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20 novembre 2006 1 20 /11 /novembre /2006 12:06
            “¿Con qué armas se peleará la tercera guerra mundial?”, le preguntaron a Einstein. “¿La tercera guerra mundial? Mmm, no lo sé, pero la cuarta guerra se peleará con palos y piedras,” respondió él. Supongo que el famoso físico hacía referencia a que la devastación generada por la 3ª guerra sería tan grande que ya no quedaría cómo pelear una 4ª guerra, o que tal vez todo ese dolor finalmente nos habría enseñado a limitar las consecuencias de nuestros múltiples enfrentamientos. Me inclino por lo primero, lo segundo suena demasiado idealista.
            En el año 1942, Adolfo Hitler estaba en la cima de su poder, nunca nadie estuvo más cerca de conquistar el mundo, y yo apostaría que ningún otro lo estará. Si derrotaba al Reino Unido podría apoderarse de su imperio, si derrotaba a la Unión Soviética, ocuparía todos sus territorios, la Francia de Vichy ayudaba desde un pálido dominio de sus colonias, a la Alemania Nazi. El mundo era mucho más sencillo en ese entonces. Después de la terrible derrota del tirano, y la del ingenuo pueblo que lo apoyó, comenzó la guerra fría. Dicen que en los años 80’s la Unión Soviética tenía tanto poder nuclear como para destruir al mundo cinco veces, si el dato es erróneo, pues siquiera tenían unas 5 mil cabezas nucleares (¿pueden mencionar cinco mil ciudades?). La de Hiroshima se consideraba una bomba ‘pequeña’, provocó unos 100 mil muertos, ¿se imaginan las bombas de los 80’s? El número de fallecidos en la ciudad japonesa es sólo una estimación, nadie tiene el número exacto, son cálculos matemático-estadísticos, reportes de hospital, más el cómputo de diversos censos. Nadie contó todos los cadáveres, porque a veces sólo quedaban sombras, siluetas de las personas, y de árboles, pintadas por el destello de calor de la explosión atómica. Mientras la persona era devorada por el calor, el destello llegaba al muro y ‘pintaba’ su silueta.
            Los Rusos se llegaron a armar hasta a los dientes, y su ejército convencional llegó a ser mucho más poderoso que el de los Estados Unidos. Durante la mal llamada guerra fría, los dos poderes compitieron uno con el otro para ver quién tenía la mejor cazadora, el buque más destructor, mientras se daban de bofetadas en el tercer mundo. Invirtieron millones por ambos lados, millones y millones, de rublos o dólares, en el desarrollo de nuevas armas. De haberse enfrentado convencionalmente, en el año 1989, los EUA habrían perdido sin derecho a replica, creo yo, pero eso también habría significado el colapso de la URSS. Y no lo digo por el uso de atómicas, no, esto es un experimento mental convencional, los ruskis habrían perdido porque habrían entrado en quiebra, sólo por los costos de todo el asunto. La guerra industrial es cara, muy cara. La farsa de la URSS entró en quiebra, precisamente, porque el inepto modelo socialista no podía competir con el capitalismo de los EUA, ya antes del gobierno de Gorbachev los problemas económicos se hicieron patentes.
            Ahora sólo nos queda un poder sobre la tierra, los EE.UU.. Sólo la US Navy tiene un poder mayor que el del resto de las flotas navales del mundo juntas. Juntas. Sus magníficos submarinos cazadores tienen un costo de, más o menos, un millardo y medio por unidad, y, como señaló un columnista, de poco sirven en el desierto. Los EUA ya perdieron la guerra de Vietnam, aunque el mayor perdedor fuese el propio pueblo de ese país. Los soviéticos rajaron de Afganistán. Las grandes potencias, se vieron humilladas por fuerzas militares más débiles y mucho más baratas. Sólo en pocos momentos, las superpotencias invirtieron montos comparables a los de las fuerzas que se les oponían, en general ellos invertían más. Economías aparte, el poder de fuego siempre fue mucho mayor en el lado del poder respaldado por la superpotencia, así como la tecnología. Y ambas perdieron. Hoy en día, en Irak, sucede exactamente lo mismo, una gran potencia respalda a un gobierno en un país, y los que se oponen a ese gobierno y ese país, pues haciendo uso de recursos menores, ya han logrado poner en jaque a la superpotencia. Ponerlo en retirada, por así decirlo.
            La tercera guerra mundial habría sido terrible, pero también breve, no por el uso de atómicas; no necesariamente se habría llegado a eso, sino por lo insostenible de una guerra industrial a esa escala. En la segunda se podía ensamblar un tanque en un par de semanas, los rusos se ufanan de haber ensamblado 1200 tanques t-34 por mes, en 1944. Este logro no podría duplicarse hoy en día, a menos que se haga una inversión industrial no igual, sino logarítmicamente incrementada, que es lo requerido por un tanque moderno como el T-90, y ningún país estaría en condiciones de poder hacer algo así. Si un avión de la 2ª Guerra costaba unas decenas de miles de dólares, digamos 100 mil dólares, por dar un precio ajustado a ojo, hoy en día un F-22 Raptor tiene un costo de más de 300 millones de dólares, si añadimos el costo de la investigación para su diseño, y unos 120 millones por unidad siguiendo contabilidades que obvian esa inversión.
            La descomunal maquinaría militar de los Estados Unidos hizo historia hace unos años, tal vez cinco, cuando otorgó a la Lockheed Martin el mayor contrato militar de la historia, eran más de 250 millardos, un pago durante más de una década por una considerable cantidad (unos 600 o algo así) de aviones F-35. Lo interesante del evento es que esto no revela los fondos ilimitados de la economía estadounidense, sino lo poco que tiene, y lo mucho que le falta. El F-35 será una anomalía, reemplazará a lo que antes fueron aviones cazas con distintas tareas. El Pentágono se dio cuenta que ya no podía seguir pagando el mantenimiento de aviones cazadores, apoyo cercano y bombardeo táctico, así que decidió pedir un sólo avión para reemplazar a todos los otros. Era la única manera de reducir los precios, o sea: el F-35 era la opción más económica.
            Los rusos, desde la guerra fría, se concentraron en mayores números de maquinas, por lo general más simples que sus pares de los USA o la OTAN. Debido a que sus máquinas eran más baratas, sus productos tuvieron mucho éxito en el tercer mundo. Ahora, la maquinaria rusa sigue todavía esa lógica, aunque el moderno campo de batalla le exigió que siquiera fuesen comparables a los modelos de otras potencias industriales. Si bien son mucho más baratos que lo ofrecido por Europa o los EE.UU., los productos militares rusos siguen siendo muy sofisticados y carísimos para el 3er mundo, sólo los mega países subdesarrollados pueden comprar ese tipo de maquinaria: China, Pakistán, India, y algunos del Oriente Medio. El resto prefiere las latas voladoras que ofrecen otros países tercer mundistas, o nada.
            Quien no pague los millones de dólares que cuesta un S-33, verá cómo su inversión en latitas no valió la pena. Quien no invierta los 40 millardos en desarrollo para obtener una nave comparable a un F-22, será derrotado por un F-22. El costo del armamento actual habría sido una buena noticia; en una situación internacional con diferentes condiciones culturales, habría podido significar la renuncia a las armas, ya que ni los EE.UU. pueden costearlas. Pero lastimosamente ya hemos superado la posibilidad de una guerra industrial, guerra imposible, guerra insostenible, guerra impracticable. Ahora tendremos la misma guerra de siempre, seguirá costando vidas, sangre, y mucho dinero, pero será posible, y podrá durar cuanto lo deseen los participantes, como en Irak, Afganistán y tantos otros lugares.
            En un cuento de Ray Bradbury (Rust, oxidado, Óxido), un hombre inventa una máquina que va a destruir todo el armamento mecánico, ya que puede deshacer el metal. Un general le comenta que ese aparato no traería la paz al mundo, ya que la gente, sin tanques o ametralladoras, utilizaría sus puños y sus dientes, lo que convertiría a una guerra larga en interminable. También se podría decir que pelearían con palos y piedras, no porque ya no queda nada, sino porque están dispuestos a hacerlo. Se perdió una oportunidad, con la insostenible guerra industrial, hubo la posibilidad de paz, de llegar a un acuerdo, la perdimos. ¿Seguiremos perdiendo oportunidades como ésa? Todo parece indicar que sí.

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Published by Rodrigo Antezana Patton - dans mimeme
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