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2 février 2007 5 02 /02 /février /2007 17:23
            Me temo que no soy un experto en el asunto, así que lo dicho aquí es sólo la punta del iceberg, la locomotora del tren, la primera página, pero todo lo dicho se basa en información que ustedes mismos pueden verificar. Como yo sólo sé parte del tema le pido a los amigos que leen esta bitácora; ya que sé que son en su mayoría amigos, u obtendría más quejas (ya son un promedio de 20 y pico visitas únicas por día), pues les pido que comenten, corroborando los datos presentados o ampliándolos. Gracias.

            A finales del siglo XIX una ola de nacionalismos se extendió por Europa, la república francesa, tras el derrocamiento de su rey por la sucia y explotada plebe, llevó la noción de reino-país a otra dimensión, gente-país, ciudadanos-país, nación. Repentinamente surgió la idea de nación y los intelectuales de toda Europa se apoderaron de la idea. Así, desde mediados del siglo, los pensadores de cada país comenzaron a buscar los fundamentos de su ‘nacionalidad’ (recuerden que las fechas, para este tipo de asuntos, son sólo de referencia. Jamás tienen ‘fechas’ de principio o fin, son procesos caóticos y caprichosos). Como los intelectuales de esa época no eran científicos sociales modernos la idea que la ‘nacionalidad’ es un proceso de construcción (y no de ‘encontrarlo por ahí’), no se les pasó por la cabeza.

            La respuesta a la que llegaron, no sé quién fue el primero, fue que la esencia de la nacionalidad se encontraba en el pueblo llano, el Campeche, el ignorante que mantuvo su esencia de alemán, de noruego o lo que fuere, intacta. Claro, qué podían decir de nacionalidad rusa los rusos que hablaban francés entre ellos (Tolstoi incluyó muchas frases en francés en la más rusa de todas las obras posibles: La guerra y la paz. Después fue quitando algunas, pero esa era la conducta de los rusos, allá por el principio de siglo XIX cuando se enfrentaron a Napoleón. Tolstoi escribiría el libro a finales del siglo, 1865-1869), o los noruegos asuecados. Ya que Noruega, por esos años, era parte del reino de Suecia. Los alemanes estaban divididos en Prusianos, bávaros, y una docena de principados varios, sin contar que los Austriacos eran… ¿qué? ¿alemanes o algo distinto? De igual manera, los húngaros estaban germanizados, al igual que las elites de Chequía, o Eslovaquia. Polonia estaba divida, Italia también. Y todos, todos los que se ufanaban de tener cultura, hablaban francés (lo mismo sucedía en Latinoamérica y Bolivia, baste revisar el libro sobre Melgarejo, ‘Memorias de Holofernes’ de Felix Alfonso del Granado). Bueno, básicamente es eso, los intelectuales alemanes no sabían cómo serlo, al igual que los intelectuales de toda Europa, fuera de esa Francia que había estallado en las guerras napoleónicas. Entonces, como mencionaba, buscaron la esencia de la nación en el pueblo campesino, mientras más lejos se encontraba de las cosmopolitas ciudades, pues más ‘nación’ era el tipo. Más alemán, más húngaro, más finlandés, etc..

            El resultado de esta moda fue una memoria antropológica del llamado folklore. Folk – de gente, pueblo, y lore- creencias, costumbres. También hubo algunos que fueron más ambiciosos, y no sólo se dedicaron a buscar una identidad sino también a crearla. Vayamos por partes, en los principados que conformarían Alemania, los hermanos Grimm, Jacob y Wilhelm, se dedicarían a reunir cuentos populares en varios tomos, y en varias ediciones (lo hicieron desde 1807). Entre las que ellos encontraron se encuentran historias hoy en día tan famosas como: Caperucita Roja, Blancanieves y los siete enanos, Cenicienta, La bella durmiente, y muchas otras. Uno de las finalidades de los hermanos era recuperar esa ‘alemanidad’ presente en los cuentos. Otro alemán, con el mismo objetivo, Wagner, indagó en el ‘alma alemana’ y encontró héroes y valkirias de un pasado pagano pre-cristiano—que más tarde fascinaría a muchos alemanes, incluyendo un austriaco de nombre Adolfo Hitler (jujujujujuju, si esto de las ‘identidades nacionales’ es para reír, o llorar). Su principal obra sería la fantástica opera ‘El anillo de los nibelungos’ (1876), que tiene mucho de escandinava y vikinga, sí, también algo de germana.  

            En Finlandia, a un buen tío filólogo se le ocurrió registrar antiguas narraciones finlandesas y kareliana, se llamaba Elias Lönnrot. Arreglando el conjunto de canciones en una gran obra épica, Elias legó a los finlandeses, y el mundo, el Kalevala (1835), una verdadera obra maestra. De acuerdo a muchos, sería una de las obras que reavivó la identidad ‘finlandesa’, en un momento en que ellos eran parte del afrancesado imperio Ruso. En toda la Europa germana, eslava, escandinava y balcánica, autores de todos los tipos buscaron hacer obras ‘nacionales’, algunas de ellas fueron un verdadero regalo para la humanidad, otras tuvieron menos éxito. Pero la idea, la de una búsqueda de la ‘identidad nacional’ tuvo un profundo efecto mucho más allá de los territorios, y mentes, que la engendraron.

            Es interesante recordar que en el Japón ultra nacionalista de principios del Siglo XX, el Japón que terminaría enfrentándose a los EE.UU. bueno, ellos, buscaron la japonesidad en lo más profundo de su campesinado, o sea: en lo más folklórico. ¿Qué encontraron? Bueno, sería interesante contar toda la historia, con el período meiji y la occidentalización del país, pero sólo se puede hacer referencia a un punto, encontraron el Shinto. ¿Qué es eso? Pues es todo, la adoración de lo vivo, el animismo muy extendido en el campo japonés, los demás son budistas. Así que los militares nacionalistas, sólo favorecieron a los templos shintos, despreciando a los budistas. Sí, sí, así pasó. Ahorari, hay que hacerse preguntas para dilucidar lo absurdo de la situación, ¿sabes desde cuándo hay budismo en Japón? Desde toda la historia de Japón. Sí, al país llegó el budismo junto con la escritura, por lo que la historia de Japón es la historia desde el budismo en Japón. ¿Quieren fecha? Pues, por los años… déjenme subir a mi Encyclopedia of Japan, Editorial Kodansha, y vuelvo con un número (tuctuctuctuc, slip, slip, tuctuctuctuc). Bueno, aquí dice que la introducción oficial es 552 d. de C., aunque algunos precisan que la fecha sería 538. La idea de favorecer al Shinto sería de, digamos, años 20, hasta el final de la guerra en 1945. O sea, mmm, 1400 años más tarde. Jujujujujujuju. Iré a dejar el libro (tuctuctuctuctuctristuctuctuctuc. ¿Se nota que estuve viendo dibujos animados?)

            El caso mencionado de Japón tendría que ver con el choque entre la idea de lo que ES una cosa con la REALIDAD de esa cosa. Los líderes militares de Japón tenían una idea de lo que Japón ERA, y decidieron adaptarlo todo para que esa REALIDAD imaginada se haga una realidad de verdad. Una verdadera payasada. Para el año 1925, el budismo era parte intrínseca de cualquier identidad japonesa posible, al igual que la influencia china (contra la que también algunos intelectuales buscaron rebelarse. Sí, sí, sí, está todo ahí, en el librito de la Kodansha). Una vez más, lo que algunos japoneses nacionalistas buscaban hacer no era ‘encontrar’ el alma japonesa, por así decirlo, era ‘transformar’ el Japón, en SU idea de Japón. Un Japón puro, un Japón 100% japonés. ¿Existió alguna vez? ¿Hubo eso alguna vez? Sí, claro, en la edad de piedra japonesa, sin teatro No, sin literatura, sin templos (juajuajua, los más lindos templos del Japón son de estilo chino), sin ceremonia del te, sin kimonos, sin ka-ra-te, sin ideogramas; o sea sin escritura, sin espadas japonesas, sin arco y flecha, o sea: un Japón sin Japón, y sin la tonta idea de nacionalismo que impulsó esa búsqueda sin sentido. Lastimosamente, un ejemplo de la misma tontería está muy cerca de nosotros.

            Así, la Bolivia del 2006 tiene un corazón occidental, y es de una muy rica diversidad cultural, tiene muchos defectos y problemas, pero también tiene virtudes y logros. El gobierno del MAS con su visión unidimensional de antropólogo europeo de ONG residual, se equivoca en su evaluación de la nacionalidad boliviana, está ahí y es tooooodo eso, no sólo la imagen que de nosotros tengan las ONG’s o filántropos que nos dan dinero. O le dan dinero a alguien.

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Published by Rodrigo Antezana Patton - dans mimeme
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