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25 novembre 2008 2 25 /11 /novembre /2008 03:29

            Estuve dudando sobre la pertinencia de escribir esta entrada. ¿Acaso Hitler no es ya odiado por todos?, ¿no es ése el único beneficio de la industria del Holocausto? Que una mala persona sea odiada por todos. Pensé al respecto y llegué a la conclusión, pues, de que todavía vale la pena repetir mucho conocimiento, además, les podría dar algún sesgo particular al asunto, es que me preocupa la profusa presencia de artículos nazis que he estado encontrando últimamente. Así que aquí está:

 

A mí también me fascina el nazismo. Cuando mi amigo Lizandro vio el número de libros que tengo sobre el tema (cuatro a la rápida, una buena decena si contamos los que tratan sobre la 2ª Guerra Mundial. Como número no parece mucho, pero son grandes, gruesos, y esa cruz gamada siempre tendrá mucha presencia) me dijo: ‘Te Fascina el nazismo, ¿no?’, yo, respondí que era un antinazi que buscaba estar bien informado al respecto—en el fondo soy un antitotalitario—. Él corrigió mi observación, ‘El hecho de que te fascine no quiere decir que te simpaticen’. Y, pues, tenía razón. Es fácil sentir asco por los nazis, mucho más difícil es ser indiferentes ante ellos, ante la fuerza que todavía proyectan, ante la mística de nombres y uniformes, ante las banderas, blanco, negro y rojo, que ondean con la cruz gamada. Los nazis son un éxito de mercadeo y esa es suficiente razón para escribir esta entrada, que también sean un éxito esa imagen de chicos malos, chicos dañinos, chicos ignorantes. Pervirtieron todo lo bueno que tenían, y, en el fondo, ellos sólo eran lo malo. Como la mayor parte de las cosas malas, obviamente, su origen es francés.

 

Uno. El nazismo es una burrada ya que se basa en trasnochadas ideas bastante simplificadas de cualquier sana noción de historia y darwinismo. El primero en imaginar una burrada de estas características fue el franchute Arthur Comte de Gobineau (Comte, es conde?), vivió en el siglo XIX (1816 – 1882), hijo de una familia rica, comenzó su carrera como periodista, para después tener una carrera diplomática. Ocupo diversos puestos en un puñado de ciudades que van, desde Frankfurt del Meno hasta Atenas, pasando por Tejerán y Rio de Janeiro. Escribió mucho y, en su tiempo, obtuvo mucha fama. Su trabajo, periodístico poco riguroso, podría ser calificado de entretenido y facilón. De Tocqueville, un científico superior, le dijo, en pocas palabras: ‘tssssk, tsssk, tus teorías son bien burras’. Es que Arturito había escrito un libro que resultaría famoso: ‘Ensayo sobre la inigualdad de las razas humanas’, una de sus ideas era la pureza de la ‘sangre’, que llevaba al progreso, siendo una sociedad mestizada la razón para la caída de muchos imperios. Vendría a ser un compendio de ideas facilistas, semi darwinista, que achaca la cultura a la raza, vinculando lo natural, raza, con lo cultural, la civilización de cada raza. Esto puede parecer que tiene sentido, ya que, bien o mal los blancos eran los más cilizados del mundo; pero un fácil vistazo a la historia de la humanidad nos hace ver que esta explicación burda saca más preguntas que respuestas: ¿y el fenómeno de Japón, siempre por detrás de China para después estar muy por delante?, ¿y Egipto antiguo, mientras los griegos no eran ni arcaicos, estos ya estaban haciendo pirámides? (y mil preguntas más), ahorari, sobre esta simplista teoría racial, Gobineau tenía una preferencia por los blancos (comprensible visión de su tiempo, no por ello menos simplista, recuerden a Tocqueville) y, entre estos, por los germanos. No por nada su trabajo no fue muy popular en Francia; aunque sí lo fue en Alemania, país joven ávido de reconocimiento y hermandad interna. Alemania, durante más de un milenio, había sido un conjunto de pequeños reinos que peleaban entre sí y no tenían una autoridad por encima de todos, a diferencia de Francia o el Reino Unido (que vendría a ser lo opuesto, un grupo de reinos que, poco a poco, van uniéndose en una sola identidad política con Inglaterra a la cabeza). También hay que recordar que Gobineau era un cuate con la aristocracia bien metida en la cabeza.

Con las malas ideas de Gobienau circulando por Alemania, sólo nos faltaba un ocioso británico para completar una peligrosa mezcla: la floja pretensión sin rigor de que tu mínimo conocimiento más tu falta de método científico puede dar resultados. Houston Stewart Chamberlain (1855 – 1927) fue el culpable de popularizar, con su libro ‘Los fundamentos del Siglo XIX’ (traduciendo del inglés un título que en alemán es ‘Die Grundlagen des neunzehnten jahrhunderts’). A ver, a ojo, para mediados del XIX, Alemania, con el Emperador Guillermo I a la cabeza, junto a su Canciller Bismarck (Canciller, no primer ministro), surge como la ‘nueva’ potencia de Europa. El Imperio Británico era el más grande, vasto como el sólo, y el poder te da seguridad, los ingleses ya estaban sin más horizontes, buscando disfrutar su riqueza y fuerza, sin empuje pa’ más. Francia, debilitada, humillada por su par Alemán, difícilmente podía exigir atención mundial, en cambio los jóvenes alemanes tenían una ola de fervor patriótico que, en su mayor parte, debían inventar, y lo estaban haciendo bien, Wagner sonaba bien bonito. Es ahí donde Houston llega a estudiar filosofía en Dresden (su papá era marino). Rápido le gustó, rápido idealizó, y, pues, como es extranjero, más rápido se volvió el más alemán de los alemanes (pasa todo el rato, pa’ ser aceptado) y escribió ese libro que, en resumen dice: ‘Viva alemania, vivan los alemanes, los alemanes son los mejores y que feos están los judíos’. (a ver, nos pondremos científicos, Louis Snyder resume en dos puntos la tésis del libro: 1 – los teutones son los creadores y portadores de la civilización, 2 – los judíos eran una fuerza racial negativa en la historia) El libro incluye bastante idealización germano teutona (la raza más pura, la lengua más pura, etcétera) y ya tiene tintes, al igual que Gobineau, anti judíos, antisemitas—que estaban bastante extendido entre la gente bienpensante del Siglo XIX europeo, probablemente a raíz de una sistematización de los nacionalismos, ya que el fanatismo religioso, precisamente, había disminuido. Interesante, ¿no? Bueeeeeno… este sonso inglés completó el facilismo que desmbocaría en el nazismo. Sus teorías, ¿por qué será?, tuvieron bastante éxito en Alemania, país, cultura, nación, ansiosa de reconocimiento y hermandad interna, sin contar que cualquiera siente debilidad por un libro donde dicen que eres más lindo que los otros. Además, lo dice un extranjero, y eso tiene más impacto. La obra de Chamberlain fue apoyada por el gobierno alemán, mucho antes del nazismo, recuerden el por qué: necesidad de reconocimiento, de vínculos; aunque sean ficticios.

Si Gobineau y Chamberlain demuestran algo es el poder del libro, y las ideas facilonas. A veces pienso que cualquier libro, por burro que sea, siempre acabará influenciando mucho a la gente, ya que, no importa qué o cómo lo diga, siempre encontrará un sonso al que le guste, y éste, pues, siempre encuentra algún débil mental que le acompañe en su ignorancia. Y aquí, el gran problema, es la gran cantidad de libros burros que hay en el mundo.

 

Dos. Hitler era un izquierdoso resentido social. El título original de la entrada contenía ‘Diez razones’, el tamaño de la primera impulsó una drástica reducción, tres probarán ser suficientes. Muchos, no sé por qué, manejan a el nazismo como derecha, utilizándola para desprestigiar a la misma, cuando el nazismo es izquierda de cabo a rabo, lo que pasa es que no comparte ídolos con las otras izquierdas (todas las izquierdas tienen sus idolitos, son idólatras y creyentes, siempre dogmáticos y llenos de fe. Ignoran argumentos y el razonamiento. Ven, siempre nazis). Veamos, dentro de una conceptualización vulgar del asunto, ¿qué es izquierda? Bueno, es la idea fácil de que por dar al pueblo se le ayuda, y por eso los beneficios al pueblo son un objetivo de la izquierda, ¿no ve? La derecha sabe mejor, lo que se debe hacer, para en verdad ayudar al pueblo, es crear condiciones positivas para la generación de riqueza, eso es. Pero no estoy escribiendo esto para aclarar quién es qué y sus ideas, debo defender la tésis de que los nazis son, efectivamente, izquierda.

            En primer lugar, para igualarse entre ellos, los nazis se referían entre unos y otros como Kamerad, o camarada. Ya saben, mientras más vertical es la cosa, más igualitarios se ponen. Es que el origen del Partido Nacional Socialista Alemán, Nazi pa’ los amigos y la historia, es—eso de Socialista ya debería ser ‘revelación’ suficiente—el Partido Alemán de los Trabajadores, así, tal cual. Sus fundadores fueron Anton Drexler y Dieterich Eckart. Anton era un firme creyente en la ‘clase trabajadora’, a la vez que un antimarxista. Ambos tenían algo de antisemitas, ya que el enemigo era ‘el capitalista judío’. Se debe recordar que en Alemania, y otros lugares, los judíos eran bastante discriminados, no podían ser dueños de tierra, por ejemplo, así que no les quedaba otra que ser artesanos, comerciantes y usureros, prestamistas de dinero. El cliché de judío con dinero por prestarlo, tenía su razón de ser; aunque, como todo cliché, la imagen que se repite no es una correcta imagen de ninguna totalidad.

            Hitler, como buen resentido social, sentía desprecio por aquellos que tuviesen un centavo más que él. Así, el nazismo tenía bastante retórica antiburguesa, que era también un coqueteo con las personas de menores ingresos. Sin contar que la lógica económica de Hitler involucraba al estado directamente: estado en la educación, estado en la economía, estado en todo, a diferencia del ‘laissez faire’ (dejar hacer, dejar pasar) que es el lema clásico de cualquier movimiento que busque identificarse con la derecha. Entonces, ¿por qué es Hitler considerado de derecha? Bueno, los nacionalistas, en oposición a los izquierdosos internacionalistas—en esos tiempos era una noción de… algo así como búsqueda de la hermandad de los pueblos, o una burrada parecida—siempre han sido considerados de derecha. También se debe señalar que estas clasificaciones de quién es quién, por lo general la hacen los sociólogos, comúnmente izquierduchos.

            Si bien comunistas y nazis se pelearon las calles alemanas durante los años 20’s, al igual que ellos se consideraban revolucionarios, y también los nazis querían ayudar a la masas alemanas. El mayor representante del ala izquierducha, que es gran parte de la esencia nazi, fue Ernst Roehm, jefe de las S.A., a su regreso de Bolivia, donde estaba colaborando con Kundt, en la guerra del Chaco. Si bien Ernst acabó siendo ejecutado por peleas internas nazis, esto no quiere decir que todos los aspectos socialistas quedaran sepultados con él. Recuerden lo mencionado, el estado en todo y la hipócrita consigna de buscar beneficiar a todos. Izquierda cuchi.

 

Tres. Hitler acabó sentenciando a su propio pueblo y en vez de dolor sólo sintió desprecio. Sí, Hitler mando asesinar siquiera casi cinco millones de judíos, según los cálculos más científicos. Casi otros cinco millones morirían en manos de los nazis, entre eslavos (polacos y rusos), gitanos y ciudadanos alemanes opositores al régimen de este hombre monstruo. Dada la naturaleza sistemática, este horror ha impactado a la humanidad entera y no sin justa razón; aunque esto también permitió a los comunistas ser considerados como un mal menor dentro de la historia de la humanidad, valga recordar que los nazis, en su peor momento, todavía fueron unos aficionados comparados con sus pares rojos, en el sentido ideológico. Y, ¿esos diez millones de asesinados? Ya que estamos hablando de prisioneros rusos y polacos, y judíos, que no estaban combatiendo. ¿Y? No digo nada nuevo si reconozco el horror que esas muertes significan, y lo que yo quiero hacer es decir algo nuevo. La propaganda del Holocausto, denominada Holocaust INC. Por Norman Finkelstein, un escritor judío él mismo, ya se encargó de comunicar y publicitar este horror a todo el mundo. Y es que, en lo que al otro se refiere, hacerle crueldades no es ninguna novedad, y si bien esto no es excusa para no condenarlo, sí debería ayudarnos a mantener la situación en perspectiva, ejemplo: los judíos de Israel no tienen el menor problema en invadir territorio ajeno, y mantener a millones de palestinos en situación de miseria. O sea, no tienen ningún problema en ser crueles con otros, independientemente si los nazis fueron más sistemáticos.

            Y es que, aquí la termino, el nazismo es un concierto de horrores, rara vez se ha visto crueldad tan grande, y sobre esto se debe añadir el desprecio de Hitler por su propia gente. En mi opinión, esto: la voluntad de dañar a su gente, debería ser la condena final de este personaje. Al final de su vida, cuando ya era seguro que el mundo nazi se derrumbaba, Hitler demandó la destrucción total de Alemania para no dejarle nada al enemigo, y sin piedad del pueblo alemán que había fallado a su genio, fue Albert Speer, el encargado, al final de la guerra, de la producción y las industrias, al que le correspondió rehusar cumplir las órdenes de Adolfo, en el filme ‘Das Untergang’, precisamente se ve ese momento, cuando él, Albert, le informa que no ha cumplido su orden. De acuerdo al testimonio de Speer, a Hitler no le importó demasiado, esa Alemania prisionera de ‘eslavos y judíos’ ya no era de su incumbencia.

Mongoles, romanos, vikingos, griegos, y muchísimos otros, los chinos de Qin, los mogoles, o los indios de Ashoka, los zulúes de Chaka, todos, todos llevaron sangre y destrucción al enemigo para beneficio de sus propios pueblos, sólo nazis y comunistas fueron tan, tan destructivos con sus propias comunidades. Si odias al otro, y odias a tu propia gente, entonces, ¿qué te queda? La respuesta es nada. Sólo quedas tú, y ese egocentrismo extremo, sólo puede ser destructor, de todo lo tuyo, así como de los otros. Un líder así no merece la simpatía de nadie, y ése es el tipo de líder que Hitler fue. ¿Cómo es posible que hoy en día haya gente que todavía defienda su legado? Bueno, hoy en día no sabemos contar hasta diez, ¿no? El mundo celebró el cambio de milenio el año equivocado. Las religiones de dos centavos se multiplican. Todo se niega o cuestiona con un relativismo facilista. No me extraña la supina ignorancia y simple estupidez de nuestro tiempo, a la vez que no me incluyo en su decadencia, yo no, yo no celebré el cambio de milenio al final del ’99. Y, Hitler, sin negarle su lado genial, fue un verdadero monstruo, porque el largo de sus dientes incluyó devorar a su propio pueblo.

 

Por extraño que parezca, éste es uno de los artículos que debía escribir, así que, bueno, cumplido. De todo lo dicho, ya saben, pueden averiguar muchísimo más.

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Published by Rodrigo Antezana Patton - dans Problemas
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