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30 avril 2008 3 30 /04 /avril /2008 01:35
(Esteee... es medio reciclaje, ya que salió publicado en Los Tiempos, pero me parece que está bonito, y estoy algo ocupadillo con el 'capítulo' del libro colectivo, así que, pues, les dejo esta nota, espero les guste)

Al escribir su libro sobre la batalla de Mogadiscio (Somalia), Mark Bowden encontró que, al relatar sus experiencias en el combate, los soldados utilizaban con mucha frecuencia la frase ‘como en una película’. Aparentemente, la mejor comparación para ellos, de explosiones, tiroteos, ataques de helicopteros, la presencia del enemigo en cada esquina, etc., era haciendo una referencia a las fantasías de Hollywood. El libro de Bowden, ‘La caída del Halcón Negro’, se convertiría así mismo en una película, pocos años más tarde. La batalla que acontenció en 1993 se estrenó en la pantalla grande el 2002. De la realidad a la ficción. Lo interesante del asunto es que los soldados recordaban su propia experiencia haciendo referencia a la ficción cinematográfica. Pantallas, pantallas.

Allá por los años… mmm, no recuerdo cuándo, un director filmaba una escena, la imagen resultante quedaba muy estática. Director y fotógrafo se reunieron para ver cómo podían agilizar el momento. Experimentaron haciendo uso de una imagen más suelta, como si alguien estuviese mirando. La imagen en la pantalla, más errática, buscaba imitar la realidad del punto de vista. El resultado fue atractivo, más real. Debemos recordar que antes de las cámaras digitales (80’s) todos los noticieros se hacían con cámaras filmadoras de 16 mm, las imágenes, por fuerza de limitaciones técnicas, eran más estáticas que las actuales, a menos que sucediese un problema, y el camarógrafo debiera correr, moverse, la imagen se movía, perdía el enfoque. Se veía mal, y emocionante. Muchos filmes buscaron imitar esa agilidad de ‘noticiero en apuros’. Con CNN reportando cualquier conflicto desde los 80’s, con visiones de batallas y bombardeos en las pantallas de televisión, no como películas, sino como noticias, la brutalidad de la realidad llegaba a nosotros con la fuerza de la fantasía—la realidad, no lo olviden, no puede ser editada, ni retransmitida.

‘Parecía una noticia de CNN’, supongo que pronto será una frase acostumbrada, o tal vez nunca lo sea, ya que suena mucho más interesante el decir ‘como en una película’. Sin embargo, directores y cinematógrafos no podían evitar ser inspirados, a veces, por la dinámica de los programas de televisión, recuerden que todos ellos, en mayor o menor medida, habían crecido viéndola desde 1950 y pico; bastante más tarde en nuestro país. Además, a partir de la popularización de las filmadoras caseras, otro tipo de ‘realidad’, mal editada, difusa, errática, se había convertido en parte del lenguaje visual de toda una generación (¿se acuerdan de Robocop?, ¿1987?, ¿la vieron? Cuando Robocop ingresa en su casa, y recuerda su anterior vida como una película casera, ¿recuerdan?, ¿no? ¡qué fetos!). En mi memoria, “El proyecto de la Bruja Blair” es la primera película que se arriesga a filmar toda una película haciendo uso de la estética ‘película casera’. El resultado es llamativo, y no sólo eso, se invirtió un centavo y se ganaron millones de dólares—antes de su devaluación actual. Millones y millones, un guión tan sencillo, una producción tan pequeña.

No sé qué provocó el cambio en la televisión, ¿los guiones flojos?, ¿inversores tacaños?, ¿la audiencia de los noticieros?, ¿que ya no había lugar para otro CSI?, lo que sí, a alguien se le ocurrió, a principios de la década, que lo que necesitaba la televisión era un poco de realidad. Los llamados ‘espectáculos de realidad’ requerían en promedio una inversión menor que las series, y al público le encantaba ver la humillación en público de alguien en la pantalla chica. Después del éxito inicial de algunos programas de ‘realidad’, muy pronto se abrieron la billeteras para producciones más ambiciosas, los premios de ‘Sobreviviente’ o ‘El gran hermano’ eran de siquiera un millón dólares. Por semejante cantidad cualquiera hace el ridículo, y a la familia Ousbourne les pagaron mucho, mucho más. Muy pronto hubo espectáculos de realidad de prácticamente cualquier cosa, lo único que falta es la ‘realidad’ del hombre que ve televisión, todo lo demás ya hay. Que la vida de fulanito, que citas a ciegas—y de cinco en cinco brutos, sobreviviendo, bailando, cantando y un sinfín de tonterías más. En el cine ya se había estrenado una muy buena; aunque muy inverosímil, producción de un hombre al que le filmaban toda su vida y él sólo buscaba la realidad, “El Show de Truman” (1998), nada como el cine para invitarnos a la realidad.

El éxito de los ‘espectáculos de realidad’, en su mayoría patéticos, demostraba que ver otra gente es entretenido. Nunca he visto personajes más estúpidos que muchos de los participantes de estos programas, los hay tontos, los clichés andantes, arrogancia injustificada, cochinos, ignorantes, y también hay lo otro, el ingenio, la sorpresa, la calidez, gentileza; aunque menos. Los ‘espectáculos de realidad’ triunfaban, y triunfan, porque siempre son nuevos, sin importar que sean la misma patraña de siempre. Las series hay que pensarlas, la idea que funciona es la buena idea, y a veces la buena idea se repite, una y otra vez. Recuerdo que un hombre se refirió al ataque a las Torres Gemelas (11/09/2001) utilizando la misma imagen que yo había pensando, que de tratarse de un guión nadie lo habría aceptado, por increíble, por absurdo. La realidad sí lo aceptaba, y nos dio a todos las imágenes más increíbles que se hayan visto en un televisor. ¿Alguien lo podía creer?

Como en una película, como en un noticiero, como en un ‘realidad’. Unos ven a otros, las noticias a la ficción, la ficción a las noticias, y nosotros a ambos. “Monstruo” es una muy buena película, no por su guión, ni por su gran dramatismo; muy flojo en siquiera una ocasión. El filme tiene su fuerte en su narración, es personal, posee la cercanía de los ‘espectáculos de realidad’, su naturalidad, su ambiente pedestre, sin héroes, un conjunto de tipos y qué más da.

Sin superpoderes, sin supermáquinas. Y también es ‘como una película’, con las explosiones, los monstruos, con toda la espectacularidad que podría esperarse de Hollywood, o de una fantasía extraterrestre de Osama Ben Laden.

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Published by Rodrigo Antezana Patton - dans Historias
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