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24 août 2008 7 24 /08 /août /2008 01:18

            Bueno, sí y no. Vayamos por partes, el plantear la pregunta ‘¿es el capitalismo perfecto?’ es un error. Ya que el Capitalismo es sólo la manifestación social contemporánea del único modelo posible de economía: la ley de la oferta y la demanda. (Antes de proseguir, dejemos en claro que no existe más que un modelo económico en el universo conocido: oferta y demanda. Este modelo rige a todos los seres vivos. Ejemplo, el número de conejos en un territorio está definido por la oferta de aquello que los conejos necesiten para su subsistencia. Así, habrá más conejos, en un área boscosa, que en un área semi desértica. Los animales, que apenas pueden modificar su ambiente, se ven limitados por la oferta natural. Oferta – Hierba, demanda – necesidad de hierba. De igual manera; aunque con muchísima más capacidad para modificar su ambiente, los seres humanos responden al mismo esquema económico: oferta y demanda. Y no hay nada en el universo conocido que podamos hacer para cambiar eso. En cambio, los modelos sociales que acompañan al único modelo económico, han probado ser bastante flexibles.) Como una manifestación caótica de la sociedad humana, por Capitalismo nos referimos a un fenómeno más comparable a un río, que sigue un camino determinado por multitud de factores, que a una construcción humana como un edificio, que sigue un diseño planificado. Debido a que el Capitalismo es, prácticamente, una creación natural, no obedece ningún parámetro que mida la perfección.

            Por lo general, con la palabra ‘perfecto’ sólo nos referimos a construcciones humanas, o algo en particular, que pueden ser ‘medidas’ desde nuestro punto de vista, especialmente para comparar, o en comparación a otras cosas, o ejemplos de lo mismo. Pocas veces oímos expresiones generales como ‘árbol perfecto’, ‘río perfecto’, o ‘fruta perfecta’, ya que, las más de las veces, casi todos lo serían. Cuando decimos que el cuerpo humano es perfecto, reconocemos la maravilla del mismo, más que establecer su carencia de defectos. Así, podemos hablar de un atleta perfecto, algo específico, midiendo a uno en particular respecto a sus pares, pero algo tan general como ‘cuerpo humano’, difícilmente recibirá el epíteto de ‘perfecto’ como un reconocimiento objetivo, es más una exclamación ante su gran maravilla. Como ‘exclamación’ de admiración podemos, sin ningún problema, decir que el ‘capitalismo’ es perfecto. Sin olvidar que es sólo eso: una exclamación ante la inconcebible complejidad y maravilla del fenómeno económico dentro de la actual sociedad humana. Por otra parte, estudiando el fenómeno, epistemológicamente, la realidad es que el ‘capitalismo’, como el cuerpo humano en general, no puede adecuarse al caprichoso criterio humano de ‘lo perfecto’, es sólo un fenómeno que se debe enfrentar tal cual es. No existe algo con lo que lo podamos comparar precisamente. Así, el perfecto cuerpo humano sería ejemplo de perfección—a pesar de que envejece, se enferma, muere, y sufre multitud de deformaciones—sólo por su maravillosa complejidad. Perfecto a pesar de sus imperfecciones.  

            Entonces, como conclusión rápida de esta primera parte, hay dos criterios para hablar de perfección: una, como exclamación (apreciación), dos, como observación concreta (comparación caprichosa o precisa). Como exclamación, ‘el capitalismo es perfecto’ es válido, como observación concreta: ‘el capitalismo es perfecto’ no tiene ningún sentido real y nos remite inmediatamente al primer criterio. En este texto, cada que se mencione que el capitalismo es perfecto, será un acto de exclamación, reconociendo que es ‘perfecto a pesar de sus imperfecciones’, como el cuerpo humano.

            La incultura de nuestros días permite que un… hombre poco preparado, por decir lo menos, se queje de manera grandilocuente del Capitalismo. Que el Capitalismo es culpable de esto, culpable de lo otro, dice ese tipo. Y esa persona, ese abismal ignorante, se lamenta mucho al respecto. Mmm. Ante semejante exhibición de ignorancia sólo nos queda menear la cabeza y lamentar su falta de conocimiento. El verdadero problema surge cuando uno—o sea yo—comienza a escuchar que personas con mucha más cultura comparten el horroroso criterio de ese ignorante. ¿Cómo es posible? La verda’ que es una larga historia. Una de las raíces del problema es la falsa dicotomía entre Capitalismo y Socialismo. ¿Por qué falsa dicotomía? En primer lugar, la dicotomía se refiere a dos conceptos o fenómenos que son complementarios, en apariencia. Entre los fenómenos tenemos, por ejemplo, a la noche y al día, al placer y al dolor, blanco y negro, hombre y mujer, vida y muerte, y un larguísimo etcétera. Entre las dicotomías conceptuales tenemos a el amor y el odio, el bien y el mal, y, un no tan largo, etcétera. Como fenómenos o conceptos, estos pares existen; aunque, no olvidar, algunos sólo lo hacen dentro de nuestras mentes o convenciones sociales.

            La realidad está llena de fenómenos que no poseen su equivalente opuesto, o complementario, como una taza y un platillo. La taza, por sí misma, puede ser utilizada, al igual que un platillo, que también se puede valer por sí mismo. En cambio, entre luz y oscuridad, no puede haber uno sin el otro, y, hasta cierto punto, la existencia de uno permite definir al otro. El concepto ‘Capitalismo’ se utiliza para describir una sociedad que no es feudal, en todo o en parte. Esta palabrita busca resumir la compleja transformación de una sociedad de reyes, nobles y siervos, a la de empresarios, comerciantes y trabajadores. Con toda su variedad, con su realeza todavía presente en países como: el Reino Unido, España, Dinamarca y otros, con la pobreza de la India, o el África subsajariana, con la contaminación de la China y con el desarrollo de nuevas tecnologías verdes, todo este complejo mejunje social es lo que llamamos Capitalismo. Complejo, fascinante, sinfín. El proceso de cambio de una sociedad a otra se dio con lentitud y manera diversa, dependiendo del país y los aires culturales, ahora, todos estamos dentro de esta nueva ‘sociedad’.

            La sociedad que surgió del debilitamiento feudal no fue del agrado de todos, y surgieron algunos idealistas de baja categoría que comenzaron a hablar de algo nuevo, una posibilidad. ‘Capitalismo’ es una palabra que se refiere, en su construcción, a algo preciso: el capital, en su sentido de ‘dinero’, ‘recursos económicos’. Alguien, viendo esto, decidió hacer una nueva palabrita: socialismo, donde ‘capitalismo’ ponía ‘dinero’ o ‘recursos económicos’, la nueva palabrita ponía a lo ‘social’, a lo humano, al tú y yo, en vez del dinero y nosotros. Como palabrita, este neologismo medio desubicado, venía bien para imaginar algo, cualquier cosa. El problema es que muchos locos del siglo XIX, en tiempos de crisis intelectual, comenzaron a imaginar precisamente eso: “cualquier cosa”. Y ahí estaba el problema con la nueva palabrita, que no era algo en sí, sólo un concepto de falsas prioridades. El capitalismo se refiere a la sociedad, es la sociedad la que cambia, un momento tienes a reyes elegidos por dios, y al otro tienes a un presidente elegido por el pueblo, el cambio es social, la estructura base de la economía no puede cambiar jamás, oferta y demanda, únicamente, oferta y demanda, solamente. El llamado Capitalismo es, en esencia, la ‘sociedad moderna’, el tú y yo actual, no es más, no es menos. ¿Cómo podría meterse algo social a lo que es, en esencia, social? No se puede. El problema es que la palabrita Socialismo, fue utilizada por algunos para representar a algo opuesto a capitalismo, y ahí surgió la falsa dicotomía: capitalismo, por un lado, que se utilizaba para referirse a la sociedad no feudal en toda su complejidad, y Socialismo, por otro, que no se refería a nada en verdad, y que, por lo tanto, se podía utilizar para referirse a cualquier cosa. El tristísimo legado de la búsqueda de ese algo, de ese ‘socialismo’, lo pueden encontrar en resumen en esta entrada: ‘Cinco más cinco igual a seis’. Ahora, ese absurdo, ya cayó, ya fracasó, ya mostró al mundo que no tiene el menor de los sentidos, ya lo hizo, pero lastimosamente quedó el concepto, el falso concepto de un opuesto al Capitalismo (que es como decir el no-vaso, no-texto, que en verdad no se referiría a nada, lo que hace inútil la existencia de ese tipo de términos). El perjuicio consiste en que demasiados mensos han perdido su tiempo dando vueltas sobre tonterías en vez de analizar el fenómeno económico de nuestra sociedad. Capitalismo nunca fue dinero, siempre fue ‘sociedad’, un asunto de tú y yo, de mi mano en tu mano, de personas. ‘Capitalismo’ tiene ‘capital’ sólo en la palabra, porque al inventor de la palabra,  personal o colectivo, no se les ocurrió nada mejor. Increíble lo idiota que puede ser el mundo, increíble.

            Valga un paréntesis, en este momento, en este instante, tenemos todos los recursos y todo el conocimiento para resolver todos nuestros problemas básicos. Todos. En este momento. Como no lo estamos haciendo, como no estamos razonando para resolver todos nuestros problemas, pues, ya hemos fracasado. Fallamos. ¿Será que fallamos por este momento, nomás, o será que ya no podremos recuperarnos de buena manera? Hay razones para ser optimista, y siempre se puede encontrar algo para ser pesimista. Prosigamos:

            El único fenómeno económico que se puede analizar, estudiar y sentir en carne propia es el ‘capitalismo’. El fenómeno económico, al igual que las matemáticas—y en gran parte debido a éstas (ya que, son las matemáticas, y nuestra capacidad para manipularlas, lo que nos ha permitido construir una muy amplia realidad abstracta que se basa casi en su totalidad en dinero, que no es nada más que una construcción abstracta que facilita el intercambio de mercancías, que son, a diferencia del dinero, objetos concretos), no sólo nos otorga la posibilidad de acertar, también está en funcionamiento cuando nos señala el error. Hagamos una analogía matemática: 1 + 1 = 2, válido, correcto. Pero este mismo sistema te está diciendo: 1 + 1 ≠ 3, 1 + 1 ≠ 4, etcétera. El sistema te otorga una posibilidad de acertar, esto no quiere decir que cuando el error sea revelado; cuando el tipo diga 1 + 1 = 8 y tú le digas que cometió un error, el sistema haya dejado de funcionar. La posibilidad que permite al sistema de descubrir el error, sólo confirma que el sistema funciona. Hagamos una analogía biológica: una persona come bien y permanece sana, es la perfección del cuerpo humano en acción. Una persona come mal y se enferma y muere, es la perfección del cuerpo humano en acción, es la maravilla del colapso de células que no encuentran nutrientes y consumen al propio cuerpo. Debido a que la salud del sistema ‘cuerpo humano’, depende de vitaminas, carbohidratos, etcétera, su pobre provisión nos permite predecir el colapso del cuerpo, o sea, nuestro conocimiento del sistema predice, la realidad del sistema, la muerte del individuo no alimentado, confirma que el sistema funciona. 1 + 1 ≠ 8. El sistema funciona en el error y en el éxito. Es lo mismo con el fenómeno económico.

            El capitalismo no puede fallar, es un fenómeno general, es un cuerpo humano, debemos aceptar sus características y limitaciones, y lidiar, simple y llanamente, con su realidad. ¿Qué sucede, en la economía, cuando no tienes nada para ofrecer a tu sociedad? Quedas desempleado. El sistema funciona. ¿Qué sucede cuando tus productos son de mala calidad y no tienen precios competitivos? Eres superado por la competencia. El sistema está de maravilla. ¿Qué sucede cuando tus líderes políticos son corruptos y el sistema jurídico hace demasiadas aguas? Se genera desconfianza en la sociedad y se entorpecen las posibilidades de generar riqueza. El sistema goza de salud. ¿Qué sucede cuando una sociedad es inepta a la hora de generar riqueza? Se genera pobreza. El sistema está bien. ¿Qué sucede cuando se especula con demasiado dinero sobre bienes raíces y la necesidad del mercado queda satisfecha por la oferta inmobiliaria? Revienta una burbuja de especulación. El sistema es perfecto.

            Cuando un avión se estrella, cuando un niño cae desde el tercer piso, nadie le echa la culpa a la ley de la gravedad. No sale la gente con palos a golpear a la gravedad, tampoco hay discursos de políticos en contra de la gravedad, ni desubicados disque científicos sociales quejándose de la gravedad y proponiendo como opción la no-gravedad, no hay ninguno de estos absurdos porque no tienen el mínimo sentido. Atacar el capitalismo como fenómeno es siquiera tan absurdo como atacar la ley de la gravedad. El capitalismo, la sociedad, debe ser estudiado y comprendido, el sistema funciona cuando las cosas van mal, y también cuando van bien. Nuestro conocimiento del mismo, del sistema, debería permitirnos buscar que las cosas vayan bien, para eso están nuestras cabezas. Qué pena, che, ver que todavía hay trogloditas entre nosotros que van a apalear a la gravedad cada que se estrella un avión.

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Published by Rodrigo Antezana Patton - dans Problemas
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