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17 août 2009 1 17 /08 /août /2009 05:12

            El proceso narrativo debe ser suficientemente ordenado como para poder construir una historia coherente, así como personajes válidos y reales, y también deberá contener una dósis de libre albedrío, una pizca de caos. Los personajes, si están bien hechos, no seguirán los caminos trazados caprichosamente. Si puedes hacer lo que te venga en gana con una narración, no eres uno bueno. Los personajes deben saber pelear y ocupar su espacio, así que el buscar contar una historia particular, deberá involucrar muchas ‘negociaciones’ con los participantes. Si así se hace, en mi opinión, existirá siempre la posibilidad de una obra que valga la pena.

            Tenía una historia, pensaba hacerla un guión, allá por los años… ¿2000? ¿2001? El esquema de la misma era: una muchacha que cae enamorada de un artista que tiene un lado oscuro. El artista es un sadomasoquista a niveles criminales, él y sus dos ayudantes son responsables por la muerte de siquiera tres mujeres. La muchacha, inocentemente, cae en las manos de este monstruito debido a que también es un buen artista, una persona apasionada que tiene una buena cabeza y un buen gusto. La moraleja de esta película era que una persona puede tener talento y ser una basura. Sólo eso. Recuerdo que mi amiga Teresa, cuando le conté la historia, comentó que el final de ese entonces, era muy accidentado, ya que finalizaba en que el artista y la muchacha morían en una persecución que los lleva hasta una avenida, donde son arrollados por los autos que pasaban. Mi amiga tenía razón, así que cambié el final, a uno donde pudiesen intervenir las voluntades un poco más. Recuerden que no está bien visto el accidente en la narración convencional.

            Debido a que tenía otras cosas en mente, desde la tésis hasta la novela ‘Un sendero hacia el atardecer’, pues nunca llegué a ocuparme mucho de esta idea, prioricé otras. Lo que sucede es que esta idea era una de las pequeñas, de las posibles de realizar, como un largometraje, en Bolivia. Nunca hice un esquema detallado de la misma, la elaboración del mismo, por si acaso, es la ‘negociación’ que yo mencionaba, ahí, en mi caso, es cuando los actores se muestran y pelean por su lugar. Años más tarde, este año, 2009, pensé que sería una buena cosa rescatar este guión con vistas a producirlo, o enviarlo a un concurso. Entonces comencé a pensar la historia, a crear el esquema. Pude ver que tenía pocos detalles, o poco recordaba y, que yo sepa, no había dejado material escrito al respecto. Comencé a pensar en escenas, momentos, personajes. La muchacha, joven, inocente, con esa ingenua voluntad de ser audaz. El artista, con su lado brillante, su lado oscuro, cruel. Fácil, a primera vista. Se encuentran, se conocen, se gustan, él la conquista. Y ahí comenzarón los problemas.

            El tipo en el fondo es malo, es psicótico, no tiene mucha empatía, si es que alguna; pero un artista brillante. El tipo de relación que se debe buscar desarrollar es un enfermizo enamoramiento, ella debe tener la fuerza de renunciar al amor que tiene por él al descubrir que tipo de persona en verdad es. Ahora, ¿cómo hacemos el cambio de mostrar el buen aspecto del artista, al malo? Debería ser fácil, acción uno, vemos que el artista es un persona lúcida, acción dos, vemos su lado oscuro, vemos el momento de la violencia. Sí, era fácil; pero, ¿y ella? Deben darse cuenta que estamos prácticamente hablando de él hasta ahora, él es la trampa, él es la persona encantadora. Él es todo, es demasiado. Yo quería contar la idea de una muchacha que encuentra la fuerza en sí misma para ver que el tipo del que está enamorada es un imbécil, primero, segundo, que a pesar de que tiene las de perder, ya que la policía no hace nada, tampoco puede, su familia no puede hacer nada—no puede dejar la ciudad, sería renunciar a su vida y su carrera—y poco hay que puedan hacer los demás, ella, sigue luchando y busca enfrentarse a este asesino; aunque eso sólo signifique correr y ocultarse cada que lo ve. Ella debía ser un ejemplo, a muchos niveles, para cualquier muchacha que estuviese en contacto con la narración. Sin embargo, debido a que debía pensar unas cuantas escenas para mostrar qué tipo de persona era el artista—recuerden que este personaje debía cumplir la función de encantar al público, la audiencia debía comprender qué veía una linda joven en este tipo, y a lo que ella debía renunciar para salvarse a sí misma—el personaje femenino quedaba totalmente opacado.

            Es como si la primera parte del filme fuese, y en verdad era, la presentación e introducción del artista, su pasión, su obra extraña, agresiva, que la ahuyentaba y atraía a la vez. La segunda parte vendría a ser la rebelación del lado oscuro, donde gran parte del interés estaría en manos del antagonista, su furia, su maña, para perseguirla y acosarla. Y en el final, pues, nos encontramos con el ‘mano a mano’, entre la muchacha, los dos secuaces y el artista, en la cima de un edificio, donde ella amenaza con saltar, el artista no le cree y se acerca peligrosamente, le dice que ahí termina el asunto, que ya no la volverán a perseguir, que ha demostrado valor. Y ella salta, llevándo al artista consigo. En este esquema, la muchacha, como personaje, desaparece, incluso si a partir de cierto punto ella se convierte en el personaje principal, atrapado, buscando una salida, pidiendo ayuda, viendo cómo puede evitar convertirse en una víctima más. Repetiré una observación ya hecha, necesitaba que el público vea al artista como una persona muy atractiva, creativo, apasionado, lúcido, y que esa misma persona, con la que todos debían simpatizar, era un asesino, una criatura cruel, incapaz de tener mucha empatía. Logré eso. Logré crear un personaje que, en unas tres escenas, habría encantado al público, tuve más problemas con la transición de ese ‘tipo simpático’ al ‘asesino sadomasoquista’. Más el gran problema de tener una personaje principal fuerte, inteligente y valiente; pero, deslúcida en comparación con el artista. Había perdido mi narración.

            El personaje masculino, el artista, demandó más atención de la que debía tener, y no logré completar su lado negativo, no había un incremento en la tensión, resultaba demasiado forzado, un cacho bueno, otro malo. Pero, lo principal, brillaba demasiado. El personaje femenino, la muchacha, no había logrado brillar por si misma, teníamos un personaje femenino usual, sin mucho interés, ni nada que nos motive a tenerla en la memoria. Ella fue mi principal fracaso. La negociación había terminado en la destrucción de mi narración. Después de mucho pensar, por extraño que parezca—siempre resulta fácil ver en retrospectiva lo que debía hacer, una vez hallada la solución—, me dí cuenta de qué es lo que debía hacer. Ya que la idea era narrar la historia de una muchacha aguerrida dispuesta a sobrevivir, pues, para que brille debía convertirla a ella, también, en una artista. Claro. Así el encuentro se dará no porque era una seguidora seducida por el artista, sino una artista que se encuentra con él por compartir espacios, se enamora de su colega, y ahí podemos tener a ambos brillando a su manera. Entonces, ahí, lo que será difícil hacer, ya que es un nuevo esquema narrativo, será convertir a ese artista imaginado, masculino, en ese tipo con los dos aspectos. La solución en ese caso también fue sencilla, una vez que la encuentras, retirarlo de la narración, acapara demasiado espacio, brilla mucho, y no es un mal tipo. Entonces, para resolverlo todo, debo elaborar un nuevo ‘malo’, un ‘nuevo artista’ con dos aspectos, deberé reclutar a un nuevo personaje, el anterior se me fue de las manos, uno que pueda hacer más fácilmente la transición entre ambos aspectos. ¿Será una historia de amor? La respuesta es que sería mucho más fácil que simplemente sean amigos, y él llegue a tener una enfermiza obsesión con ella, ¿si?

            Es difícil recuperar una historia perdida. Esta idea se me fue de las manos, por lo que tendré que reconstruir la narración desde el principio. Espero les haya entretenido este breve vistazo a cómo abordo la construcción narrativa. También, como consuelo, si bien he perdido una historia, ahora tengo dos, la que pueda elaborar con el artista, que no podía ser tan enfermo, y ésta, que deberé resolver, poco a poco. Si es que vale la pena, si es que no hay nada que demande mayor interés, y sea, también, más interesante. Lo que me interesaba contarles ahora, es cómo una narración, a veces, pues, no está dispuesta a ir por donde el narrador le pide.

He aquí una de las cosas que quería contarles. Este proceso estuvo en mi cabeza este año, perdí la historia; pero, pa' en otra, tengo una narrativa para explorar. Pa' la próxima semana, comenzaré con el ciclo de artículos en homenaje a Maikol Yakson, espero que los tres estén en la bitácora en el menor tiempo posible, una semana o diez días. Veremos. Claro que me reservo el derecho de incluir algo en medio, si surgiese algo de lo que en verdad, por alguna razón, vale la pena decir algo. Saludos.

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Published by Rodrigo Antezana Patton - dans Historias
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