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6 avril 2009 1 06 /04 /avril /2009 07:41

            No soy muy futbolero que digamos. Recuerdo que antes del miércoles 1º de abril, alguién comentó que se venía el partido, no recuerdo quién. Creo que fue un par de días antes, de seguro tenía que ver algo con el trabajo. En mi labor debo ir a la oficina todos los días, como cualquiera; pero, el mismo también involucra salir bastante por la ciudad, para una multitud de actividades y bastante seguido. El día miércoles, 1º de abril, salí de mi casa a las 3 y un dedo, reconozco que debí salir antes, ni modo. Salí un poco atrasado, sabiendo que era el día del partido, sin tenerlo en verdad presente—como mi padre es muy futbolero, había un montón de juegos que él deseaba ver, entonces, el partido de Bolivia se convertía, simplemente, en uno más.

            Recién al llegar al Prado de Cochabamba me di cuenta que muchos consideraron el juego relevante, suficiente para que cada restaurante del Prado, un área con muchos lugares de ocio y comida, tuviese un televisor sintonizado a canal 7 que transmitía la imagen, supongo que para todo el país, incluída La Paz. Para mí, un partido de la selección simplemente involucraba que no hayan humillaciones, sabíamos que desde hace tiempo que habíamos perdido el tren de las eliminatorias, al menos, así estaba en mi mente.

            A medida que atravesaba el Prado comencé a escuchar ‘uuuuuuh, oooooh’, los típicos clamores proferidos cuando alguno de los bandos en contienda se acerca al arco contrario. Como sabía que era la selección de Argentina la que nos visitaba, pues, yo pensé que se nos estaban arrimando con agresividad. En cada tienda, radio, o tele, en cada lugar que atravesaba, que tuviese algo de público, se podía ver o escuchar que veían u oían el partido. Fue entre la calle España y la próxima que me di cuenta que me había pasado una cuadra, supongo que en mi mente estaba mi ruta de cobro de cuotas. Por lo que debía subir hacia la plaza principal y atravesarla en diagonal para encaminarme con mejor dirección a mi destino (un oficina de impuestos). Ahí vi a un hombre que, al ver la televisión encendida en un café, profirió, no sin poca alarma: ‘¡ya ha comenzando el partido, ¿a qué hora era, pues?!’. ‘Comenzó a las 3 pm’, le pude informar, mientras información del juego me llegaba de siquiera unas tres fuentes.

            Comencé a notar que el centro, muy concurrido en Cochabamba, estaba bastante menos lleno que lo usual. La presencia social del juego, también, me llamó mucho la atención. Qué impresionante poder multitudinario que tiene este juego.

            Al entrar en la oficina burocrática que debía visitar, me recibió mucha alegría. ‘Goool’, gritaba el grupo de gente, todos arrimados frente a una computadora. ‘¿gol?, ¿de quién?’, pregunté como un despistado, haciendo caso omiso de que la alegría del conjunto era respuesta suficiente. ‘De Bolivia, pues’, me respondieron. ‘Qué bien’, afirmé, lacónico. De mis trámites, sin embargo, no tenían una respuesta positiva, debía volver, el viernes (trámites con burocracia de gobierno, debía estar la semana pasada, y me dijeron pa’ el lunes, el lunes no pude ir, y miren, postergado otra vez. Valga adelantar que el viernes sí me dieron las cosas).

            Abandoné la oficina con un resultado favorable. Me dirigí a la universidad, donde debía dejar unos papeles pa’ su fotocopia, y anillado. Hartas fotocopias, hartos anillados (por éso en la U., más barato). ¿Fue en medio que nos empataron? Creo que sí. Recuerdo que llegué a la fotocopiadora, pregunté el resultado, me dijeron que uno a uno, con un dejo de tristeza, cuando ‘Penal, penal’, dijo una de ellas—las que atendían eran todas mujeres—dejé mis cosas mientras se realizaba el penal. Hubo un pequeño festejo mientras anotaron mi pedido y fijábamos un precio. Creo que aquí me encontré con un par de amigos. ¿o fue al día siguiente, cuando fui a recoger las fotocopias y los anillados? Lo que sí, después de la fotocopiadora me dirigí a tomar movilidad pública—ya quisiera yo que fuera todo taxi pa’ ‘lla, taxi pa’ ‘llí—y me di cuenta que no había ninguno que me llevará directo a la ofi, no había ‘Línea ‘vamos donde quiera ir el Rodrigo’’, qué mundo más indiferente. Después de llegar a la conclusión de que mejor alguno que me deje lo más cerca posible a acabar todavía más lejos de lo que estaba me decidí por ir en micro ‘K’, ruta que habría de recorrer por primera vez en mi vida. Me dejo donde debía, a la altura de la Quintanilla, todavía a unas cinco cuadras de mi oficina; pero mejor que 15.

            El micro ‘K’ no estaba escuchando el partido. De la plaza, otra vez, comencé a caminar, la calle estaba entre animada y silenciosa. Cada local con televisión tenía a más de una persona viendo o escuchando el partido, la gente parecía estar trabajando a media máquina, estaban hipnotizados por la pelotita. Al acercarme a la ofi’, ubicada en un edificio frente a una heladería, comencé a ver gente, o sea, gente que llegaba, sobretodo changos y chicas, en grupo. En mi mente, más que el partido, pensé que tendría que haber otra razón para esto, no lograba imaginar muy bien qué. Sólo el volumen de la heladería, me hizo recordar qué estaba pasando. Ya dije que al partido yo no lo tenía muy presente. Al llegar la ofi, otra vez, el ‘uuuuuh’, el ‘aaaaaah’. Yo no sabía si de Bolivia o Argentina.

            En la ofi’ estaba casi todo el mundo, faltaba el jefe, de viaje. Una colega que trabajaba en el mismo lugar; pero otra entidad, estaba escuchando/viendo el partido a través de una transmisión que venía a través de internet. Como la conexión no es de las mejores, teníamos unos quince minutos de atraso. Así que nuestra secuencia de festejos se puso muy confusa. Yo me metí a hacer lo que tenía que hacer. Cuando llegó el festejo gran, a poco de mi llegada a la ofi. ¿Saben? La gente al ver un partido aplaude y vitorea una buena acción, no necesariamente todas las alegrías son goles, ¿no? Hay ‘casi goles’ tan interesantes o tan bueno como el mejor gol, se recuerdan menos; pero el público, al verlo, lo grita tanto. A poco de llegar, decía, hubo un estallido de alegría. ¿Era gol?, ¿fue un efectivo tiro al arco?, o ¿llegada y travesaño? Recuerden, había suficiente gente por el lugar como para que cada rato se pudiese escuchar los ‘uuuuuh’ y ‘oooooh’, desde el séptimo piso. Yo dudaba, ¿será, pregunté? Nuestra transmisión a destiempo no podía confirmar. ‘Sí’, me decía la compañera de ofi’, ‘sí’. ¿Tres a uno? Y había más festejos, y más…

            Probablemente el quinto y cuarto gol, a nosotros, nos llegaron uno tras otro, uno en la pantalla, otro de afuera. ¿Cinco? Yo no tenía noticia de que alguien le hubiese ganado a Argentina por cinco a uno, ni siquiera en su propia cancha. Claro, me acordé del gran trauma argentino, el cinco que les metió Colombia. Algo histórico. Pero la cosa seguía, hubo otro grito. Otro festejo. ¿seis? Eso sí que no me lo podía creer. Eso era algo que sucedía muy, muy poco, en el fútbol, sea quien sea contra quien sea. ¿Seis? Y es que no sabíamos muy bien qué pasaba, con la conexión atrasada y saltada. Mi compañera, decía, a medida que iban subiendo los números, yo había llegado cuando recién comenzó el 3 a 1, ya que en la ofi’ estaban con unos quince de atraso. ‘Mira, mira es cuatro’, me decía, ‘mira, mira es cinco’, ‘mira, mira, es seis’. ¿Seis? Frente al edificio de oficinas hay otro, muy similar, de sólo departamentos, exceptuando los pisos de la primera planta, de ahí, salió alguien que gritó: ‘Goool, es goool’. ¿Por qué gritó? Bueno, si hubiese estado en el partido, o sea, viendo el partido, ¡cómo no iba a gritar gol, seis, era seis!

            Todos en la oficina estaban de buen humor. Salvo el ayudante, que se quejó de que Maradona no era ningún director técnico, al igual que Erwin Sánchez. Supongo que él mantenía el asunto en una inncesaria perspectiva. Yo prefería anotarme a disfrutar del momento. Era un resultado para la historia. Me alegró que fuese nuestra historia el lado que, ese día, tenía la victoria. A estas alturas, yo estaba anonadado por la información que había recibido, ¿seis? En verdad que no lo podía creer. El equipo boliviano estaba prácticamente eliminado, no podía, obvio, tratarse de un gran equipo, Argentina; aunque de capa caída, seguía siendo Argentina. Tan sólo la anterior noche fue noticia que en Bolivia la policía debió hacer uso de la fuerza para controlar a la multitud que había ido a ‘ver’ a la selección argentina. Ahí estaba Messi, y otros tantos nombres que resuenan; aunque en este momento no me acuerde quienes eran. ¿Qué había pasado? Yo no sabía, sólo conocía el resultado. Al llegar a casa, ya sabía con quién tenía que hablar.

            Antes fui al cine. Mi cumpa con el que vimos la peli, lamentaba el exceso de festejo, como si el fútbol fuese algo importante. Yo ya dije que prefería adscribirme a la alegría del momento. Cualquier pretexto es bueno pa’ festejar. Después de la peli’, bien nomás (Inframundo: La rebelión de los licántropos—aventura, acción, chica bonita. Bichos por todas partes. Bien pa’ entretener. Mejor que la 2, siquiera como la 1 o mejor), me dirigí a casa, llenó de preguntas. Después de saludar a mi madre, me dirigí a la otra sala donde mi padre todavía veía las otras eliminatorias del día o revisaba los resultados globales junto a los comentaristas de ESPN o Fox Sports. ‘¿Qué pasó?’, le pregunté. ‘¿Cómo pudo Bolivia masacrar a Argentina de esa manera?’. Me había enterado, en el trabajo, que a partir de cierto punto, los queridos vecinos jugaron con uno menos; pero, pa’ entonces la derrota ya era total. ‘¿Qué pasó?’.

            Mi padre me explicó varias cosas. Recordó que el día anterior la selección argentina había llegado a ser recibida como local, con una multitud de gente boliviana que los veía como a un gran equipo, que lo es, con grandes nombres, que los tiene. Hubo varios partidos de la selección, no todos habían tenido la atención que había provocado éste. Eso se debía a Argentina. También, los argentinos venían de haberle ganado a Venezuela, de visitante. Al comenzar el partido, me contó, los bolivianos habían arremetido con talento, cuerpo y puntería. (Recordé los ‘oooooh’ y ‘aaaaaah’, a medida que recorría el Prado y la ciudad) Ante la efectividad boliviana, su agresividad, el esquema argentino se quebró. También me contó detalles, que el penal venía después de jugadas peligrosas. Y reveló que el argentino, como jugador, no tiene ‘ñeque’, localismo que se puede traducir por ‘espíritu combativo’, en otras regiones dicen ‘garra’. El argentino siente que debe ganar, que le va a ser fácil, y no puede remontar un resultado en contra, se desespera. Me contó que la expulsión del argentino, justificada, fue por una falta de bronca, inútil, que lucía de manera elocuente el sentir del equipo, la impotencia. Hablamos bastante. No transcribo todo, me contó el partido que no había visto, salvo diminutos pedazos.

            A la noche, vimos las caras larguísimas de los presentadores de Fox Sports, emitido para Latinoamérica desde Argentina.

            Como noctámbulo, escribí mi artículo a la noche, me recogí a las 3:50 a.m., un hincha boliviano, que hacía horas extras, pasó con su bocina, comunicando su alegría al barrio, a una hora poco apropiada para ello. Me hizo recordar que, cerca del laburo hay un colegio, cuya banda práctica a las 6 o poco antes, la gente, al pasar, se unía a la banda con sus bocinas, como si fuese parte de un festejo.

            Al día siguiente, pasando por las calles, casi no había periódicos, las ediciones se agotaron.

            El sábado, fui a comprar pantalones a la cancha, nombre del mercado popular más grande de la ciudad, entre los que venden películas piratas, me encontré con copias del partido. Muchas copias.

            Al día siguiente, en el correo colectivo de un grupo en el que me incluyeron llegaba una felicitación desde Argentina (sin contar lo que se dijo en facebook, o que en youtube pude ver, por fin, los goles, desde una subida en árabe, de la televisión al-yasira), ‘felicitaciones’, decía, ‘yo, por wueon, no entendí el resultado, pensé que era 6 a 1, argentina, no podía creer otro resultado’—y éste sí que debe ser un argentino anómalo—‘, al día siguiente, al ver las lágrimas del kiosquero, recién comprendí la verdad. Felicidades’.

            ¡Seis a uno! Su segunda peor derrota de la historia.

            En verdad me sorprende la fuerza que tiene este deporte. Comprendo el fenómeno, sé su razón antropológica, sociológica, psicológica. Igual, me sorprende.

            Lista de los héroes del día: Carlos Arias, Luis Gatty Ribeiro, Juan Manuel Peña, Ronald Rivero, Abdón Reyes, Leonel Reyes , Ronald García, Didí Torrico, Alex da Rosa, Joaquín Botero y Marcelo Martins. DT: Erwin Sánchez 

            Unos artículos que reflejan lo acontecido en cancha:

En una paupérrima actuación, Bolivia 6 Argentina 1

Se llena en elogios Bolivia por la goleada

Para Sánchez Bolivia recibió ayuda de Dios

Bolivianos festejan en las calles

Todas las fotografías pertenecen a sus respectivos autores. Utilizadas sólo para ilustrar y sin fines de lucro. (No molesten, ¿ya? Es sólo pa' festejar)

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Published by Rodrigo Antezana Patton - dans Historias
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