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6 août 2006 7 06 /08 /août /2006 03:52

            Lo intentaron varias veces antes y no lo lograron, pero en 1984 el director David Lynch pudo presentar al mundo la película “Duna”. Sería uno de los filmes más atípicos del gran director, y un resonante fracaso comercial. La inversión fue mayor a los 40 millones de dólares, su recaudación apenas alcanzó poco más de 27, y no todo ese dinero iba a los que financiaron el filme (No olvidar la inflación). Creo que Raffaella De Laurentiis, hija del afamado productor Dino, quedó tan impresionada por el fracaso que no volvió a producir un filme de semejante magnitud. Lynch, un director que se caracterizaba por su independencia, sólo se arriesgó a un encuentro más con el mundo comercial de la producción audiovisual, me refiero a la muy exitosa serie de televisión “Twin Peaks”. Mientras tanto, ¿qué podía hacer Universal con un filme que no había ganado dinero? Sacarle el jugo. Secar la pobre fuente hasta que no quede una gota.

            Pero “Duna” tenía muchas más posibilidades de las imaginadas al principio. A pesar de todo, no era una mala película, es cierto que contenía los peores defectos de su director: sus manías y artificios, mas no dejaba de ser una producción con su huella, su genio, con la marca de su muy particular y magnífico pincel. La novela de Herbert estaba muy resumida, ese era uno de sus problemas con el público en general y los seguidores del escrito. También hay salidas de tono, exageraciones y deformaciones del original. Sí, y sí. Pero es deber mencionar otros aspectos: el ambiente fantástico, el mundo increíble, lo misterioso y extraño del universo herbertiano imaginado, o deformado, por Lynch. “Duna” tenía algunas cartas que jugar, y las jugó para ganar. El filme se basaba en una gran novela, publicada en 1965, tenía muchos seguidores, y de un amplio rango demográfico, no sólo eran jóvenes, ni viejos, ni sólo hombres. La novela siempre es incluida entre las 25 mejores de toda la ciencia ficción escrita, y sigue siendo una de las más vendidas hasta el día de hoy. Además, una adaptación que es a la vez una superproducción siempre produce algunas olas. En los años ochenta comenzó a circular por televisión, un documental sobre la producción, nos mostraba la magia del cine y nos hacía antojar el filme. También hay un libro sobre la historia de la filmación. En esos días las películas no se estrenaban como hoy, en todo el mundo casi a la vez, o con sólo semanas de diferencia, algunas películas todavía tardaban años en llegar, ese fue el caso de “Duna”. Debido a que fue un fracaso en taquilla no circuló por Latinoamérica inmediatamente, y al país llegó un par de años más tarde. No le fue mal, pero los mercados externos a los Estados Unidos eran, y son, demasiado pequeños.

            Desde mediados de los ochenta, el filme llegó a la pantalla chica en su versión fílmica y, a finales de la década, en otra más larga que Lynch rechazó como suya y fue acreditada al director fantasma Allan Smithee. Pero, a pesar de las protestas de su director, la película seguía haciendo dinero, además estaban las ventas de video y la banda sonora, compuesta por la entonces famosa banda ‘Toto’. Parecía que los seguidores de la obra se iban acostumbrando a las imágenes de Lynch, y ellos conocían el libro y lo resumido de la misma los tenía sin cuidado. Entonces, a principios de los noventa, llegó el juego de computadora, de nombre homónimo, el juego le debía mucho no sólo al libro sino también al filme de Lynch. El juego imitó todo lo bueno del filme, evitando los malos detalles. Una nueva generación se contagiaba del gusto por la obra de Herbert. Este juego inició una larga serie de secuelas, incluyendo la afamada “Dune 2”, el que, sin inventar el género, popularizó y creó el ejemplo a imitar de los llamados juegos de estrategia en tiempo real. Esta serie continua hasta nuestros días con nuevos productos.

            Poco a poco los seguidores de la obra y, con peros, del filme, comenzaron ha hacer sentir su presión económica. Los discos del filme se reeditaron, hasta que finalmente la película apareció en DVD, renovada en una edición para coleccionistas. Ninguna otra película de este gran maestro de lo bizarro ha tenido ese honor. Lynch fue siempre el favorito de todos aquellos que aprecian la fuerza de la imagen. Las revistas de cine y los periódicos culturales siempre le prestaban, y prestan, una atención que no correspondía con su rendimiento en taquilla. En “Duna”, Lynch estaba fuera de su elemento, la historia de la superproducción le exigía enfrentar situaciones narrativas que el no había tocado nunca antes: muchos efectos especiales, batallas y una historia que le era ajena, a pesar de todos sus esfuerzos por apropiarse de ella. Los diversos desafíos que enfrentó el equipo de producción, filmando en Méjico para ahorrar dinero, cobraron un precio elevado en la obra. Lynch hizo lo que pudo, lo mejor que pudo, y ya no pudo más. “Duna” es siempre un tema triste para el director que prefiere no tocar este capítulo de su filmografía.

            Tuvieron que ser los seguidores de la obra, tanto de Lynch como de Herbert, los que elevasen al filme a la categoría de obras de culto. Ahora está ahí, en un estuche metálico, con una magnífica impresión en la cubierta y la contracubierta, es el DVD de “Duna”, más la versión de Allan Smithee. Ya todo el mundo se quejó de la misma, desde el público hasta el director, ya fue un gran fracaso. Pudo más el gusto por las secuencias del sueño, la música, la rarísima presencia del navegador de la cofradía, los gusanos; mecánicos y tiesos, igualmente impresionantes, la euforia de las batallas, la cascada de misteriosos y evocadores nombres (Bene Gesserit, Harkonnen, Atreides, Arrakis... fremen), y la fantástica realidad que Herbert y Lynch habían creado, más pudo lo que había dentro del filme, que todo lo que le faltaba, todo lo que había cambiado, todos sus errores (desde los saltos narrativos hasta el megalomaniático final). Si “Duna” es prueba de algo, es de la fuerza del público. Es para ellos que se construyen las obras, y es gracias a ellos que éstas adquieren vida.

“Duna”, escrita y dirigida por David Lynch, basada en una novela de Frank Herbert, existe gracias a su público.

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Published by Rodrigo Antezana Patton - dans mimeme
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commentaires

Noel Castillo 22/09/2006 22:52

GENIAL

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