproducción de infinidad de
conocimientos: murieron campesinos, con conocimiento de la tierra y los cultivos; murieron arquitectos, con conocimiento de la construcción y los materiales; soldados, con conocimiento del orden
militar y las técnicas de guerra; gobernantes, con conocimiento de la administración y la ley;
finalmente, por mencionar algo más, se perdieron ingentes cantidades de dinero que podrían haber financiado la inversión
en alguna actividad productiva. Este golpe, para la sociedad occidental, fue tan duro que tardaría unos mil años en recuperarse. Sin embargo, a pesar de ser el golpe más brutal que sufrió
Occidente, tampoco fue el final de todo, en primer lugar: sobrevivió muchísima gente; segundo, los bárbaros que destruyeron y arrasaron con todo, trajeron, a su vez, nuevos conocimientos (diseño
de armamento, estilo de batalla), su manera de organizarse (caudillismo); en lugares limitados y específicos sobrevivieron los conocimientos de otros tiempos (Irlanda, por ejemplo); y tampoco se
derrumbó, por mencionar algo, el Imperio Romano de Oriente. O sea: siempre queda algo, de conocimiento, de personas, de cultura o lo que fuere. Y eso que, para ejemplificar, hemos tomado el mayor
golpe sufrido, o sea el momento extremo en lo que nos va de historia… aunque todo parece indicar que se viene uno más fuertecito que éste.
Otro problema en la percepción de orden que se tiene
hoy en día es la estabilidad propia de Occidente, que sigue siendo el centro del mundo hasta nuestros días, baste
mencionar que la economía de la Unión Europea es la más grande del mundo, y si a eso añadimos a los EE.UU., Nueva Zelanda y
Australia, entre otros ‘pedazos’ de occidente fuera de Europa, pues, tenemos, de lejos, el mayor poder económico/militar/cultural del planeta. Esta solidez aparente ha llevado a que un par de
generaciones vean en el mundo que les rodea una estructura inherentemente estable, cuando nunca es así. Los colapsos acontecen todo el tiempo y muchos sucedieron de manera reciente: hace unos 64
años, aconteció el colapso del Imperio Británico, que se deshizo de la mayor parte de sus colonias entre 1948 y mediados de los años 50’s (el colapso del Imperio Francés tomará unos añitos más, y
con sangre); hace tan sólo 23 años, el colapso de la llamada Europa oriental; hace 22, el colapso de la Unión Soviética—que es también el inicio de la caída de la ex–Yugoslavia. Entonces, apenas
han pasado 23 años desde el último y brutal colapso acontecido en Europa, y ni siquiera estoy hablando de la desaparición de ‘Checoslovaquia’, recordando una pequeña caída acontecida en años más
recientes. La última guerra en suelo europeo se dio en 1999, cuando la OTAN, nada menos, bombardeó a la Yugoslavia de Milosevic. Fuera de Europa, los colapsos son cosa de todos los días. Los más
publicitados colapsos son muy recientes: Libia (2011), Túnez (2011), Egipto (2011), y este año tampoco ha cambiado: Siria, en proceso de colapsar; Mali, en proceso de colapsar, o ya colapsó
(escribí esto hace una semana y, en este momento, ya son dos países). En Latinoamérica tenemos un verdadero mar de problemas, la criminalidad en México y Centroamérica, junto a una Argentina que
se maneja con las patas… y un Brasil que parece haber olvidado todas las lecciones que debió haber aprendido. A muchos otros, mejor no mencionar.
¿Y qué hay de Grecia?, ¿España?, ¿Italia? Las democracias tienen mayor capacidad—al menos, la han demostrado hasta
hoy—para adaptarse a los cambios problemáticos. En Grecia, por ejemplo, estalló la crisis el 2008-2009, la gente salió a las calles, hubo tremendos disturbios, y vino un obligatorio cambio de
gobierno. Ir, votar, nuevo gobierno y listo. En vez de guerra civil, en vez de desastres y colapsos brutales, cambios políticos. Pero, las democracias enfrentan exactamente el mismo problema que
cualquier tipo de gobierno, deben lidiar con los problemas que se les vengan. Hoy por hoy, el gran problema de este momento es la crisis económica, hasta ahora, ningún país ha sido capaz de
lidiar con ella de manera efectiva; sin embargo, la realidad, más la experiencia probada en casos similares; aunque nunca con semejantes volúmenes, me hace pensar que las democracias saldrán
airosas ante el desafío, a pesar de que parecieran no darse todavía cuenta de la dimensión del problema. Igual, éste no es el gran reto, el reto mayor tiene que ver con nuestro número y nuestra
estructura económica: población, huella ecológica descomunal.
Claro que podemos cambiar, obvio que podemos
intentar mejorar, es más, no tenemos opción, eso es lo que debemos hacer. Valga plantear el reto y señalar una amenaza, diría que
todo lo que sé y he visto por los pasados, pues, treinta y seis años, me impiden ser optimista, yo diría que antes de
25 años todo lo que nos rodea va a colapsar de una forma u otra, los países más desarrollados se destruirán entre ellos y eso será suficiente para cargarse al resto. En una: en 25 años, la
población humana se reducirá en un 50% a 60%, unos tres mil millones de seres humanos van a perecer… fácil. Ésa es la amenaza: dolor y muerte, mucha muerte, cadáveres humanos como nunca ha visto
el planeta. El reto es evitar eso, todavía tenemos algo de tiempo. Si bien los problemas económicos van a estar sobre nosotros dentro de muy poco, nos podremos recuperar de eso; en cambio, de los
otros problemas, si no hacemos algo ahora, si no racionalizamos ahora, como personas, como mercado, pues… ya saben. El colapso social es la regla, no la excepción, todas, TODAS, las sociedades
colapsan. Cada sociedad que ha existido enfrentó el reto de sobrevivir, adaptándose a la cambiante realidad que les rodeaba… los romanos, en todos sus períodos, duraron poco más de dos mil años…
los antiguos egipcios, unos 3500, y nosotros, consumidores-industriales deberíamos poder unas décadas más, nuestro trabajo, por todos los medios posibles, es evitar esto, caramba.
Créditos de las imágenes (fotos extraídas de Wikipedia):
Primera: Oxfam de África oriental, es Dadaab, en Kenya.
Segunda: Biblioteca nacional de París, una ejecución en Verdún.
Tercera: Bundesarchiv, bombardeo de Guernica.
Cuarta: Bo Yaser, edificio en llamas, Joms (Homs), Siria.
Quinta: Apoteosis de la muerte, galería Tretyakov, Moscú. Cuadro de Vasily Veretzchagin.
Si quieren saber un poco más sobre lo que estoy hablando, pueden revisar el siguiente artículo (si está en inglés, lo pueden hacer traducir con google): Los límites del crecimiento y una nota que, justo, trae a colación que estos modelos siguen vigentes: MIT predice un colapso económico en 2030. O este magnífico resumen que apareció en Business Insider: Se viene un desastre de proporciones bíblicas de Jeremy Grantham. Y recuerden que esto no son chácharas apocalípticas, te están planteando un problema y te piden una respuesta. Eso.
He aquí la nota que anuncié, sin los ejemplos históricos, que ya habrá tiempo pa' eso. Sigo buscando temas más halagüeños; pero... creo que aquí prefiero sacar los problemas... ya vendré con una serie de nota puro buena onda... yo también busco divertirme como puedo, ah, y feisbuk ahora tiene 'angry birds' gratis. Nos vemos.
Todos conocemos alguna
aventura de los personajes de Edgar Rice Burroughs, su obra está en el cine, en la televisión, en la historieta, y es, hasta nuestros días, muy popular, habría que vivir aislado de la sociedad
humana para no haberla visto. En el fondo, me refiero a ‘Tarzan’, que ha sido adaptado/readaptado a todos los medios posibles, y podríamos incluir aquí a ‘El mundo que el tiempo olvidó’, donde un
grupo de exploradores encuentra un territorio donde los dinosaurios todavía existen, que ha inspirado una legión de obras similares. Burroughs logró ingresar en el inconsciente colectivo, y eso
que sólo una pequeña porción de sus obras alcanzó la máxima popularidad. Por lo tanto, guionistas de todo tipo han estado escarbando en las páginas de Edgar Rice para encontrar, si no un Tarzan,
un personaje que les permita ganar algunos pesitos, de ahí que Walt Disney se decidiera a apostar en grande por John Carter, en la película homónima, quien es el protagonista de la novela ‘Una
princesa de Marte’ y la serie Barsoom.
supuestamente para no afectar el consumo de sus
bienes en otros países. Lo que en verdad han hecho, claro debería estar, es empobrecer a todo su país. Esta fórmula, la de reducir el precio de tu dinero para aumentar tus exportaciones, es una
idea equivocada que los japoneses importaron de Europa, y un descomunal error. Si los japoneses desean permanecer competitivos no tienen otra que reducir el precio de sus salarios, y cualquier
otro aspecto que puedan mejorar, en vez de empobrecer a todo un país. Japón debe enfrentar la realidad: SU DINERO DEBE VALORARSE.
Zimbabue. No nos importa si es 1000 o 100, e incluso 1 000 000, lo que nos importa es qué se puede comprar con ese dinero. Si los japoneses temen que el incremento del valor de su moneda les
pueda quitar competitividad, pues, la fácil solución es reducir sus salarios en proporción al incremento del poder adquisitivo de su moneda. Esta solución, claro debería estar, no es perfecta;
pero, las consecuencias serían muchísimo más positivas que el gran error y crimen que ya han aplicado por más de dos décadas, y que ha dado tan terribles resultados.
riqueza cuantificable del país: el valor de los
terrenos, de los edificios, de las casas. Entonces, si bien el PIB es de unos 3 billones de US$, este número puede, fácilmente, multiplicarse por 50 o más. Todos los demás países no pueden hacer
esto ya que en verdad han gastado más dinero del que tiene la gente, no es sólo que sus países, sus gobiernos, estén endeudados, es que sus industrias, sus ciudadanos, también lo están. En
cambio, en Japón, no existe este problema. La gente tiene dinero porque no acostumbra gastarlo, el problema es la burocracia estatal que lo ha desperdiciado en ingentes cantidades. El conteo
monetario M3, o M-lo-que-sea, de Japón ¡es único! Son los únicos que, teniendo la oportunidad de hacerlo, no se endeudan hasta el cuello para comprar cosas. Entonces, resumiendo, Japón tiene un
problema que es la deuda de su gobierno; pero su gente tiene la riqueza necesaria para pagar esa deuda.
paguemos-la-deuda, los dibujantes de manga podrían
dibujar cuadros únicos que se venderían al mayor postor, los fabricantes de autos podrían donar uno de sus vehículos y vender rifas para ver quién se lo gana—siempre buscando el beneficio,
siempre buscando que el esfuerzo dé un resultado fructuoso, ya que esa ganancia, ese beneficio, es el que ayudará a pagar la deuda (si vender un auto y regalar ese dinero al estado, en vez de
hacer unas rifas, es lo que sale más beneficioso, pues es eso es lo que se debería hacer). ¿Qué te sobra en casa?, ¿qué podrías regalar para que se haga una rifa en el vecindario, en el colegio,
en el trabajo? Eso. Bien organizado, de tal manera que la gente no se canse de dar dinero, pues, debería ser un éxito. Una vez que los políticos vean que la gente tiene la voluntad de pagar la
deuda, pues, ganarían popularidad los que tienen la voluntad de hacer los recortes y buscar la eficiencia necesarios para afrontar este problema.
gente, pero es algo que están obligados a hacer. La gente, a la que se prometieron mejores días, se encontrará con que no podrán encontrarse con esa promesa, y no van a estar
nada contentos de eso sea así. Introducir: respeto a los derechos humanos, transparencia en la administración, castigo para los corruptos, aumentar la libertad de expresión, elecciones
democráticas siquiera a ciertos niveles y marcando bien las reglas del juego, ayudarían mucho a la dirección política china. La crisis en EE.UU., el fracaso visible de esta democracia, ayudará a
que la gente china adquiera la noción de que ahora son la mayor potencia económica y, por lo tanto, militar del planeta. Este consuelo en su orgullo, a falta de otras cosas, ayudará en
algo.
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