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27 novembre 2008 4 27 /11 /novembre /2008 01:23

            Si quisieramos traducir el título del más reciente filme de James Bond, creo que podría sugerir “Un destello de paz”, siendo libre y fiel. Libre, por cuanto no son las palabras exactas, y fiel, porque capta la idea central. Si prefieren, claro, la podemos llamar “Un quanto de consuelo”, tal cual. Horroroso. Aunque en inglés suena bien, con el usual acomodo exótico con que las lenguas germanas dan la bienvenida a los vocablos griegos o latinos. Títulos aparte, todos sabemos muy bien de qué estamos hablando, éste es el agente de la Reina, el que le arruinó sus planes a Doctor No, el que persigue a Blofeld, viajó al espacio exterior en una lanzadera espacial brasileña, e impidió que unos terroristas quemen Londres con un Ojo de Oro. Eso era antes, ahora, con la crisis internacional, con el precio del petróleo por las nubes, con los Estados Unidos enfrascado en dos guerras, con los terroristas árabes luciendo atentados de película cada par de años, había que ser más austeros. James Bond tenía que venir a Bolivia.

            Sí, en serio, Bolivia, tal cual, sólo que, nadie sabe muy bien qué pasó, no pudieron filmar en el país. Inestable, parece que alguien susurró al impresionable oído del productor. ¿Qué más le habrán chismeado las malas lenguas del imperialista gobierno yankee a los ‘progres’ artistas? Ni idea. Se equivocan, chicos, la propaganda reaccionaria miente, como no podría ser de otra manera, aquí estamos yendo pa’ Suiza, sólo nos faltan… ¿Cuánto?, ¿doce años para superarles? En caso de dudas, esta figura se llama ironía. Aparentemente, la producción de Bond estaba decidida a viajar al sur pa’ hacer su filmación, eligieron un país vecino a Bolivia y, zas, ahí filmaron, se fueron a Shile. Debo reconocer que el resultado engaña, la pobreza se parece, se preocuparon en copiar alguna vestimenta de postal para turistas, algún rostro moreno casi reconoces, y los extras indígenas casi se están riendo en su momento de sufrimiento. Jiji, diciendo. Una pena que no se pudiese mostrar a la verdadera ciudad de La Paz, aberración urbanística semejante sólo hay una. Usualmente, cuando se comete un error tan grande, la gente pide disculpas y se va a un lugar habitable, en cambio, allá, siguen insistiendo. Sabemos que es cine, y es Bolivia… ahora, en qué barrios de qué ciudad Chilena habrán filmado, que si así está todo el Chile de Bachelet, uuuuh, qué mal.

            Recordando, Sean Connery fue el agente que se las sabía todas, suave, Moore tenía algo de payaso, Dalton parecía el malo de la película, Brosnan ofrecía un buen balance, buscaba ser el seductor, falta ése que hizo sólo un filme, y ¿Craig? Pues parece estar muy enojado. Actor, productor, director y guionista, consideraron apropiado, ahora que Bond no puede conducir su Ashton Martin sin que le cueste un dineral—ah, me olvido, está bajando el precio del petróleo, el problema es que ahora ya nadie tiene plata. Mmm—, dotarle de un puñado de furia como distintivo. Este nuevo James Bond está colérico, y para seguirle la pista sólo habría que hablar con los reporteros de la crónica roja, en el sentido amarillista del asunto, no idelógico. Diría que, con el corazón roto, la sed de venganza le viene bien al héroe de la narración. Y Bond sigue siendo Bond, a pesar de los detalles, menos artilugios llamativos (cuando el que más o el que menos, todos tienen su celular con cámara, filmadora, agenda, etcétera) y una reducción en las pruebas de paternidad. El filme no tiene locuras tan espectaculares como en otras versiones, lo que me parece acertado ya que éstas no necesariamente impresionan o divierten, igual vemos persecuciones en lanchas, automóviles, y malabarismos humanos, suficientes como para que la película transcurra veloz ante nuestras retinas. Ah, claro, sin olvidar una que otra explosión casi obligatoria del género de acción.

            Es interesante ver que la edición es hija de la escuela histérica, como vídeo musical de reggaetón en movimiento rápido. Por momentos dan ganas de aparecer en el cuarto de edición, acercarse al hiperactivo editor, pegarle una bofetada y decirle, bien clarito: ya deja esas drogas. Es que las anfetaminas hacen daño. Bromas y moralejas aparte, la edición ultrarecontraarchirápida de “Quantum” es la más pulcra que he visto. Sigo considerando que es más trabajo que efecto, y la mecánica de contar más rápido en verdad no afecta el encanto de la melodía, si se me permite la analogía musical, pero no puedo pasar por alto que, esta vez, la edición fluye, como agua y espuma—es un río revuelto. No es poco merito, para alguien que consume esteroides de caballo. Esto quiere decir que hay una muy cuidadosa planificación en el trabajo de cámaras. Ya saben, sin uno, no hay dos.

            Finalmente, y ¿qué tal la chica Bond? Bueno, a Olga Kurylenko hay que nacionalizarla. Y ¿qué hay de la historia? Pues, qué puedo decir, es una película de acción, hay que ir a distraerse, es cine lúdico del bueno, nada intelectual. Lo que no me impide mencionar que se trata de una peli’ de ‘progres’, ¿no? Ya saben, la típica tontería racista donde sólo los del primer mundo son sujetos, o sea los problemas de los países pobres, como esa bolivia shilena del filme, son fruto de las conspiraciones de los poderosos del primero. Supongo que en algún momento aprenderán, cuando comiencen a considerarnos personas, que nosotros tenemos todo lo necesario, la maldad requerida, la ignorancia solicitada, la sinvergüenza exigida, para destruirnos nosotros solos, solitos. Hasta que seamos sujetos para ellos, podremos contar con la colaboración de James, James Bond, y disfrutar de la película de principio a fin, esperando que a Olga no le dé cáncer de piel, después de trabajar tanto en su bronceado, y que no todos los turistas ingleses sean tan dañinos con la fuerza pública y los hoteles del barrio. “Quantum” es una buena película de acción, su velocidad puede hacernos olvidar cualquier problema ideológico, sin olvidar que sí, también está ahí, como un destello.


La nota vendría a ser medio que reciclaje, ya que salió en Los Tiempos, pero faltaban las últimas líneas.

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Published by Rodrigo Antezana Patton - dans Historias
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