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3 juillet 2008 4 03 /07 /juillet /2008 05:10
Pucha, creo que ya deben estar acostumbrados a que no cumpla con las fechas, ¿no? Perdón. Esta nota medio que está… mmm, está mmm, pero la leí de nuevo y creo que va, está sincera y da un par de ideas.

Estimado público, me encuentro con un montón de temas que desearía tocar, incluyendo uno: La vorágine, que será mi tesis sobre la sociedad y el arte… el problema es que ese texto tomaría mucho tiempo escribir, así que debo limitarme a cortos, y no tan cortos, artículos más acordes en tamaño con el formato de una bitácora. Entonces, de qué puedo escribir que sea sincero y sentido, antes, pensaba escribir un artículo sobre el tema, pero un amigo, Javier, me envío este artículo, dice tan bien lo que a mí me habría gustado decir que, para que escribir uno nuevo, mejor compartir el ya escrito, lastimosamente sólo encontré una regular traducción: ‘En la tierra de los Marxistas Rococo’ de Tom Wolfe, está en la red, si pueden leer en inglés búsquenlo en el idioma original. Tenía que compartirlo, por mi lado, les ofrezco la siguiente nota:

            Tanto me quejo del mundo contemporáneo, a nivel de ideas, de arte y otros detalles, que, pues, debería tener argumentos para esas quejas, ¿no? Hace tan sólo un par de semanas escribí un artículo donde se defendía nada menos que a las películas estúpidas, y una de las mencionadas es “Dumb and Dumber”, que si bien fue defendida por más de un crítico, recuerdo que la revista Time dijo “Dumb and Dumber scores high with low, low comedy” (“Tonto y retonto” llega alto con comedia muy, muy baja), está lejos de ser una película aceptable para la mayoría de ellos. Entonces, eso respalda cualquier conclusión, de que este mundo de cultura masiva, cultura para masas, no es mi problema, ¿no? “Dumb and Dumber” no es sólo masivo, es—se podría decir—una mala película para masas, obviamente para mi no es mala, el guión es coherente, los personajes están bien construidos, y los problemas son resueltos siguiendo las reglas del juego. Pero el punto que quiero hacer es: ¡mi problema no es la cultura para masas! La cultura para masas es probablemente la única cultura válida, el único punto donde se genera una regular a mediocre ‘belleza’.

            El punto donde la mediocridad de nuestro mundo explota es la arquitectura—que prácticamente no existe, hoy en día todo es ingeniería o tontería—y el arte moderno. Todo el arte moderno (pintura, escultura, y sus derivados) es una gran pila de bosta, bueno, casi todo. Hay mucho, recuerden, y a la vez que es una gran pila de bosta, también es interesante, ¿cómo es eso posible? Pues, por su diversidad, es descomunal, pero, en esencia es basura, en verdad es basura y eso debería ser muy triste para todos nosotros. Somos una sociedad que para mostrarse sólo tiene basura, y utilizo esta palabra debido a que en esta bitácora tenemos respeto por la sensibilidad del público. ¿Se imaginan si en el futuro alguien desentierra un museo de arte contemporáneo? ¿No les daría vergüenza que se descubran esas instalaciones, esas esculturas, esos cuadros? A mí me daría mucha vergüenza, por suerte tengo la esperanza de que alguien también desentierre algún texto mío fechado, o el servidor donde se encuentra este artículo y pueda leer mi firme protesta: la cultura artística contemporánea es una descomunal basura, a pesar de que sea interesante, en montón, y a pesar del talento comprobado de un reducidísimo puñado de artesanos.

            Hasta el momento, puro adjetivos, casi, en el fondo sólo digo que es malo, como si voz valiera algo, debido a que es un juicio estético, y éste es caprichoso, pues, mi observación no tiene mucho valor, mucho menos un valor científico—aaaah, y yo he desarrollado, pensé, una teoría de la estética, una serie de parámetros para medir la belleza, pensé, pensé que era mía, resultó que no, es vieja, tan vieja como el helenismo—lo que yo diga tiene el mismo valor que lo que diga cualquier otra persona, independiente de su preparación, de su conocimiento, de cualquier muestra que esa persona dé o no dé de su capacidad para opinar, mi opinión vale lo mismo. Qué tontería. ‘Qué tontería’ dicha no con enojo, sino con un dejo de melancolía, así son las cosas, estoy casi acostumbrado, mi opinión de las cosas hacen que yo sea—ante mis propios ojos—alguien especial, pero a veces lamento que éste sea el estado de la cultura, de la estética, etcétera, ¿acaso en un mundo mejor tal vez yo no tendría nada que ofrecer? Es que yo quisiera estar en ese mundo mejor, que no tiene nada que ver con las modernas sociedades industriales, si así fuese yo habría emigrado, o siquiera habría hecho planes para emigrar. El actual gobierno de nuestro descomunalmente inepto presidente me hace pensar en buscar un pasaporte y una visa, mas esto se debe al temor a que su estupidez se contagie de tiranía, fuera de esto, yo no he hecho ningún plan de fuga al exterior, soy casi la excepción a la regla.

            Imaginemos, sin embargo, que acabo en los Estados Unidos, Dinamarca o Japón, igual. Me estaría quejando de lo hecho, de lo dicho, de lo proyectado, de lo que se dice, de lo que se hace, condenaría ese aspecto tan esencial a nuestras vidas, la cultura. Jayao Miyazaki se quejaba, dicen, mucho de las películas de Disney, cuando firmó un contrato con esta compañía, para la distribución de “El viaje de Chijiro”, su réplica se refirió a que tampoco le gustaban las películas de las otras compañías de Japón. O sea, que el problema de Jayao no era sólo Disney. Yo estaría igual, añadiendo al hecho de que considero casi todos los guiones de Jayao como bastante desordenados, a pesar de la impecable factura de su imagen. Es que estamos mal, muy mal. Estamos enfermos y parece que no nos damos cuenta. Mentira, los lloriqueos están a la orden del día, ojala fuese original en lloriquear, hay llorones en todas partes, lloran por la derecha, lloran por la izquierda, lloran los llamados independientes, lloran los sensibles, y lloran los llorones, todos andan lloriqueando. Gran parte del arte contemporáneo es un lloriqueo, por esto o por aquello. Lamentarse está de moda, el gemido, especialmente el gemido indignado, se ha convertido en lo apropiado, no tener un poco de dolor indignado es como circular por la calle sin pantalón o falda. ¿Es que a vos no te duele nada? ¡Qué sinvergüenza!

            No olviden que no nos lamentamos de lo mismo. ¿La pobreza en el mundo? Para mí, es sólo resultado de la ineptitud, la deshonestidad y la ignorancia, no hay nada que lamentar, sino mucha estupidez que condenar y mucha ignorancia que eliminar. Yo no me lamento. ¿Los problemas ecológicos de hoy en día? Resultado de tecnologías primitivas de producción y conductas derrochadoras, es una fabulosa oportunidad para incentivar el progreso tecnológico y la moderación racional del consumo. Yo no me lamento. ¿Qué más?, ¿por qué tontería suele la gente lloriquear aquí o allá? Baj, abandonemos las tonterías para chiquillos y abordemos el lamento, disque serio, de varios, la inutilidad de la vida, la banalidad de la vida: vivir, reproducirse, morir. Eso es todo. Hay gente que mira esa realidad y se lamenta, lloriquea por eso, gimen como plañideras con horas extra. ¿La banalidad de la vida? Si yo pudiera, buscaría vivir mil años, y mil más, y más, más, mucho más. Hasta respirar es divertido, y lo hago tooodo el tiempo. Yo no me lamento. Entonces, ¿cuál es mi problema?

Hoy en día, mis problemas con el mundo externo, o mis quejas respecto a la realidad externa—por el lado interior, tripas y salud en general, también hay quejas, pero ése es otro asunto—pueden resumirse en una palabra: ruido. El ruido ya me tiene harto. ¿Qué ruido? Ése que produjo frases como ‘nadie tiene la verdad’ o que ‘la verdad depende de cada uno’. Hay muy buenas razones para estas dos frases, y ambas son razones correctas, el problema es que todo se diluye, todo se esparce, y la fuerza de ciertas se puede convertir en basura en otros contextos. La gente parece tomar cualquier moraleja de fábula como regla para cualquier situación. No me extraña que la vulgar masa humana se confunda con este tipo de fenómenos, cometí el error de esperar un poco más de los otros, aquellos que supuestamente están por encima, o siquiera un poco más arriba. “Nunca mientas”, parece una buena recomendación, la mentira puede provocar dolor, y siempre produce confusión, pero qué harías si ocultas a cinco amigos de las fauces de la NKVD y los agentes de Stalin llaman a la puerta, ¿les entregarías? Por supuesto que no, ¿producir más dolor sólo por seguir una regla hecha para reducir el daño y los problemas? No tendría sentido.

Eso de ‘nadie tiene la verdad’ tiene que ver con la validez de varios puntos de vista. Un cubo, seis lados, cinco pintados de verde, uno de azul, de ¿qué color es el cubo? Alguien mira el cubo por el lado verde, dice ‘verde’, uno ve por el lado azul y dice ‘azul’, la gente se ríe, el saca el cubo y les muestra, la gente se da cuenta y reconoce que el cubo tiene un lado azul. Válido. Lo sabemos, sabemos que valen los múltiples puntos de vista. Se genera la libertad de creencias. Ya, vale, que cada quien crea en la superstición de su preferencia. El otro día leo en los foros dentro de facebook, bueno, en primer lugar se pueden leer casi todas las estupideces, y de todo tipo, no recuerdo bien qué decía, pero no se discutía un parecer, sino el reconocer, o no, un hecho, los hechos son hechos, las evaluaciones personales son válidas, ejemplo: el ataque a las Torres Gemelas fue horroroso, válido, evaluación. El ataque a las Torres Gemelas fue positivo; aunque algo monstruoso, también es válido como evaluación. Lo que no se puede discutir es que sucedió, sucedió. Punto. Eso no depende del punto de vista. Eso no depende de si te gustó o no, eso fue y debes aceptarlo.

Ni siquiera pudimos, como especie, comprender esto.

Estamos cuestionando los hechos, estamos relativizando la realidad. Eso es estúpido, ni siquiera es un acto de tolerancia, hay diferencia entre uno y otro, tolerancia: yo tolero que tu opinión sobre el ataque a las Torres Gemelas sea positivo, yo tolero, tolerancia. Si yo tolero que tú creas que el ataque a las Torres Gemelas no sucedió, es permitir la estupidez. También es válido describirlo como tolerar la estupidez. ¿Para qué?, ¿con qué fin?, ¿tolerar la estupidez para qué? No entiendo, ¿cuál es el propósito? ¿Es que hay una sola persona que crea que podemos construir un mundo mejor tolerando la estupidez?, ¿tolerando la relativización de la verdad? Estamos mal, gente, en verdad estamos mal. Por suerte, a pesar de tantas tonterías todavía se impone el rigor siquiera dentro del mundo académico; aunque cada vez éste se encuentre cada vez más debilitado, ya he leído un par de libros escritos por izquierdistas confesos que a mí me permitirían atacar a la izquierda, ya que no cambian los hechos ni modifican la realidad, sólo su evaluación, a mi parecer, es la incorrecta.

¿Se acabará alguna vez tanto ruido considerado válido?, ¿tantas ideas idiotas?, ¿tantas religiones cada cual más loca? Claro, esta época es fascinante, pero ya está casi agotada. Diría que ya hay varias señales que me demuestran la fragilidad de ciertos niveles de nuestra psicología, una de las más tenebrosas es la posible elección de Barack Obama como próximo presidente de los EE.UU.—ah, y que nadie me venga con me opongo a él por racismo, lean mi ‘paper’ al respecto, no tengo el más mínimo problema con su color—ya que el tipo éste ha llegado tan lejos basando su campaña en pompas de jabón, prácticamente no ha hecho una sola oferta concreta; aunque sí ha ofrecido un mejor país, una unión más fuerte, y otro montón de… unicornios rosados. No importa si gana o no gana, el hecho de que tanta gente considere a este encantador de serpientes como un candidato para nada menos que la presidencia de los Estados Unidos me demuestra una debilidad intelectual supina. Se acabó. El tiempo de las relativizaciones llegó a su fin, cuando vale todo, ya nada vale, ¿qué vendrá ahora?, ¿mejor o peor? El proceso de creación de lo ‘próximo’ será interesante, de eso podemos estar seguros, mucho más que este segundo oscurantismo que vivimos.

¿Por qué segundo oscurantismo? El primero está relacionado con la visión histórica que se tiene del mundo, repentinamente, durante el oscurantismo, se reduce el número de documentos, de arquitectura, de referencias históricas, como no hay documentos nuestra visión del mismo es incompleta es una era a oscuras, conocemos poco, hay poco. Nuestro tiempo ha repetido el fenómeno con excesos, hay demasiado, hay libros donde se habla mal de esto y aquello, se cuestiona ése y esos, vean tan sólo las revistas que salen mensualmente, ¿tanta moda?, vean la tele, ¿tantos programas? Ruido, tanto ruido. Nuestro tiempo es oscuro no por ausencia de datos, sino porque brilla la oscuridad, la estupidez tiene demasiada presencia en nuestro mundo.

 Todas las imágenes pertenecen a sus respectivos autores, utilizadas sin fines comerciales.

Gracias por su atención. La próxima se viene el tan postergado ensayo fotográfico meyomeyo. O sea, ma’ o meno’. (termino el artículo, bajo a ver televisión y en CNN se informa que la Universidad John Hopkins está experimentando con la sensación de experiencia religiosa que dan los hongos alucinógenos. ¡Gran caos! ¡Qué manía de querer darme la razón!)

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Published by Rodrigo Antezana Patton - dans Preguntas
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