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29 octobre 2008 3 29 /10 /octobre /2008 03:24

Bueno, ha llegado la hora de volver a escribir para mi bitácora, uno por semana, asegurado; aunque el día sea un poco desordenado. Sugiero inscribirse al Newsletter, les notificará cada que subo una nueva entrada.

Verán, hace mucho tiempo, muchos años atrás—en serio, harto—cuando yo era niño, ya no recuerdo de qué edad, fuimos con mi padre a ver a uno de sus amigos. Mientras ellos conversaban yo divisé un libro de historia, y le eché un vistazo. Ahí, en uno de esos libros de historia condensada, sin mucha literatura, sin diálogos fantásticos, leí una historia. Una que no conocía. ¿Qué fue exactamente lo que leí?, ¿qué decía? Me pregunto si después mezclé datos, confundí personajes. No lo sé. Ha pasado demasiado tiempo, ya he completo los vacíos con mi propia imaginación, ya he atado los cabos para que ESA historia sea la que yo recuerdo, la que ahora les pienso contar. Recuerden, no es una historia tal cual fue, tal cual sucedió, está basada en memorias difusas, que alguna vez imaginé que harían una buena historia. Ya no es la historia histórica, esta es la historia narrativa, la que se contaría, la que me pareció leer hace ya tantos años atrás. Es una historia que yo recuerdo como 'LA ira de la montaña'.

            El azote mongol se extendió por toda Asia. Siglos después de las brutalidades de Gengis Khan y otros, los mongoles, repartidos por todo el continente, aprendieron la cultura y refinación de los pueblos que ellos habían derrotado. Una de las ramas que mejor aprendió, imitó e impulsó, la cultura con la que se encontró fue la denominada ‘mogola’, variación de la palabra ‘mongol’. (Mughal, en inglés. Hay varias transliteración, y muchos simplemente prefieren hablar de ellos como los mongoles de la india) La cultura de estos guerreros era mongola, persa e islámica, y a pesar de su refinamiento tenían una muy fuerte tradición militar que los hacía muy agresivos, no sólo contra sus enemigos, sino que entre ellos mismos. Resulta que las herencias, como no había nombramiento válido por la tradición, como primogenitura o ‘designación’, siempre eran un asunto que se arreglaba a meta espada, derrama sangre. (Revisen la historia de los turcos, parientes de los mongoles, y vean los problemas de sus dinastías para comprobar este hecho) Primos peleaban entre ellos, o hermanos, o tíos. Sobrino contra tío, primo contra primo.

            Babar, mogol, padre de Humayun, peleó toda su vida, gran parte de ella contra otros aspirantes al control total de la región, muchos de ellos serían sus propios parientes. Ya viejo y enfermo, Babar llamó a sus hijos, todos ellos herederos nominales, y nombró a Humayun, el mayor, como su elegido, heredero. En su lecho de muerte, su padre, le dijo que la experiencia que más le había dolido en su vida fue haber luchado contra sus propios hermanos y parientes, derramar su propia sangre. No era la primera vez que su padre le mencionaba el dolor que le había provocado el fratricidio. Babar le hizo una recomendación final: No pelear con sus hermanos. Muerto Babar, gran guerrero y conquistador, Humayun fue nombrado rey del imperio mogol. Todos sus hermanos quedaban relegados a cargos menores. Humayun sabía que habría problemas si esto se mantenía así, habría levantamientos de clanes familiares, y él, al igual que su padre, tendría que pelear nuevamente contra su propia sangre.

            Humayun era muy joven y tomó una decisión, dividir el reino en tres, el norte para uno de sus hermanos, el sur para otro, el conservaría el centro, y juntos darían una lección al mundo de unión fraterna. Humayun no quería luchar contra su sangre, y para ello había dividido su reino de una manera, en su opinión, justa. Al poco tiempo comenzaron los conflictos, el hermano del sur quería más, el del norte quería más. Humayun cedió, otorgó más terrenos al del norte, más terrenos al del sur. No fue suficiente.

            El hermano del sur reunió un gran ejército y atacó el reino de Humayun, el hermano del norte hizo lo propio. Humayun tuvo que refugiarse en la montaña, con parte de su séquito y su familia, miembros de su clan, y soldados leales a él. Ahí, se dio cuenta que les había fallado a todos, había fallado a su familia, en vez de fuerza, al mostrar debilidad, convirtió a sus hermanos en más sedientos de poder. Ahora, refugiado en la montaña, Humayun tenía que tomar una decisión. Expulsado de su propio reino, cazado como una presa, Humayun bajó de la montaña para enfrentarse con todos aquellos que osaran oponerse a él. No tuvo más opción que enfrentarse a sus hermanos. Poco a poco fue tomando el control. Derrotados sus hermanos, otros enemigos les reemplazarían. Al final, Humayun, al igual que su padre, tuvo una vida de guerra.

            Ya mayor, un adulto Humayun recorría su palacio muy preocupado por la salud de su hijo, el sufría una fiebre peligrosa que insistía en permanecer. Humayun parecía estar conversando con alguien, al final gritó ‘Si eso es lo que quieres, entonces, tómala’. Al día siguiente Humayun, ‘el héroe de mil batallas’ fue encontrado muerto al pie de una escalera. Su hijo, Akbar, sería rey del imperio mogol, y es considerado el más grande de los emperadores mogoles.

             Debería haber trabajado un poco más el drama de esta historia, o de cómo esta historia podría ser narrada. El buen tipo que abandona su reino, que prefiere retroceder antes que enfrentar a sus hermanos. El problema es que eso es entrar en ‘inventar’, imaginar una historia que no fue. Tal como la recuerdo, la historia de Humayun tiene mucho que ver con la realidad—obvio, pero lo que imagine después, ya na’a que ver—peleó contra uno de sus hermanos y esas cosas; pero no sé, y no he podido comprobar, que haya sido su elección el ceder un pedazo del reino a su hermano. Sin embargo, es más interesante imaginar al hijo que su padre pidió tantas veces que no peleé con sus hermanos, que no les enfrente, que no derrame su propia sangre, imaginar que a él lo llevan hasta el límite, que lo cercan en la montaña, y que de ahí baja, decidido a ya no dejarse vapulear porque ceder no está sirviendo ningún propósito. Ésa es la historia que yo recuerdo, pero es más imaginación que otra cosa. Aparentemente, cada retirada de Humayun era estratégica, y al final acabó siendo el rey de todo.

            Imaginen a Omar Kayam como parte del séquito de Humayun.

            La cultura de los mogoles tiene muy buena pinta, en sus miniaturas y restos arquitectónicos, pero también tiene esa brutalidad mongola, donde debías cargar con arco y flecha, o alguien te cargaba con su arco y su flecha.

Denle un vistazo a las entradas sobre el imperio mogol en Wikipedia y otros lugares. La historia de estos tíos es bastante espectacular y exótica. Vaya, vaya, acabo de ver una entrada que tiene una historia de Humayun tal como la que recordaba, el problema es que está en inglés, bueno, practiquen. Es esta: El reinado de Humayun. Bueno, conmigo nos vemos la próxima semana, lunes o martes, mi próxima entrada será 'Ya deja de llorar... o el factor lloriqueo'. Es parte de la teoría 'sentido común payaso' que tanto me gusta, espero les guste a ustedes. Ah, también tengo que escribir '10 razones para odiar a Hitler', algo sobre la situación económica y más sobre malas películas. Nos vemos. Ah, respecto a las fotos, debido a que sólo encontraba las mismas imágenes, pues, no son exactamente del período preciso, mogol, humayun y su corte, pero van por ahí.

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Published by Rodrigo Antezana Patton - dans Historias
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Mar 30/10/2008 01:22

Recientemente Hrithik Rosham, el nuevo churro de Bolywood, sacó una versión de 4 horas sobre esta historia, que ahora es intensamente familiar porque una tía, sin saber nada de su temática, me la prestó este verano....

Rodrigo Antezana Patton 31/10/2008 02:46


nenitaaaaaaaaaaaa... sí, vi, mientras buscaba imágenes pa' la nota vi que había una película... pero nunca pensé que se podría encontrar tan fácilmente... me tienes que mostrar!!!!!!! tengo que
ver!!!!!!!! yo quería ver esta peli desde feto... y la de zombis más, nos vemos el martes. ya te escribo.


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