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14 mai 2007 1 14 /05 /mai /2007 23:26
Sería posible estructurar esta entrada de una manera que me impida abordar el tema que deseo tocar. Podría hablar de la relación que el ser humano parece tener con la narrativa. Podría hablar de la construcción de las religiones, podría hablar de nuestra noción de las cosas, y de muchas cosas más, y hablar de todo eso me alejaría del tema que deseo tocar hoy, pero, a la vez, este tema, tiene relación con todo lo mencionado.
 

KarloffFrankenstein01.jpg La primera novela reconocida oficialmente como ciencia ficción es ‘Frankenstein” de Mary Shelley. Escrita en 1818, la novela es resultado de un concurso entre los Shelley, Lord Byron y otros invitados, el reto era escribir una buena historia de terror. Mary ganó. Lo interesante es ver qué le daba miedo, ya que su obra logró tocar una vena muy humana y universal, lo prueba la longevidad de su ficción, adaptada hasta el hartazgo en todas partes, incluyendo algunas muy diferentes donde el monstruo de Frankenstein es una criatura buena, viva hasta nuestros días. A diferencia de ‘El golem’, otra novela donde una creación humana se vuelve contra sus creadores, ‘Frankenstein’ es sólo posible por la corrupción de la ciencia, el monstruo es resultado del ejercicio racional de la capacidad humana para la creación. Así nace el monstruo de Frankenstein, un ser humano incompleto, inferior y superior a la vez, que ama/odia a su creador. Después de una serie de desventuras, ambos, creado y creador, mueren. La historia ya es prácticamente una leyenda en nuestros días, conocida por todos; aunque no todos la han leído, el mayor mérito de una obra—digo yo.

 

Un cómodo mundo donde el dios único de la tradición hebrea (¿Zoroaster?, ¿Ajenatón?) fue pasada a occidente por el movimiento cristiano, se había derrumbado ya hace buen tiempo. La obra de Newton ya tenía más de un siglo, y a pesar de algunos tropiezos, y mala epistemología, la llamada edad de la razón goza de buena salud. Descartes había muerto en 1650, nos legó su obra, sus ideas, y el ‘pienso luego existo’. Paleontólogos, Físicos, Filósofos, Geólogos, cada uno a su manera cuestionarían los fundamentos que la religión--sin ninguna mala intención--había sostenido durante mucho tiempo. Ya durante la revolución francesa (1789), el populacho atacó iglesias y se decomisaron sus tierras. Si uno tenía una pregunta ya no era necesario acudir donde los curas, ahora se podía leer libros, y estos eran impresos desde alrededor de 1450, gracias a Guttenberg. Se había descubierto la electricidad, y se jugaba con ella. Etc., etc.. La ficción, la narrativa hija de este proceso fue lo que posteriormente se llamaría ciencia ficción, y al igual que varias ideas, pues tardó en llegar. Pero para el siglo XIX con Julio Verne (1828 – 1905) y H. G. Wells (1866 – 1846), la ciencia ficción había llegado a su madurez, coincidiendo, y no casualmente, con la revolución industrial y el mayor estallido de creatividad humana en la historia war-of-the-worlds-20050722055101768.jpg(hasta nuestros días). Las obras de Verne y Wells nos entretienen con creaciones como el submarino, una ojiva para llegar a la luna, máquinas voladoras, o la máquina del tiempo (artilugio absurdo, y uno de los ejemplos de que la ciencia ficción tiene mucho más que ver con ficción que ciencia. No es un defecto, pero se debe señalar). Si Shelley, a través de ‘Frankenstein’, se preguntaba respecto a la creación de la vida, Verne parecía fascinado por todo y Welles se respondía preguntas respecto al porvenir y, al igual que los otros, los problemas que nos podrían traer nuestras creaciones. Básicamente, hasta cierto punto, la ciencia ficción era un retrato de las fascinaciones populares con la ciencia, la creación humana, y nos podías mostrar lo mal que se popularizaban algunas ideas científicas (‘La máquina del tiempo’ no sólo nos muestra una noción equivocada del tiempo, también ilustra una equivocadísima representación de la evolución), además de reflejar nuestros correspondientes temores.

 

Es que se puede decir que hay un malestar intrínseco en la ciencia, que no es del agrado de cierto tipo de personas. La ciencia es/era preguntas, no siempre respuestas. Imaginen lo que es que alguien venga y te diga que tu tatatatatarabuelo era un simio, cuando tú, antes, te creías una criatura semi divina creada por un dios todopoderoso. En cambio la religión es sólo respuestas, prefieren evitarse las preguntas. Y antes de mencionar algo más, no debo olvidar los muchos cambios sociales que la destrucción de una monarquía divinizada implicaban. Antes, en Inglaterra, por ejemplo, un país que tiene hasta el día de hoy una reina, pues tenía una clase social noble, hoy en día reducida a su mínima expresión. La democracia, la destrucción de la monarquía divina, también significó la caída de la nobleza, no sólo la importante, también todos los grados menores. (Este proceso se encuentra ilustrado en montones de libros, ‘El Gatopardo’ (o ‘El leopardo’), es uno de ellos) Así que también había un desbarajuste social en toda Europa.

 

Entonces, simplificando, por un lado tenemos la ciencia, que cuestiona los fundamentos de las creencias populares y las estructuras sociales, a la vez que genera muchos artilugios y maquinaria que ‘mejora’, o siquiera cambia, nuestras vidas. También nos da un sinfín de preguntas, y preguntas y más preguntas. Por el otro tenemos a la religión que se diluye, que desaparece, hecha de respuestas. Y, finalmente, tenemos a la narrativa, creadora de mundos. Esto ya debería darles una idea de a dónde vamos con esta entrada.

 

Bueno, llegado el siglo XX tenemos muchos problemas, los europeos están con ganas de matarse, ya que la competencia imperial franco-germano-ruso-británica está que arde. Y un joven en Nueva Inglaterra tiene sus propios problemas (¿Será nuestro conformismo el siempre buscar UNA persona donde comienza todo? Mmm, no sé. Creo que es el proceso de nuestra sociedad, siempre es UNA persona.), su nombre: Howard Phillips Lovecraft (1890 – 1937). Niño prodigio recitaba poesía a los dos años y la escribía a los seis. Hijo de una extraña pareja, con su padre muerto enloquecido por la sífilis, el niño tuvo que crecer entre mujeres, la mamá y sus tías. De familia acomodada, Howard sufrió un repentino cambio de nivel social, 1904, tras el fallecimiento del abuelo, los Lovecraft debieron abandonar la gran y bonita casa por alojamientos mucho más humildes. Enfermizo, débil de cuerpo y extraño de mente, Howard no tomo bien el cambio, ya de adulto él recuerda este tiempo como muy deprimente. Curioso perdido, fascinado por la química, la astronomía, el joven Lovecraft comprendía mejor que muchos el lugar que ocupaba la humanidad en el universo. Como fruto de las preguntabas que rondaban en su particular cabecita, desde un momento muy temprano y siguiendo los pasos de Edgar Allan Poe, Lord Dunsany, Arthur Machen y otros, comenzó a crear sus propias historias. Escribió siempre, desde niño, hasta su muerte. Su obra poética es un tercio de su trabajo, los otros dos serían sus cuentos y novelas, y sus ensayos. Un pensador cuyo trabajo vale consultar; aunque sólo sea para comprobar la permanencia de ciertas preguntas dentro de la psique humana, Lovecraft es mucho más conocido por su obra narrativa, de terror y de lo fantástico.

 

Si bien la obra narrativa de Lovecraft toca muchos temas y muchos aspectos de esos temas. Por ejemplo, el tema Frankstein, la creación de la vida, también presente en Wells en su muy famosa ‘La isla del Dr. Moreau’, está presente en ‘Herbert West Reanimador’, y la prolongación antinatural de la existencia se trata en muchas ocasiones, incluido el famoso ‘El extraño caso de Charles Ward’. Pero sólo hablaré de tres aspectos, todos muy importantes dentro de su narrativa: el tiempo, el espacio y los alienígenas. Lovecraft, parecía auth-Lovecraft-23060310.jpgcontemplar con fascinación la vasta magnitud de las eras geológicas, el planeta Tierra, por ejemplo, tiene más de cuatro mil millones de años de antigüedad. Tenemos la edad de los dinosaurios, los peces acorazados, etc. La historia humana, con unos 6 mil años, se ve ridícula en comparación. ¿Qué más había antes de los seres humanos? Para responder a esta pregunta, Howard podía hacer uso de un cuándo muy extenso. Y ¿qué había antes de eso?, ¿y antes? Lovecraft decidió poblar esas inconmensurables distancias temporales y espaciales con culturas extraterrestres y extraños seres de los abismos. Hasta el día de hoy, su visión de seres ajenos al ser humano es muy original. Hace mucho, mucho tiempo atrás unas extrañas criaturas habitaban la Tierra, que antes había pertenecido a otras criaturas, y muy, muy lejos, se encuentran otros extraños seres. Lovecraft escribió sobre estas criaturas y culturas en un ambiente realista, como si fuesen verdaderos y la ciencia los descubría, es por eso que su obra está clasificada como ciencia ficción y no fantasía. Howard murió en 1937, nunca muy famoso en vida, su obra generó muchos adeptos entre los seguidores del género de terror y ciencia ficción, su aporte a la cultura popular ya estaba hecho. De nada servirá aclarar que Lovecraft fue casi durante toda su vida un racionalista convencido y escéptico.

 

Un círculo de amigos, entre los que se encontraban August Derleth y Clark Ashton Smith, se ocupo de preservar su obra, la que fue poco a poco redescubierta por el gran público, pero nunca murió entre los muchos seguidores del género. Hablar de su influencia tomaría mucho tiempo, valga decir que todos los escritores de ciencia ficción probablemente lo conocían y no pocos se prestaron de sus temas, concepciones y estilo. Muchos, muchos, y uno de ellos fue John W. Campbell, uno de los principales propulsores de la ciencia ficción estadounidense, principalmente debido a su trabajo como editor de la revista Astounding. Pero él también escribió muchas historias, una de las que tendría más repercusiones fue la muy interesante ‘¿Quién vive?’, en la que un grupo de investigadores en el Ártico descubre una nave llegada del espacio exterior, que se chocó hace mucho, mucho tiempo, y que contiene un extraterrestre cambia formas poco amigable, todavía vivo; aunque los descubridores todavía no lo sepan. La historia se prestaba con libertad de ‘En las montañas de la locura’ de Lovecraft, pero es también un trabajo original y válido por sí mismo. Fue publicado en 1938, el mismo año en que Orson Welles hiciera su tan publicitada adaptación radiofónica de ‘La guerra de los mundos’ (1898) de H. G. Wells. Para entonces, la ciencia ficción ya había popularizado la idea de visitantes del espacio, interferencias con nuestra cultura, y otras cosas.

 

Para 1947, cuando se realizó el primer avistamiento oficial, en los Estados Unidos, de un platillo volador, los extraterrestres ya eran famosos en la cultura popular (incidente de Kenneth Arnold, Junio 24). Y el asunto no quedaría ahí, la adaptación de ‘¿Quién vive?’ por nada menos que Howard Hawks, y Christian Nyby, en 1951, y su éxito, garantizaron una serie de adaptaciones y filmes destinados para el divertimento de la población en general. De manera paralela, el fenómeno OVNI, en su mayoría restringido a los Estados Unidos, ya que era en su cultura popular donde se habían hecho famosos los alienígenas, se extendió como una plaga. Pero tomaría la fuerza de un Suizo para que los alienígenas den el próximo paso. En 1968, Erick Von Däniken publicó su muy famoso ‘¿Carrozas de los dioses?’, donde, entre otras cosas, teoriza el origen extraterrestre de la humanidad, y habla de la Biblia como un texto donde se puede encontrar referencias a los seres celestiales, o sea: ‘divinos’. Esta fue la gota que colmó el vaso, a partir de este momento, y dada la popularidad de este texto, la ciencia ficción (ah, y UFO.jpgleer a Däniken en sus adaptaciones a la historieta, es muy entretenido) había dado la vuelta, de una narración originada por el escepticismo científico, había pasado a generar religiones. Desde el libro de Däniken, las influencias de la ciencia ficción—y la aproximación de demasiadas personas a lo que sólo son Fenómenos Atmosféricos No Clasificados (Fanoc) como ángeles de la Nueva Era—se hicieron patentes en todas las nuevas religiones y generaron, a su vez, siquiera un par. El mediocre autor de ciencia ficción, Ron L. Hubbard, fue fundador de la ‘Cienciología’, o la ‘Iglesia de la Cienciología’, y lo hizo con historias del género, una de las cuales fue adaptada al cine, la historia es sumamente mediocre y se llama ‘Battlefield Earth’. La cienciología sigue siendo una de las más populares religiones inspiradas, creadas y popularizadas, por y con narrativa de ciencia ficción. Pero esa es sólo una de las religiones de la ciencia ficción, menos famosos pero igual de raros son: Los Raelianos, fundado por Claude Vorilhon; y la infame ‘Puerta celestial’ de Marshall Applewhite. Pero eso no es todo, la ciencia ficción también ha influido directamente en movimientos como Aum-Shinrikyo, liderados por el loco Shoko Asajara. Y estos son sólo los famosos, hay centenares de pinches grupitos de loquitos que se tomaron muy en serio ciertos cuentos, y también se debería mencionar el fanatismo de los seguidores de ciertas franquicias y series de televisión, como ‘Viaje a las estrellas’ o ‘La guerra de las galaxias’. (En cuanto a la importancia de Lovecraft en todo esto, un periodista, Jason Colavito, ha realizado un exhaustivo trabajo de investigación en su libro: ‘Los cultos de dioses alienígenas: H. P. Lovecraft y la cultura extraterrestre’, por el momento sólo disponible en inglés, parece ser).

 

Francis Ford Coppola, uno de los grandes amigos de George Lucas, le dijo alguna vez, que debería convertir a su franquicia en una religión, George sólo comenta el hecho divertido. La narrativa siempre ha revelado nuestros temores, nuestras preocupaciones, nuestras preguntas, pero también está directamente ligada con nuestra manera más básica de explicarnos el orden de las cosas. Si bien los autores son siempre individuos, las narraciones sólo tienen algún impacto si son consumidas por el público. Esta entrada debería darles suficiente madera para quemar a todos aquellos que quieren hacer una pequeña tertulia sobre la unión de la narrativa con las creencias religiosas. De ser narraciones, a ser respuestas, es una historia muy conocida en la historia humana, a quién se le iba ocurrir pensar que podía pasar otra vez. (este artículo debí subirlo el domingo, pero hubo problemas con la conexión. Por lo general yo prefiero actualizar mi bitácora los fines de semana. Gracias por su comprensión.) All photo and graphic copyrights belong to their respective owners, used only for non commercial purposes.

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Published by Rodrigo Antezana Patton - dans mimeme
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commentaires

RESPETO 18/05/2007 22:28

Rodrigo:me parece una veguenza que sigas escribiendo. nazi mal parido.

Rodrigo Antezana Patton 20/05/2007 02:12

Buscando restringir mi libertad de expresión? Y, a veces me da vergüenza, pero la supero.

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