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14 février 2009 6 14 /02 /février /2009 10:12

            ¿Ya les conté la historia del tipo que quería ser libre? Bueno, si lo hice, aquí se viene un repete. Había una vez un tipo tan, tan bueno, que el dios rey del panteón local se digno darle una visita. “Oye, vos, cumpa’”, le dijo con familiaridad, “eres tan bueno que te mereces un premio”, le comunicó, “te puedo dar lo que más quieras”. El cuate, que no era ningún menso, al menos en apariencia, le dijo: “Cacho, cacho, rey de los dioses. Si yo te pido algo ahora, lo haré desde mi esclavitud humana, desde mis limitaciones y miope perspectiva”. El rey de los dioses, ante el pigmeo razonamiento, asintió, era, pues, verdad. “Sí, sí. Así sería. Ahora, ¿qué quieres?”. “Momento, momento,” protestó el cuate, “¿no podríamos, antes, quitarme algunas limitaciones?”. El rey de los dioses, que no tenía nada que hacer en ese momento, consideró que sería interesante, así que accedió. Entonces, el hombre, lo primero que se quitó fue el hambre, para no pensar con la limitación de su estómago, después se quitó la mortalidad, para no pensar con la limitación de su corta vida, después se quitó el género, para no pensar con la limitación de su sexualidad, después se quitó la necesidad del sueño, la posibilidad de cansancio, y tal vez algún detalle más. Al final, una masa de fuego ígneo quedó en frente del rey de los dioses. El dios le preguntó, “Bueno, ¿hay algo más que te quieras quitar antes de que te otorgue lo que más quieras?” No hubo respuesta. “Entonces, deduzco”, prosiguió el rey de los dioses, “que ya te puedo otorgar lo que más quieres. Así, ¿qué quieres?, ¿cuál será tu premio por ser tan bueno?”. La masa ígnea no respondió. Dándose cuenta, el dios rey, que había metido la pata soberanamente, se fue del lugar, y nunca le dijo nada a nadie. (La historia nos llega a través del testimonio de un niño que vivía cerca y lo escuchó todo)


Matar

            Para cuando llegan a la tierra ya son asesinos, para cuando termina la película, no puedes evitar sentir compasión por cada uno de ellos. ¿Quiénes? Los replicantes, los seres humanos desarrollados genéticamente para hacer el trabajo pesado y, en el caso de algunos, servir nuestros apetitos sexuales. La versión nexus 6 es equivalente al ser humano en muchos aspectos, tal vez superiores en algunos. Humanos más que humanos. ¿Cómo se podría controlar una fuerza de labor semejante? Con un sistema de seguridad, cuatro años de vida.

            La película es “Blade Runner”, la mejor de ciencia ficción, si me preguntan a mí. El tema de la misma es bastante sencillo, un grupo de replicantes llega a la tierra, del espacio exterior, y se mezcla con la población local, por lo que un policía eliminador de replicantes, un blade runner, debe encargarse de buscarles, encontrarles y ‘retirarlos’, ya que no se utiliza la palabra ‘asesinar’ o ‘matar’, para cuando se elimina un replicante. Dirigida por Ridley Scott, con la actuación de Rutger Hauer, Sean Young, Daryl Hannah, y, lamentando, Harrison Ford—que aprendería a actuar mejor en el futuro, en este filme, su rendimiento, considerando la calidad del mismo, es apenas pasable. El resto del elenco, en cambio, especialmente Hauer, nos dejan un buen recuerdo.

            Scott es un director muy visual, esta película es una joya de ambientación e iluminación. La imaginación, el tema, el buen ritmo hacen el resto. A estas alturas se pueden disfrutar de tres cortes de la misma: la edición inicial, con la voz fuera de Deckard, la edición aniversario, llamada del ‘director’, y la edición final, la verdadera edición del director. Debo reconocer que la diferencias entre una y otra, exceptuando el final feliz de la primera versión, no son muy relevantes (nunca le vi mucho interés al sueño del unicornio, ahí le doy la razón al productor, es inútil). Los momentos más interesantes y fuertes del filme, quedan tal cual desde el primer momento (exceptuando ese final feliz), por eso ni bien nació fue un clásico.

            Roy Batty (Hauer) trae a su grupo al planeta con la misión de infiltrarse en la corporación Tyrell, sus creadores, una vez ahí, deberían, si es posible, obtener algo para ellos mismos: vida. Una de las preguntas que se hacen estos personajes, que en el fondo conocen hasta cierto punto, es ¿cuánto tiempo les queda? Aparentemente desconocen la fecha exacta de su nacimiento, así que, con esa duda, su carrera por encontrar algo que les ayude es contra el tiempo y, no sólo, las fuerzas policiales. Roy y Pris (Hannah), junto a Zhora y León, asesinan siquiera cuatro personas ante los ojos de la audiencia, y uno de ellos, John F. Sebastián, nos llegó a caer bien, como el científico recluido que fácilmente cae a los encantos de Hannah.

            Deckard, el blade runner, consigue averiguar dónde están, con alguno de ellos cayendo fácilmente en sus manos, el caso de León. Para terminar sólo quedan, Pris y Roy. Dado que Batty parte, con John F., hacia la guarida del creador, de papá, Eldon Tyrell, Deckard logra eliminar a Pris es una desesperante escena, con gritos, sacudones y todo eso. Cuando Roy regresa al edificio Bradbury, sólo le resta una cosa por hacer, venganza.

 

Vivir

            El final de Blade Runner tiene una gran deuda con el cine del lejano oeste, el far west, donde el bueno y el malo se encuentran en un ‘mano a mano’ final, donde ganará, obviamente, el que mejor maneje sus seis tiros. Ya el far west jugó con esta situación en más de un ocasión. ¿Quién es el malo?, ¿quién es el bueno en “Blade Runner”? Roy es superior a Deckard, más fuerte, más resistente, cuando regresa y encuentra a Pris asesinada, Roy y los replicantes ya han sido derrotados, no tienen nada, no les queda nada, ni la esperanza de una mejora. Dado que Hannah es tan hermosa, y su muerte fue tan espeluznante, es fácil sentir empatía con los replicantes en esos momentos, comprendemos el odio que Batty pueda sentir, comprendemos su crueldad, el deseo de jugar con su presa. De toda esta magnífica secuencia, con Roy aullando como un lobo, con las luces ingresando por las ventanas, nunca olvidé la escena en que Batty se inserta un clavo en su cuerpo.

            Le vemos agarrando su mano, congelada en una garra, con furia dice: ‘Todavía no, todavía no’, e inserta un clavo en su palma, para que le duela, para que el dolor le devuelva la vida. La explosión de dolor es lo contrario de la paz del adormecimiento, que, en ese momento, para Roy significaba la muerte. Me hace recuerdo a hermoso poema, con el que no estoy del todo de acuerdo—eso no le quita que sea hermoso—de Dylan Thomas: ‘No vayas con gentileza a la buena noche, la vejez debería enfurecerse al terminar el día. Furia, ira contra la muerte de la luz’. Furia, ira, dolor, dolor para volver a vivir. Roy Batty está muriendo, sus cuatro años terminan esa noche, sin importar lo que pase, ya ha sido derrotado, sin Pris, sin León, sin Zhora, sin vida, ¿qué le queda?, ¿la furia de la venganza? Su enemigo, también, ya ha sido derrotado, en más de una ocasión Batty ha demostrado que podría haberle matado.

            Todos conocemos el magnífico momento culminante: Deckard no puede saltar con éxito, y queda agarrándose con desesperación de una viga. Roy logra realizar el salto, y con su fuerte brazo impide la caída de Deckard. Después viene su breve monólogo: “He visto cosas que ustedes no podrían creer. Naves de ataque en llamas, más allá del hombro de Orión. Vi Rayos C, brillando, cerca de la puerta Tannhauser. Todos estos momentos se perderán… como lágrimas en la lluvia… Ha llegado la hora de morir.” Y al público le dan ganas de aplaudir y ponerse de pie, felicitar ese último acto, no la del malvado que ríe con su víctima ejecutada, a medida que ambos se hunden en el pantano. El último acto de Batty, como muchos señalaron, humilla al héroe del filme, el asesino de León, Zhora y, más importante, Pris. En la versión con voz fuera tenemos la explicación de Deckard, que no es mala, ‘en ese momento, tal vez amó la vida más que a nada, no sólo su vida, sino la vida de todos. Mi vida’. Cualquier explicación no puede variar mucho. Batty ha perdido todo, y no considera, en ese momento, que la muerte del policía le vaya a servir de algo a él, su vida, en cambio, es útil en sí misma. Su vida es vida. Y vida es lo que ellos querían, sabe que no podrá obtenerla, ¿por qué no otorgarla?

            La desesperada búsqueda de vida, patente en el filme a través de la brutalidad de los propios replicantes, al igual que el momento final, es el mensaje más fuerte de toda esta producción. En mi cultura (i.e., mi particular manera de ver este mundo) la satisfacción es algo malo y la confrontación de problemas diarios es algo bueno—esto no quiere decir que el dolor sea bienvenido, no sean burros—es el ‘hacer algo’, el seguir adelante, lo que es positivo. Muerto Batty, Gaff (Edward James Olmos) felicita a Deckard, y lamenta que ella no vivirá, y añade ‘pero, acaso, ¿alguien lo consigue?’. Es nuestra mortalidad la que nos permite simpatizar con los replicantes que buscan vivir más, incluso comprendemos su furia. Entonces, en tu vida, ¿serás un asesino como los replicantes, harás daño?, ¿o considerarás la posibilidad de que cada acto tuyo sea un acto final, y serás Batty salvando a Deckar?


            Y esa pasión por vivir, que al final salva la vida de Deckar, existe en él, en ese momento, porque eso, vida, es lo que le faltará a él. También comprendemos eso. Somos seres hechos de limitaciones, de necesidades, lo que, en mi cultura, es, precisamente, lo bueno, ya que podemos satisfacer esas necesidades y eso nos otorga la posibilidad de la alegría que trae esa satisfacción, siempre momentánea. Por eso yo diría ‘Que no te falte el hambre’, como algo bueno, como símbolo que hay algo que te impulsa, que forzaría un clavo en tu palma para ahuyentar el adormecimiento, la indiferencia, la satisfacción que nunca llega a nuestras limitadas, patéticas existencias. Igual, nos gustaría vivir más, como a los replicantes, como a todos.

Que no les falte el hambre.

Si les da flojera volver a ver toda la peli, hay las escenas clave en youtube, incluyendo el monólogo final de Roy. Sip, el artículo de laberinto se postergó otra vez. Pa' la próxima, diría; pero mejor esperar, poco a poco, diría que pa' la próxima voy a hablar de H. R. Giger, el título será algo así como 'Destruir la carne'... o tal vez, no. Ah, todas las imágenes pertenecen a sus respectivos dueños, utilizadas sin fines de lucro. Y bienvenido de regreso, público en un 60%.

 

Si le

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Published by Rodrigo Antezana Patton - dans Historias
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