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21 décembre 2006 4 21 /12 /décembre /2006 22:38
    En plena guerra fría, en el vecino país de Chile, el año 1973 se dio un golpe de estado. El golpista era nada menos que el comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, Augusto Pinochet. La acción estuvo muy bien planificada, si bien el presidente electo, Salvador Allende, se atrincheró en el palacio, no había manera de impedir que los militares tomen el poder, así que se suicidó. Pinochet gobernaría el país hasta marzo de 1990, cuando la jefatura del estado sería entregada al ganador de las elecciones presidenciales, Patricio Aylwin. Durante el gobierno militar se persiguió a militantes comunistas, entre otros, y se cometieron innombrables crímenes en contra de la humanidad de muchos de esos ‘buscados’, y sus familias. También es cierto que el diseño económico chileno, con todos sus defectos, es hasta el día de hoy un inimitable modelo de éxito para el resto de América latina. Y que el gobierno Pinochetista ganó un plebiscito por un considerable margen el año 1980, además, sus años a la cabeza del estado se caracterizan por una verdadera estabilidad, política y económica.
    Las torturas sufridas por los ‘perseguidos’, durante la longeva dictadura de Pinochet, fueron inhumanas, de una crueldad difícil de imaginar, si sólo la mitad de lo dicho es cierto. Los desaparecidos son sólo un puñado de vidas—aunque siempre es más fácil recordar puñados y unidades en vez de pueblos—pero fueron un puñado real, una serie de crímenes reales y no castigados. Pinochet siempre culpó de esas aberraciones a sus subordinados, ya que no parece que nadie tuviera la orden de ‘torturar-cruelmente-al-opositor’, pero así lo hicieron. Todo lo mencionado ya es historia, y ya lo era por un buen tiempo. Ahora sólo queda la pregunta: ¿héroe o villano?  
    ¿Qué hubiese sido de Chile si Salvador Allende, un marxista confeso, se mantenía en el poder? Gran parte de la desestabilización, ahora lo sabemos, fueron acciones de las fuerzas apoyadas por los Estados Unidos, que veían con suma preocupación un país alineado con la dictadura Soviética, con puertos en el pacífico, y un programa económico que perjudicaba sus intereses. En el libro ‘Teoponte – Sin tiempo para las palabras’, de Gustavo Rodríguez Ostria, el senador Socialista Allende es mencionado brevemente, mientras otorga una ayuda económica al ELN, Ejército de Liberación Nacional, que pensaba retomar la guerrilla revolucionaria en Bolivia, inspirados por el ejemplo del Che Guevara. También se le muestra como alguien involucrado en los planes estratégicos de la dictadura cubana. En una ocasión, según el libro, el Che Guevara felicitó a Salvador, que creía en llevar la revolución, aunque por medios distintos a los del Che (ejecutado en Bolivia por insurrección, y otros crímenes en contra del estado boliviano). ¿Pensaba Allende llevar a cabo una revolución utilizando los recursos del estado y su aparato represivo?, ¿un auto-asalto aprovechándose de la ingenuidad y la mala intención de su propio pueblo? Especulaciones, especulaciones. Hablemos de lo concreto.
    Gracias al deleznable trabajo de Armand Mattelart y Ariel Dorfman, ‘Para leer el Pato Donald’, sé que el gobierno de Allende prohibió en Chile la circulación de las revistas de Walt Disney. Gracias a una poco lúcida y maniquea lectura marxista de las revistas concluyeron, como todos los locos adscritos a esta fe secular, que el mencionado producto transmitía equivocados mensajes de ‘clase’. Al igual que los evangélicos, los marxistas ven pecados y pecadores en todas partes, como buenos pastores de su ‘descarriado pueblo’, la única defensa que los imbecilistas (marxistas) conocen para solucionar este problema es la censura. Con este pretexto, calificándolas de obras burguesas, la URSS y otros satélites de las dictaduras, prohibieron una serie interminable de obras y autores. Pero eso no fue el verdadero problema, ya que a los libros les importa un bledo que sean prohibidos, también se prohibieron las expresiones de un sinfín de personas. Boris Pasternak escribió la magnífica ‘Doctor Zhivago’, que relataba con mucho corazón, las peripecias de una familia acomodada durante la revolución bolchevique. Boris escribió la tragedia con mucho amor hacia el pueblo ruso que retrataba, pero la burocracia marxista no le podía perdonar el que sus héroes fuesen burgueses. La novela tuvo que ser publicada en occidente primero, y fue prohibida en la URSS hasta casi su desaparición, esto incluye toda la vida del autor. Pasternak es sólo la punta del iceberg que fue la censura en la URSS, y la que afecta hoy en día a Cuba. La ejecución del Pato Donald, por ridículo que suene, demuestra que Allende estaba dispuesto a seguir la absurda formula marxista hasta sus últimas consecuencias: dictadura, y fracaso económico (en la foto, Castro se larga un discurso sobre la olla a presión, redescubierta por el país 50 años después del resto del mundo) .
    Tan recientemente como un par de semanas atrás, mientras se celebraba en el mundo el día de los derechos humanos, o algo así, una manifestación en Cuba, de un pequeño grupo de personas, fue violentamente reprimida por grupos ‘irregulares’ mientras coreaban ‘fidel, fidel’ y ‘raúl, raúl’. Obvio, nadie hace alguna protesta al respecto en algún lugar del mundo, sabemos que, como toda teocracia, los líderes religiosos están por encima de todo cuestionamiento. Allende, a su manera, probablemente creía que hacía lo mejor por su país, y hay tan poco de maldad en los males del mundo, tanto de estupidez. Si Cuba es una muestra de lo que Allende buscaba, suerte que ahí estuvo Pinochet. Cuba es un fracaso tan grande que ni siquiera sus defensores pueden evitar ver ese problema (“[y] la libreta de racionamiento –supuestamente mensual— no alcanza más que para diez o doce días.” Janette Habel, publicado en ‘El juguete rabioso’, un pasquín de izquierdas boliviano). Que pena tener que decirlo: ¡viva Pinochet! si la opción es Cuba. Augusto se fue como debió irse, perseguido por la ley, alejado del poder, con los justos reclamos de sangre derramada, que él nunca persiguió; aunque la culpa fuese de sus subordinados, éstos nunca fueron llamados a rendir cuentas. Que pena decirlo: ¡viva Pinochet! Porque una dictadura siempre es un crimen, pero si es de derecha el país progresa y la dictadura se acaba, si es de izquierda se llega al paraíso, te gobierna el papa y su palabra es la ley, y no termina jamás. Hay otro viejo dictador moribundo, hoy en día, nadie lo persigue, no hay reclamos en su contra, ya que es un santo de su religión, y la miseria de su país es el verdadero Paraíso. Ese dictador mató, asesinó, robo propiedades legítimas, exilió y arrestó a personas sólo por sus ideas, a ese no lo persigue Baltasar Garsón, ese vive impune, con su país entero como testimonio de su fracaso. Hasta da asco hacerlo, pero: ¡Viva Pinochet! Porque era la guerra fría, y los del otro lado, los que perdieron, los que fracasaron, los que quebraron, no se venían con juegos. ¡Viva Pinochet! Que triste decirlo, a veces no hay héroes, tan sólo villanos.

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Published by Rodrigo Antezana Patton - dans Historias
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lkd 14/01/2007 16:18

ignorante!!!!!!!, facho!!!!!!!!... pobre intelectuyalmente.... hombre cliché... tu articulo es un pobre invento de tui cabeza ... citas poco y habklas mucho... revisa tus datos... chiole menor indiucende desarrollo humano....
de que hablas???

Rodrigo Antezana Patton 14/01/2007 23:37

¿Ignorante? No. ¿Facho? De fascista y totalitario, no. ¿Pobre intelectuyalmente? Tal vez, pero no pobre intelectualmente. ¿Hombre cliché? Ah, eso sería una buena noticia, el apoyo de la multitud. ¿Mi artículo es pobre, invento de mi cabeza? No lo creo tiene datos, muchos datos, y esos no me los inventé. Respecto a lo demás, sugiero que la verificación de datos se dé por ambos lados, aquí se presenta algo de información, los demás tendrán que verificarla también. Siempre es así.

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