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10 novembre 2008 1 10 /11 /novembre /2008 22:01

Tengo buenas y malas noticias, la mala es que he pérdido mi público. Debido a mi mes de ausencia muchos de los visitantes han dejado de venir. La buena es que resultó ser mi público en verdad, que los números no siempre se pueden leer con la facilidad que uno desea. Aparentemente, esta bitácora tiene alrededor de 1500 visitantes. Ahora se podría decir que tiene 1500 visitantes menos... ya que estamos en 600 o 400. Ehj, no hay mal que por bien no venga. Ahora, a recuperarlo. Si alguien se preguntaba qué tal tomé yo la victoria de Obama, pues, más decepción que enojo. Lo lamento mucho, perdió el bueno. Escribí una nota al respecto, más abajo. El compromiso, sin embargo, era otra nota, el 'factor lloriqueo', se las entrego ahora.


            Los bebes no tienen muchas posibilidades de modificar su ambiente, son completamente dependientes de las personas que cuidan de ellos. Esto no quiere decir que no sean criaturas vivas muy capaces de observar su alrededor y hacer lo posible por conseguir algo del mismo. Por eso lloran. El llorar es un instinto que tienen todos los seres humanos, probablemente algunos lo tienen más débil que otros—siempre hay alguna criatura más confiada en las atenciones de sus padres—pero todos lo tienen. Hambre, lloras, mugre, lloras. Y, como acto de magia, su ambiente es modificado, te alimentan, te limpian, y lo único que tuviste que hacer fue llorar, derramar unas cuantas lágrimas y entonar agudas notas de lamento. Esto es el factor lloriqueo, a partir del llanto, la comunicación humana evolucionará en capacidades muchísimo más sofisticadas. Esto no quiere decir que nuestro cerebro de reptil vaya alguna vez a olvidar que hubo tiempo en que sólo necesitaba lloriquear para resolver sus problemas.

            Debemos hacer una diferencia obvia, ya que, hoy en día, todo es motivo para relativizar, lo obvio ya no es tan obvio. Qué triste, tiempos de decadencia. El factor lloriqueo en su esencia es la imposibilidad de hacer cualquier otra cosa, a excepción de llorar, para conseguir la solución de un problema, pareciera que ésta es sólo una situación que afecta a los bebes, pero no es así. En muchísimas situaciones, seres humanos adultos se encuentran en situaciones de poder asimétrico, confrontando problemas mucho mayores al límite de sus fuerzas, en estas situaciones, si bien es absurdo pensar que ellos podrán superar al desafío por sí solos, es igualmente insensato creer que su lloriqueo resolverá el problema. Cuando la comunicación es inútil es lloriqueo, cuando sirve un propósito; aunque sea a largo plazo, entonces merece su nombre adulto de ‘comunicación’.

            Un ejemplo mínimo de factor lloriqueo vendría a ser una experiencia que tuve. Como bien saben el país tiene muchos problemas, con la desgracia añadida que muchos provienen del estado, del gobierno, el organismo que, precisamente, debería velar por tus intereses. De uno de los grupos a los que me uní, comencé a recibir unas 2 o 3 cartas por día, incluso cinco, cada que las cosas se ponían feas, yo me molesté y les hice notar que si bien simpatizaba con su posición democrática, etcétera, eso de enviarte correos hasta el cuello no servía ningún propósito práctico. ¿Vale condenar los problemas? Claro que sí, ¿sirve transmitir información al respecto?, algo, pero saturar cualquier correo electrónico no sirve ningún propósito. ¿Para qué cinco donde sólo se necesita de uno?

            Ése es sólo un ejemplo muy diminuto de lo que puede ser el factor lloriqueo. Démonos cuenta que el ‘factor lloriqueo’ en algunos casos puede implicar al ‘papá’ o una ‘mamá’, y por papá o mamá quiero decir cualquier ente (institución, persona) que reaccione ante el lloriqueo como si fuese algo más que eso, y, conmovido, busque solucionar el problema, por lo general con dinero, usualmente con mucho más lloriqueo de su parte. Entonces, hablemos una vez más qué implica el factor lloriqueo, si es comunicación inútil, en un adulto, también podría ingresar cualquier sonora queja que en verdad no busque abordar el problema, en otras palabras: cualquier lloriqueo, ya que, como adulto, se puede abordar el problema en sí. Esos lloriqueos pueden incluir todas las acciones que implican no abordar el problema, cualquier acción inútil. Aclarado esto se darán cuenta que existen muchísimas posibilidades de encontrarse con un ‘factor lloriqueo’ y que, a veces, es difícil hacer el juicio de si sirve, o no, pegarle un llanto. Mi posición es clara, si sirve, si en verdad sirve, entonces no es ‘factor lloriqueo’, ya que la idea de factor es, precisamente, acciones inútiles; aunque sonoras y visibles, que en realidad no abordan el problema.

            Vayamos a dos ejemplos más para redondear el asunto.

            Antes de llegar al poder, el movimiento cocalero y otros, bloqueaban por cualquier razón. Esos bloqueos nunca abordaban el problema, digamos que el bloqueo se da por la venta de los recursos naturales, ¿acaso impedirá su bloqueo el proceso de vender? No. Las acciones se realizaban pase lo que pase, pero el lloriqueo/bloqueo provocaba un gran daño al país. Abordar el problema sería en verdad razonar al respecto y trazar un plan para lidiar con él. Empezando por el planteamiento, ¿por qué sería malo vender los recursos naturales? A partir de esa respuesta, se debería comenzar a razonar sobre qué se puede hacer para impedirlo, si la conclusión razonada es que se trata de algo negativo. Nunca hicieron algo parecido. Lo que sí lograron fue cobertura mediática, ya que lloriquear siempre llama la atención. Otro ejemplo, el mayor de todos, que plaga a todas la ONGs del mundo, al menos todas las que están involucradas en desarrollo económico y social, vendría a ser una declaración del actual presidente de Haití, vergüenza de país a todo nivel—sí, se parece a Bolivia, sólo que Bolivia no ha fracasado tanto, y a pesar de sus líderes políticos, diría que su sociedad está muy sana—, el muy declaró que ningún país se había enriquecido con la caridad—hasta ahí todo bien—por lo que pedía ‘ayuda’ sistemática para mejorar su país. Eso es puro lloriqueo. Haití es un país que ha fracasado a múltiples niveles sociales, simplemente no ha sido capaz de levantar un marco legal aceptable durante ya un par de siglos, esa torpeza generó su pobreza actual (junto a una multitud de lacras culturales), es por esto que este país espanta la inversión extranjera, y, sin inversión extranjera, a Haití sólo le llegará caridad y hasta él sabe qué resultados tiene eso. En vez de lloriquear, para que las burras mamás y papás, ayuden al bebe, el presidente de Haití debería buscar poner su país en orden, no lo hace, prefiere lloriquear, claro, algo de esa ‘caridad’ siempre encontrará su camino a su bolsillo. Tonto el que lloriquea, igualmente tonto aquel que presta atención al lloriqueo cuando no corresponde.

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Published by Rodrigo Antezana Patton - dans Preguntas
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