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3 novembre 2008 1 03 /11 /novembre /2008 20:37

Vean, vean, lunes, puntual.

            Por fortuna el día de mañana, lunes—escribo en domingo—, es feriado. Ya saben, el equivalente católico de Halloween—que, dicho sea de paso, no es una fiesta protestante, sino un legado bárbaro de los pueblos germánicos al cristianismo—, fiesta de ‘todos santos’ o algo por el estilo. Este evento es un festín para los antropólogos, pa’ mí es sólo una razón más para denominar a mi tiempo como ‘todavía-muy-primitivito’. Bueno, tenía que hablar de ‘El factor lloriqueo o ‘deja de llorar’’, decidí cambiar de tema, así que el factor lloriqueo será para la próxima. El tema de hoy… espero les guste.

            ¿Alguien sabe cómo se dice historia, en su sentido narrativo, en griego? Aristóteles llamó ‘Poética’ a su ensayo sobre la narrativa, ¿será eso? No lo sé, de ser así, sin embargo, el título de este artículo/entrada podría ser ‘Poéticafilia’, como no estoy seguro de las palabras preferí usar el latín, amare narratio es en verdad: amar a las narraciones. Probablemente, en verdadero latín prácticamente carece de significado, algo así como simplemente unir dos palabras en español, amor narración, no dice nada, está mal escrito, pero digan, nomás, que no suena bonito, ¿eh? E incluso diría que suena sofisticado, como Carcadón Carcarias, para hablar de tiburón blanco. A mí me suena bien la cosa, así que ahí les dejo el par ‘Amare Narratio’ para denominar a una característica humana sobre la que pienso hablar ahora. Comencemos… resulta que me quería comprar un libro llamado… ‘libro’.

            Muchos olvidan que el nombre de ‘Biblia’ proviene del griego, Biblos, que es la palabra que ellos utilizaban para designar a sus rollos, los libros de ese entonces. Ahora, ¿por qué una persona racional se va a comprar una Biblia? Sin contar que ya hay una en casa, quería una pa’ mí, ilustrada, medio resumida, pa’ echarle un ojo a esa narración, y encontrar algunos detalles de su característica, detalles que me ayudarían con mi propio desarrollo narrativo. Viene bien leer los clásicos, y si bien el texto de ‘Éxodo’, que tuve que leer para el desquite de religión, cuando tenía 16 (¿segundo a tercero medio?) años, no me gustó nadita, nadie puede negar que la Biblia es un clásico de la narrativa occidental. Como texto letra por letra, la Biblia, sobretodo en sus primeros pedazos, no me convence, por extraño que les parezca, es muy cochinita (estaba hojeando la Biblia, en clase de religión, tenía 11 o 12 años, cuando tropecé con el texto de que las hijas emborrachan al padre pa’ tener hijos con él—tras leer eso, me dije “esta religioncita está maaaaaal”. Génesis, debe ser por el 19, 20), muy cruel, muy sumisa. Sin embargo, recoge, como buen librote grande, muchos problemas humanos, desde guerras, hasta sacrificios, celos y engaños. También es la mitología primitiva más popular de nuestro tiempo, y darle un vistazo a lo que dice y valora es ver lo que—como seres humanos—todavía valoramos hoy en día. Sin olvidar ese tufillo totalitario de verdad revelada no tolerante, también presente en el libro.

            Desde hace buen tiempo que vengo reuniendo ‘libros clásicos’ en mi biblioteca personal, hace poco me compré una versión resumida del Ramayana (en amazon, en inglés, sólo he visto que hay versiones resumidas del Ramayana, parece que incluso en Hindi y otras lenguas de la India sólo hay una versión resumida. La original, en sánscrito, parece que es larguísima y aburrídisima, con muchísima formula hablada de memoria, ya saben detalles como ‘Rama, el hermoso y justo, miel de su madre, brazo de su padre, cucharita de sus hermanos y escudo de sus hermanas, sus primos le pedían consejo, sus primas le saludan con reverencia, sus tíos le utilizan como ejemplo, etcétera’), méxicana, en español. También tengo el Genji Monogatari, y el Jeike Monogatari. ¿Qué más? Pues varios más. Ahora, en lo que a libros religiosos se refiere, pues, ahí están ‘El libro de Mormón’ (sobre el que me gustaría emitir algunos comentarios, pero… no me atrevo), el ‘Tao te kin’ (a sólo 15 Bs.!!!), y otros. Ah, y justo, en la feria, me compré un libro ‘Mitología Egipcia’ de Max Müller, ¡qué maravilla! Primera vez que leo un libro sobre el tema que comienza aclarando que la religión egipcia era una salvajada incoherente bien primitiva, y que por eso es interesante. Por lo general hay mucha apología sobre lo que los antiguos pensaban. Espero se popularice la opinión del Doctor Müller.

            Ahora, algunos dirán que hay una mezcla de temas, ¿no? Claro, un tema, de acuerdo a ustedes, o algunos de ustedes, vendría a ser libros filosóficos religiosos, como el Tao Te kin o la Biblia y otra cosa serían clásicos literarios como el Genji Monogatari, y la Odisea, y… tantas otras. ¿Verdad?, eso creen algunos de ustedes, ¿no? Me temo que no es así, son parte del mismo asunto… sí, tal vez estoy forzando la nota con el Tao te kin, ése libro, aaaah, que es una patada a la racionalidad, eso sí, interesante de todas maneras, ya saben, salvajito, salvajito. Digamos que ese texto sí es básicamente otra cosa, no es narrativa por ningún lado, es filosofía oriental en el peor sentido de la palabra… ya saben: Ommm, si no sabes la respuesta, ommmm, si no tienes ni idea, ommmm, si no estudiaste, ooommm, etc. El resto, sin embargo, son arena del mismo costal, pájaros de la misma bandada, alumnos del mismo colegio, frutos del mismo árbol, moscas que comen del mismo fruto, larvas de gusano dejadas por la misma madre… iiiiiiiuuuuwww, qué asco.

            Colecciono historias, me temo que no discrimino a la mala literatura, por lo que mi colección de textos de Koontz está creciendo, ya que la buena literatura sólo está bien escrita, no tiene nada que decir. Y si eso no es verdad, entonces, ustedes podrán mencionar siquiera tres autores de literatura seria de 30 países, ¿pueden? Claro que no. Y los hay, los hay por millares. El momento que alguno de los escritores serios descubra que hay algo más que amor a la vida, lamento de nuestra mortalidad, sufrimiento, placer, dolor y alegría, pues, en ese momento comenzaré a leer las obras del susodicho, o susodicha, hasta entonces, la mala literatura, incluso la pésima literatura (lease ‘Dan Brown) ofrece lo mismo que la mejor buena literatura, con la diferencia que una busca ser divertida y la otra, no. ¿Y qué tiene que ver esto con la Biblia?

            Bueno, todos saben que la Biblia cuenta historias. ¿no? Pues, eso. Ahí primero.

            En otro libro de religión egipcia que tengo—ah, ah, y, por favor, yo no llego a la cultura egipcia por misticucho, llego por gustos estéticos, pictóricos, arquitectónicos, después me vino la curiosidad por saber qué cuernos hacía ese cuatecito con cabeza de chacal, ése otro con cabeza de halcón, y por qué tenía ese dios su pené tan erecto… buscar a Min(u) si quieren saber algo al respecto—se hace referencia a una clasificación antropológica de las religiones. Y, antes de que digan algo, SÍ ES UNA CLASIFICIACIÓN EUROCÉNTRICA, Y QUÉ!!!!. La clasificación es la siguiente: animista, mitológica, teológica, verdad revelada (creo que este esquema de religiones pertenece a Levi Strauss, creo). La maravilla de la cultura egipcia es que encontramos todas las fases.

            Sobre esto también debemos hablar que el ser humano, creo haberlo dicho antes, narra como entiende la vida, no entiende la vida como narra. O sea, primero está nuestra manera de comprender el universo, sobre lo que nos contamos historias. El problema es que esto produce el fenómeno inmediato de ‘la narración que nos hace comprender la vida’. Ya captaron a dónde quiero llegar, ¿no? Sí, ahí. Démonos cuenta que, y esto se observa en los escritos egipcios y en los estudios animistas de los antropólogos, las narraciones animistas, precisamente, no son sólo historias, sino explicaciones de mundo. ¿Qué es un rayo?, ¿qué es una nube?, ¿por qué hay montañas?, ¿por qué hay enfermedades? Son preguntas que, sin un sistema científico o filosófico avanzado, pues, no tienen respuesta, entonces, no les queda otro remedio que tener ‘historias’. El animismo, después de todo, no es nada más que proyección humana como acto reflejo. Es algo como el ‘pienso luego existo’. Yo estoy vivo, todo a mi alrededor parece vivo, ¿no será que las cosas son como yo? Un tantito diferentes, pero como yo. El animismo, salvajito, es nada menos que otorgar vida humana a todo. Listo. Sí, tremenda ingenuidad vista desde nuestra perspectiva, pero tiene mucho sentido si buscamos meternos en sus… sandalias artesanales. La gente, hoy en día, olvida lo mucho que sabemos, lo mucho más que sabemos. (Valga, nomás, escuchar cómo doctores y profesores defienden la filosofía griega, olvidando, con todo el respeto y helenofilia que tengo, lo ignorantes que eran esos mismos griegos. El genio de Sócrates apoyó el exilio de… Anaxágoras, que se adelantó a su tiempo hablando del Sol como un objeto incandescente suspendido en el espacio—¡en serio! ¿o me equivoqué de nombre?—por decir eso le exiliaron, y Sócrates apoyo la iniciativa, qué tal burro ese genio, ¿eh?) Entonces, el animismo es una solución a nuestras ignorancias, sólo hay que asumir que todo está vivo, que todo, como tú, piensa, como tú, odia, así que hay que irse con cuidado, mucho amuleto, mucho conjuro, mucho… salvajismo. De ahí, el enhebrar historias sobre tal o cual ente animista es fácil. Precisamente, es posible ver la evolución de los espiritillos egipcios en magnos dioses.

            Después, si hay suficiente tiempo, algunos monjes se ponen a pensar sobre tal o cual naturaleza de dios, ahí es la fase teológica, y el salto a la verdad revelada es corto, de la que tenemos bastantes casos: Ajenatón, Zaratustra, Jesús, Buda, Lao Tsé, etcétera—uuuf, hoy en día estamos llenos de ‘verdades reveladas’, ya nadie tiene respeto por los viejos esquemas en tiempos de decadencia. ‘Yo he visto que’, o ‘Anubis me informa’, etcétera, son frases típicas de la ‘verdad revelada’. Es interesante ver que, de los cinco mencionados, sólo Lao Tsé reproduce ideas y percepciones de su época, en cambio los otros rompen con tradiciones muy enfrascadas en sus respectivas sociedades.

            Entonces, Biblia, historias, y las historias son nuestra manera de entender la realidad. Es así como pensamos hasta el día de hoy, vean, nadie recuerda su vida, ya saben, recuerdas la historia de tu vida. ¿Qué estabas haciendo el día 19 de septiembre a las 14:30?, ¿recuerdas? Si recuerdas, esto se debe a que sucedió algo ese día, algo que vale la pena contar. Eso es lo que recordamos, historias, narraciones, ya que de eso está hecho nuestro mundo. Probablemente por eso nos gustan tanto las historias, porque estamos afectados de Amare Narratio. Mi comprensión de la narrativa me ha permitido comprender ciertos aspectos antropológicos de nuestra naturaleza—o, también se puede decir, que mi comprensión de la narrativa ha confundido mi comprensión de otras áreas del conocimiento humano, es una posibilidad, y que nadie diga que no fueron advertidos. Es increíble lo embebidos que todavía estamos de este tipo de razonamiento, me gustaría decir que es primitivo, pero me temo que no es un abordaje que podamos cambiar, es como es, desde el principio de los tiempos hasta hoy en día, no recordamos nuestras vidas, recordamos la historia de nuestras vidas, y esto es tan cierto hoy como probablemente lo fue desde el homo erectus, o el habilis, o algún antepasado posterior. Entonces, son otros aspectos de nuestra manera de pensar los que deberían cambiar, evolucionar, mejorar. Es que esto de las historias, ya hay que detenerla ahí.

            Échen un vistazo a su alrededor, ¿quién está contando qué historia?, ¿ha verificado esa historia? Miren un ejemplo de caso extremo extremísimo, Israel, hay un estado en el mundo que se basa en un libro, pedazos de la Biblia, ya que, para ellos, los otros pedazos no corresponden. Los israelitas están ahí por Amare Narratio, el librito que todos ellos leen es demasiado importante, por lo que decidieron invadir lo que ya era terreno de otros para crear un estado que abarca geográficamente los espacios presentes en el libro que leen todos ellos. Interesante, ¿no? Los primeros habitantes de Israel querían hablar la lengua más común entre ellos, el yiddish, pensaron que sería una locura crear un estado de habla hebrea. No importa, lo hicieron, hoy en día en Israel se habla hebreo. Increíble.

            El fenómeno siempre es el mismo. Ejemplo, hay gente que emigra a Nueva Zelanda porque le encantó ‘El Señor de los anillos’. ¡En serio! Hay gente que habla Quenya, una lengua inventada por Tolkien (Galés mezclado con fines, más su propia cosecha, dis’que). Hay gente que habla Klingon… se está traduciendo la Biblia al Klingon, y eso hay que decirlo dos veces: ‘Se está traduciendo la Biblia al Klingon’. Ahora, ya les dije que así pensamos todos, TO-DOS, o sea, tú y tú, y ella y él, y… claro, yo también. El ejemplo de Israel y los emigrantes a Nueva Zelanda es sólo el ejemplo más irracional del asunto, ejemplos aparentemente racionales están en todas partes… ¿qué historia de tu país te contaron a ti?, ¿cómo te la contaron? Guillermo el conquistador es un héroe inglés. O ese aventurero argentino que murió en Bolivia, ese burro que bien merecido se tenía un juicio y cárcel ad infinitum, ¿qué historia te cuentan sobre él? Ven. Las historias están en todas partes, por eso nos gustan, por eso yo también las considero importantes, las estudio, y busco crear una que aguante el paso del tiempo y sirva de algo a aquellos que la lean, ya que son importantes no sólo lúdicamente sino intelectualmente.

            Conclusión: toda la sociedad debería prestar más atención a los críticos de cine.

La próxima semana sí vendrá 'el factor lloriqueo', que, espero, consideren más interesante que lo aparentado. Las imágenes pertenecen a sus respectivos dueños, utilizadas sin fines de lucro.

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Published by Rodrigo Antezana Patton - dans Preguntas
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