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12 mars 2007 1 12 /03 /mars /2007 04:01
            Cuando tenía 19 años terminé mi primera y, hasta el momento, única novela. Se titulaba ‘El viaje’, y se publicó con ese título más de seis años más tarde, el 2001. Esto fue posible gracias a la Editorial Nuevo Milenio. No abordaré más detalles del asunto, ya que eso se podrá hacer en otra ocasión. De lo que deseo hablar es qué estaba pensando desde finales de 1995 hasta el 2003, cuando terminé mi segunda novela, que se encuentra en proceso de revisión, ampliación y corrección, y será entregada, un capítulo por mes, a través de esta bitácora. O sea: esta entrada será la historia de la historia, literalmente.
            ‘El viaje’, una historia ambiente en un futuro postapocalíptico es mi pesadilla. El mundo es hostil, con poca agua apta para el consumo humano (como en Cochabamba, mi ciudad) y un sol que destruye la piel, debido a una muy tenue capa de ozono. O sea: es una novela de los ochenta, ya saben: guerra fría, agujero de ozono, crisis ecológica, etc. Como señaló un amigo, tenía algo de Mad Max. Se veía venir el fin y, a través de la literatura yo decía: ¿quieren un mundo tan, tan feo? Pero el punto es, una vez imaginado el final tenebroso de nuestro mundo, qué podía imaginar. De un extremo me fui a otro: del infierno, al paraíso. Imaginé que lo hacíamos todo bien, que nos ordenábamos y obteníamos una victoria, no dilucide los detalles, debo ser sincero, fue un caminar rápido: Lográbamos el éxito y qué pasaba, ¿qué podía pasar? Bueno, obvio, nuevamente el fracaso, la caída. Fue un pensamiento fugaz, lo resumió muy bien el que me dijo: nada dura por siempre. Un gobierno racional, ordenado, ¿por cuánto tiempo podría durar? Mi respuesta fue: 15 mil años, ¿por qué?
            Ha transcurrido más tiempo desde el principio del antiguo Egipto hasta su caída que desde su caída hasta nuestros días, sí, así es. Por más de tres mil años, sucediéndoles de todo: desde invasiones, herejes, caos, desmembramiento, períodos oscuros, períodos brillantes, cambios, progreso, estancamiento, el antiguo Egipto reprodujo su forma de pensar y ver el mundo casi sin cambios. Es interesante ver la paleta de Narmer, con casi cinco mil años de antigüedad y compararla con otras imágenes, con menos de 3 mil años de antigüedad y ver como la estética prácticamente sigue siendo la misma. De ahí el razonamiento es muy sencillo: con un efectivo sistema educativo y social, una sociedad podría durar (sucediéndoles de todo durante ese período: desastres, guerras civiles, levantamientos, disturbios, pero, en esencia, manteniendo su noción de ‘estructura-ideas-valores, etc.’) cinco veces más que el antiguo Egipto. O sea: 3 x 5 = 15, quince mil años.
            Pero, quince mil años de progreso y conflicto arrojaban infinitas posibilidades, así que el mundo que resultaba de la destrucción de mi paraíso no-muy-definido era una puerta creativa mucho más tentadora. Básicamente, ya que había pasado de todo, y ahora ese buen mundo estaba destruido, entonces tenías el todo más… más todo lo que no te habría gustado que esté ahí. Al principio de esta idea no había una historia, sino cuentos de un mundo caótico, cruel y extraño. Nunca llegué muy lejos con los cuentos, no soy muy ‘cuentista’, soy más de largo aliento. Así que tenía un montón de cosas: gente sola viviendo en enormes ciudades automáticas, un científico loco que aterrorizaba todo un planeta que antes fue una cárcel, comerciantes de información y la historia de un hombre que vive en un satélite biblioteca que enfrenta un severo caso de corrosión, y etc. No quiero dar detalles por que algunos de esos detalles los verán en la novela, poco a poco. El punto: no había ninguna historia que una todos esos mundos.
            Dicen que la literatura sólo puede tener tres esquemas básicos: historia de amor (protagonista en busca de ella/él), historia de guerra (protagonista vs. Antagonista) e historia de auto descubrimiento (maduración, compresión, etc.). Por lo que es retornar a lo básico cuando la única narración que se me ocurrió, para unir a esos mundos, fue una historia de amor. Quince mil años en el futuro, el imperio terrestre ha caído, la filosofía que alguna vez reinó en la Galaxia Humana ahora sólo se practica en la Tierra y algunos sistemas estelares vecinos, el resto está en caos. Así, la Tierra envía a estos desdichados mundos a maestros filósofos para enseñarles otra forma de vida, y también la enviaron a ella. Pero esos viajes son peligrosos y ella no regresa. Así, la historia que había imaginado para recorrer esos mundos, algunos crueles, otros maravillosos y extraños (como el pueblo que sólo hacía cosas hermosas, desde ciudades hasta personas), era la aventura de un Filósofo que va en busca de su amada. No, tampoco daba. Si bien estaba contento con el ‘mundo imaginado’, la historia se me hacía muy floja y dependía de qué sucedía en el mundo visitado. Aunque unida en una historia, no dejaba de ser una colección de cuentos. No llegó a nada, apenas a un bosquejo básico. Ya no recuerdo su título. Pero estaba ahí, la base, el mundo a explorar, a imaginar e imaginado.
            Por otro lado, siempre he estado escribiendo guiones de diversa calidad desde 1994-95. Uno que está completo es ‘El bufón’, una serie policial situada en Cochabamba. Pero imaginé otros, muchos, que no siempre abandonaron el borrador, o el bosquejo. Entre otras cosas, tenía mi versión de “Doom” (un juego de computadora de la que sí se hizo una película, la homónima producción con The Rock, pésima. Pero mi guión habría salido demasiado caro de producir). No recuerdo bien desde cuando, pero en los años noventa repitieron por la televisión una serie de dibujos animados que yo había visto de niño: Los thundercats. Y también estaban dando una serie japonesa que me tomó mucho tiempo en gustar: Los caballeros del zodiaco. La secuencia de presentación de Los Thundercats tiene buena música y muy buen ritmo, es un desfile de imágenes y acción. De igual manera, la serie completa de ‘Caballeros’ era un tren de adrenalina con dos líneas de historia: Atenas está en problemas, hay que reventar a los caballeros tal y cual. ‘Caballeros’ apelaba a tus glándulas, no a tu sentido de narrativa, la historia era una pelea, el objetivo la victoria, nada más (pa' un vistazo al ambiente, presionar aquí). Pero, para entretener, nada más era necesario. Durante un buen tiempo me estuve devanando los sesos en busca de una historia; aunque sencilla, que pudiese transmitir la fuerza de esa hormonal narrativa. Tuve varias exploraciones, la más formada fue: ‘La noche del bailarín’, que suena bastante ridículo en español, su título original era ‘The night of the dancer’.
            “Dancer” era una historia poco original con un giro personal. La idea era mostrar lo devastador que son ‘los traumas’ utilizados para crear héroes en el género de la historieta: la muerte de tu familia, en el caso de The Punisher (El Castigador). Así, “Dancer” se trata sobre un padre y su hijo que han abandonado su ciudad para protegerse de la Mafia que busca al padre, un fiscal que los perseguía. En la nueva ciudad intentan recomponer sus vidas. El joven, que gusta de bailar, prosigue su hobby, consigue novia, etc. La noche en que debe inaugurar su espectáculo, bueno, ya adivinan, su padre va a recoger a la novia que regresa de un viaje, el joven no puede ya que está en la sala. Bueno, el padre y la novia vuelan en pedacitos. Después del espectáculo de baile, el joven se decide a vengar a su familia. Durante los próximos años hace poco, averigua información sobre sus enemigos, se entrena y baila. La idea era buenas coreografías y mucha violencia, manejada con estética. Al final, después de vengar a la familia ya no le quedaba nada, así que el héroe moría en la carretera, soltándose de su motocicleta a toda velocidad… o tal vez estaba herido desde la última batalla, ya no recuerdo. Menos de la mitad de la película tenía que se de acción, la idea era mostrar lo devastador que es perder a tu familia. Pocas personas podrían superar una situación así, el joven de ‘Dancer’ no lo lograba.
            Nunca finalicé el guión de ‘Dancer’, no es ni muy original, ni interesante, desde un punto de vista narrativo, pero el deseo seguía ahí. Me encantaba la idea de los trajes de poder de ‘Caballeros’. No era el primero con el tema, en los años ochenta hubo otra serie de dibujos animados, de unos tipos que podían convocar a una serie de accesorios para sus trajes, ya no recuerdo el título, también estaban ahí: Capitán Poder, y otras series japonesas como ‘Ultraman’ y ‘Ultra seven’ (vaya con el ultra, ¿no?). En verdad, gran parte de la imaginería japonesa tiene mucho que ver con eso: obtener poder gracias a… a lo que quieras. Entonces imaginé una historia muy poco original, basándome en ese esquema: unos trajes de poder caen del espacio…
            Cada trajes es adquirido por un(a) joven en circunstancias particulares. Una rusa, un alemán, una francesa y un británico, siguiendo la ruta de un objeto que se destruye en la atmósfera terrestre. Exceptuando el británico, todos los demás son civiles, y la muchacha rusa es la más joven del grupo. Resulta que los trajes son, obviamente, armas extraterrestres que sólo se pueden quitar al matar a su portador. Por suerte son armas de los buenos, así que en vez de matar a los desafortunados terrestres que han encontrado sus trajes, deciden entrenarlos a utilizar esas armas. Resulta que los antropomórficos extraterrestres están peleando en contra de un general rebelde que desea hacer más poderosa a una confederación estelar, de la que la Tierra no es parte por se demasiado primitiva. Ese general ha convencido a varios de que su punto de vista es el correcto y para tomar el gobierno interestelar está haciendo uso del arma más poderosa en el arsenal: el traje de poder. Es por eso que alguien atacó la nave que se destruyó en la atmósfera terrestre, para tomar o destruir esos trajes de poder, ahora vestidos por humanos. Así, comienza el entrenamiento.
            La rusa es la más débil del grupo, incluso algunos proponen matarla ya que es la pérdida de un traje de poder (secuencia: vemos cómo el general rebelde destruye una flota de la confederación utilizando a sus hombres y sus trajes de poder. Sólo un traje se puede oponer a otro, como arma). Incluso ella ofrece ser sacrificada por alguien que sea más capaz de lucha que ella, pero el general ‘bueno’ de la confederación no está dispuesto a aceptarlo, ya que eso sería buscar ‘ser más fuertes’, como el general rebelde. Simplemente queda hacer lo mejor que se pueda. Como la rusa se sabe más débil que los demás, utiliza su creatividad para compensar. Crea túneles y trampas, laberintos, utilizando el poder del traje para abrir túneles y afilar estacas de roca. Llega el enemigo al punto de encuentro, comienza la batalla. Poco a poco mueren todos los aliados, los chicos buenos extraterrestres, el británico, la francesa, el alemán, algunos de los enemigos. Sólo queda la rusa, como era la más débil no vieron conveniente priorizarla a ella, pero se defiende en sus trampas, lo hace bien, con coraje. El general rebelde queda impresionado por su valentía, no la ataca con toda su fuerza, no permite que todos sus hombres la ataquen a la vez. Ella los va eliminando uno por uno, al final, elimina al general rebelde, su poder, el de ella, ha aumentado mucho debido a su tristeza y furia. Al morir, el general rebelde saluda el reencontrado poder de ella. Epílogo: ella sueña que está con sus amigos de la aventura, despierta para saborear el polvo del lugar, construye una tumba con su poder y, al llegar la nave de los ‘buenos’, sólo quiere regresar a casa. La líder ‘buena’ que vino en la nave le dice que para comprender el porqué del sacrificio realizado debería conocer los mundos que ella ha salvado. Fin. Esta historia tenía el poco original nombre de ‘Knight Wars’, con algo de dinero, buena actuación, habría podido ser una llevadera película de acción, pero no más. Me había gustado la posibilidad de acción trepidante que ofrecía ese recurso: el traje de poder, lo mismo de siempre, y a la vez distinto a los otros.
            El traje de poder. Mmm. Esta idea: ‘Knight Wars’ acabó fundiéndose con la otra, con los mundos después del colapso. ¿Y si…? Alrededor del traje de poder (cuya naturaleza podrán ver con más precisión en la novela) fui tejiendo una historia que involucraba a un grupo de amigos, héroes, y una amenaza a la galaxia humana en caos, el enemigo. Obvio, como todas las mezclas, la historia que nació de estas dos fue cobrando vida propia (literalmente) y acabó siendo algo distinto a las dos, e incluso fue cambiando mucho a medida que la iba puliendo y desarrollando. Hasta el día de hoy, a pesar de haber terminado de escribirla en el año 2003, sigue incompleta, puliéndose y corrigiendo, ampliando y cambiando. Ahora les presento el primer capítulo de esa obra, ya en su forma final, o casi final, ya hablaré un poco más sobre cómo fue escrita e imaginada en otra ocasión. Espero lo disfruten. El nombre de la novela es: ‘Un sendero hacia el atardecer’.
Un sendero hacia el atardecer - Primer Capítulo

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Published by Rodrigo Antezana Patton - dans mimeme
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