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6 septembre 2006 3 06 /09 /septembre /2006 08:35

Yo pensé que se lo comerían los cocodrilos, o que se lo zamparía un tiburón, mordiese un tigre, pisara un elefante, sodomizara un gorila, envenenara una serpiente, mascara un mandril. Existía la posibilidad de que se infectara con alguna enfermedad rara, por andar tocando pupu de orangután, tropezara en un acantilado, ahogara en un arrecife, divorciara, perdiese popularidad, se uniese a algún grupo terrorista de ecologistas extremistas. Podrían haberle pasado tantas cosas, pero fue una mantaraya, la que atravesó el corazón del ‘Cazador de Cocodrilos’ con su aguijón. Dicen que murió instantáneamente, dicen que no sufrió. Mi consuelo es que vivió feliz.

El tipo me caía muy bien, pocas personas tienen tal amor por la naturaleza que te contagian, así era Steve Irwin. Estaba enamorado de la vida salvaje y la admiraba sinceramente. Nadie puede decir gorgeous o beauuutiful, como él lo hacía. Vivió feliz, siempre rodeado de aquello que tanto quería, animales y familia. Lastimosamente ya no más.

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Published by Rodrigo Antezana Patton - dans mimeme
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Javier Rodríguez C. 09/09/2006 00:56

Y que lo haya matado, quizás, uno de los más pacíficos animales marinos, ayuda a engrandecer su mito.
Vaya sujeto,  realmente provocó que el ecologismo pudiese hacerse parte de la cultura pop, gran mérito el suyo, si consideramos que antes sujetos como Jack Hanna no habían logrado ni la mitad que él.
El verdadero cocodrilo dundee, causante de que algún día me haya animado a colgarme un caimán vivo del cuello, o amante de la naturaleza a tiempo completo, Steve Irwin es hoy una leyenda.
 

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