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7 mai 2007 1 07 /05 /mai /2007 11:51
            A principios del año 2000 comencé a imaginar una historia que finalmente no escribiría. Se llamaba ‘Bailar hasta morir’, y como su título lo revela con elocuencia, se trataba de una novela bastante deprimente. Si bien la obra me estuvo rondando la mente desde esos días hasta hoy, creo que la historia que deseaba contar ya no vale la pena, supongo que de una u otra forma aparecerá más adelante. Mi mayor logro en esta novela fue la de desarrollar cinco personajes bien formados, con personalidad y presencia. Eso me parece lo más difícil de hacer en lo que a narrativa respecta: crear personajes. Requieren tiempo y vida para irse formando. Pero no existen sociedades de cinco personajes, ni siquiera de 20, 50 o mil. Lo que quiere decir que el verdadero talento de un narrador no lo demuestra el número de buenos personajes que pudo desarrollar, sino la habilidad con que los personajes no desarrollados son capaces de tener una mínima voz propia. Es difícil, para cualquiera.

            Es por eso que no puedo culpar a alguien que busque mantener el número de personajes al mínimo. Y hay un número que pareciera estar inscrito en nuestros genes cuando quieres más de uno, superando al par y sin llegar a la multitud. Es increíble la cantidad de asuntos que hemos desarrollado de tres en tres, y la narrativa no es una excepción a esta regla. Hay varias películas, cuentos y novelas donde nos encontramos con triángulos amorosos, pero ese tipo de historias mayormente habitan la ficción o la memoria, la realidad siempre será mucho más complicada. Ejemplo, yo una vez me vi involucrado en una ruedita: a mí me gustaba fulana, a fulana le gustaba mengano, a mengano le gustaba zutana, y a zutana le gustaba yo. El asunto es que la ruedita terminó cuando zutana se rindió ante las insistencias de mengano. Pero incluso esta imagen es simplista.

            Cuando las chicas son guapas suelen tener no uno sino muchos pretendientes, podríamos llamar a esa imagen como el ramillete: una chica rodeada de aduladores. Recuerdo una ocasión en que había, nada más y menos que unos siete chicos detrás de la misma chica, además todos estaban hasta el fondo, camotes como decimos en Bolivia; aunque el asunto fuese mucho más hormonal que romántico. ¿Y quién le gustaba a ella? Supongo que ocasionalmente se rendía ante uno u otro, o tal vez tenía un amor fuera de sus festejantes. La pregunta es, ¿ninguno de esos chicos tenía alguna pretendiente por su lado? Yo los conocía, no a todos, pero sí a alguno, sé que siquiera uno de ellos era bastante popular entre algunas damas; si bien su carácter infantil y despistado no fuese el mejor para capturar compañía femenina. Entonces nuestro ramillete se deforma aún más, ya que cada uno de los festejantes podría tener, digamos, siquiera una seguidora por cabeza. Siete chicos detrás de la misma fulana, ocho personajes, cada chico con una chica por detrás, o de reserva, total quince personajes. Quince. Y ni siquiera estoy hablando de la gran ciudad, sino de una pequeña urbe en Latino América con una mínima clase media.

            Veamos, para que un triángulo amoroso tenga lugar, más allá de la posible flojera del narrador o la memoria, cada persona debería tener una vida tan mínima que desde ella no han logrado impactar a otra persona capaz de tener por ellos un sentimiento romántico. No estamos hablando de si están casados o no, con compromiso o sin él, eso no importa, hasta se podría decir que eso es parte de la salsa de la narrativa amorosa (ah, pero no es salsa que yo le recomiende probar a ninguno. Cuidado que las únicas lágrimas entretenidas pasan por las pantallas y es mejor evitarlas en la vida real). Sí, de seguro que puede suceder, mirando atrás uno siempre recuerda la pareja de amigos separada por una mujer, pero también olvida las otras chicas que podrían estar esperando no la reunión de los amigos sino la elección final de uno de los contendientes. Siempre hay partes de la historia que no nos cuentan. (Todas las imágenes pertenecen a sus respectivos dueños. Utilizadas sin fines comerciales para una bitácora no comercial.)

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Published by Rodrigo Antezana Patton - dans mimeme
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Miguel Lundin Peredo 08/05/2007 14:07

La idea de  un escritor para cada novela  siempre es muy prometedora, uno de los desafios mas duros de un escritor es no dejar incompletas las historias que quiere contar.
Se pueden tener muchos proyectos narrativos al mismo tiempo que se esta escribiendo una historia,el secreto consiste en no abandonar las ideas que tuvimos para escribir nuevos libros.Hay que superar el miedo a la imperfeccion narrativa,después de todo lo importante para nosotros los que escribimos es seguir escribiendo incluso hasta en el día tragico de nuestra muerte.

Rodrigo Antezana Patton 11/05/2007 10:21

Miguel. No sé, no sé. Es bastante trabajo de la idea  a la novela, bastante, bastante. Y, respecto a 'Bailar hasta morir', la idea no excusa el trabajo que representaría escribir esa novela. Por lo que no es miedo a la imperfección narrativa, que, como tú sabes, es algo inevitable, es el ya no estar involucrado con esa historia. Ya hablaré más al respecto, básicamente es un tipo deprimido y su vida en Cocha y Bolivia. Ya no siento lo suficiente por esos personajes. Y, una idea; aunque abandonada, siempre se las arregla para volver con otra forma. Recuerda, en el fondo, 'Sendero' es la mezcla de: Knight wars, La noche del bailarín y esa otra idea narrativa cuyo nombre ya no recuerdo. Ya veremos si 'Bailar' se transforma en algo que valga la pena. Creo que fue una fase, y ya pasó.

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