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1 décembre 2014 1 01 /12 /décembre /2014 22:43

                No se puede defender ningún crimen, bajo ninguna circunstancia. A pesar de lo mucho que se pretende excusarlos; como, por ejemplo, cuando el pobre roba por necesidad, la verdad es que siempre hay la opción de no cometer ese crimen, de no hacer daño. Sin embargo, cuando los crímenes monstruosos se tornan comunes, y los pecados más inimaginables se vuelven moneda usual, hay algo más que tan sólo un montón de gente inmoral viviendo en un lugar y tiempo dados. En circunstancias como ésas, sirve—o debería servir—buscar comprender qué sucedió ahí para que las cosas estén ahora como están. Teniendo esto en cuenta, les voy a contar una historia; porque, en el fondo, todas las historias que vienen a continuación son la misma.

El muchacho

                De todo el libro, éste pedazo es el que más me impactó. Creo ya haberlo mencionado siquiera una vez. En Afganistán, en medio del caos de los años noventa, después de una larga guerra que comenzó en 1978 y no termina hasta hoy, en un pueblo del sur, una población pastún, comenzó un tiroteo entre dos líderes, jerifes, del lugar. En medio de la balacera, habían muerto varios inocentes. La gente se preguntaba ‘qué hacer’, a ‘quién acudir’, después de todo, no había ninguna autoridad. No había policía, ni alcalde, ni gobernador, ni ley. ¿A quién podrías llamar?, ¿a quién le podrías pedir que arregle la disputa entre los dos caudillos? A la gente del pueblo no se le ocurrió mejor idea que ir donde el mejor hombre que ellos conocían: el líder de una escuela religiosa, un maestro piadoso que tenía fama de ser justo y honesto. Tenía un ojo dañado, era prácticamente un tuerto. Así que enviaron unas cuantas personas a suplicar su ayuda: ‘la gente está muriendo en el pueblo’, debieron explicarle, ‘porque ellos están peleando’. ¿Y por qué peleaban?, debió preguntar el maestro de escuela, y la respuesta debió resultarle siquiera un poco sorprendente, ya que todo parece indicar que los caudillos peleaban por los favores sexuales de un muchacho. Al parecer, uno de los jerifes del lugar había secuestrado al joven en cuestión y se lo iba a quedar, lo que su rival no estaba dispuesto a aceptar por lo que se puso a intercambiar balas con el otro. El maestro debió estar sorprendido, escandalizado y muy triste de que en su país la gente esté dispuesta así, a matar por cualquier razón. El maestro fue en busca de un arma, cogió una metralleta kalasnikov, y pidió ayuda a todos sus estudiantes, porque él iba a poner orden en el pueblo y castigar a los perpetradores de este crimen. La primera incursión del maestro fue un éxito, logró imponer su ley en el pueblo y ajusticiar a los líderes irresponsables. Su movimiento se conoció, y se conoce, como los ‘estudiantes’, o talibanes. Y el nombre del maestro es Mojamed Abdulá Omar.

Entre los dos ríos

                No conozco los detalles. Tal vez era hijo de un funcionario menor del gobierno, alguien que vivía una clase media aceptable. Una persona que tuvo una infancia tranquila, privilegiada dentro lo que es el tercer mundo. Vivió bien, sin servir directamente al monstruoso régimen que gobernaba el país, sin muchos problemas. Vivió, seguramente, sin dañar a otros de manera importante, y sin ser él víctima de daño. Hasta el año 2003 en que los Estados Unidos, por buenas razones y por motivos de responsabilidad internacional, invadieron su país, Iraq. Los estadounidenses venían a cambiar de régimen, a darle una oportunidad a la gente del país, la posibilidad de un futuro, algo nuevo y distinto. Él era un sunita que debió ver la realidad de otra Azaz, Syriamanera. La ingenuidad estadounidense se mostró supina, los chiitas, por mucho tiempo discriminados por la minoría sunita aprovecharon la llegado de los estadounidenses y de la supuesta democracia para copar los espacios de poder. Él debió ver cómo sus familiares perdían trabajos, ya sean puestos militares o lo que fuera. Debió verlos sufrir adaptarse a una situación donde los sunitas eran los despreciados; y a una situación donde mucha gente se oponía al nuevo gobierno y tenía lealtad al antiguo gobierno, cuestiones de sangre o lo que fuera. Parientes suyos, lejanos o cercanos, debieron morir en la insurrección y resistencia que comenzó acabado el gobierno de Sadam Juseín, y no termina hasta nuestros días. De seguro que se enteró de las atrocidades cometidas por los soldados estadounidenses, de seguro que se la cometieron al pariente de alguien, a un primo tuyo o de algún conocido, en una sociedad tribal, los lazos de sangre son muy importantes. No se puso a pensar que lo hecho por los soldados americanos eran los crímenes de Mike o James, para él fueron perpetrados por los invasores y punto. Además, le rodeaba un fracaso económico, una desesperación profunda… por lo que ya había dejado los estudios religiosos y comenzó a luchar.

                Un año bajo las bombas. Un año viendo morir a sus amigos, parientes. Un año de corrupción total en el gobierno, un año de fracasos e ineptitud de los burócratas. Y otro año más. Supongo que, en algunas situaciones se necesita mucho menos que eso para dañar la mente de uno. En cualquier caso, por estas fechas él ya se había unido a la guerra, y lo metieron en la cárcel. Y no a una cárcel cualquiera, sino una administrada por el ejército de los EE.UU. Los soldados no están entrenados para administrar cárceles. Y si bien los crímenes de Abu Graib no fueron—esperemos—la regla del desempeño penitenciario estadounidense, pues, un instante de Abu Graib ya es suficiente para convertir a cualquier prisionero en una bestia llena de sed de venganza. A nuestra mente le gusta manejar ideas simplificadas, lo que nos sirve muy bien la mayor parte del tiempo, cuando eres víctima de un abuso, y las personas que cometen ese abuso son soldados del ejército de los Estados Unidos, pues, en vez de odiar a James o Mike, ¿por qué no odiar al ejército de Estados Unidos? Las posibilidades de vengarte de James o Mike son mínimas; pero los soldados estadounidenses, en cambio, están por todas partes.

                De ahí, con un enemigo jurado y omnipresente, una vocación religiosa truncada por la guerra y la violencia, lleno de rencor, decepcionado por las acciones chiitas y hostil a ellos, era fácil seguir por el camino de la violencia, porque ¿qué otra opción le quedaba? Más o menos esta es la historia, resumida, claro está, de Abu Bakr Al Bagdadi, líder del Estado Islámico.


 
El levante

                Cuando te golpean el estómago es cuando la gente reacciona. Mientras tú puedes comer, pues, te quedas tranquilo; pero, cuando la pancita comienza a gruñir es hora de hacer algo, siquiera protestar para distraer al hambre. La llamada ‘primavera árabe’ comenzó con una cadena de incrementos estrafalarios en el coste de vida de todo el oriente medio y el norte de África. ¿Conocen la historia? Hubo protestas en Túnez, Egipto, Qatar, Jordania, Libia, Argelia, e incluso en Israel, también hubo protestas en Siria.

                Siria era (y, todavía en algunas regiones, es) gobernada por la familia Al Assad, ahora gobierna el hijo de Jafez, Basar Al Assad. Jafez fue un brutal dictador sin consciencia, solo superado por Juseín en el maltrato a su propio pueblo. La familia es parte de una minoría religiosa dentro del Islam, los alawitas, así que no pueden contar con el apoyo explícito de los sunitas o los chiitas. Basar, o Bachar, respondió a las protestas pacíficas en su contra no con maniobra política ni apertura, sino con una violencia que haría empalidecer a más de un bárbaro.  La gente se reunía en las plazas o calles, por lo general, tras salir de la mezquita los días viernes y organizaba una protesta más o menos espontánea. La respuesta de Bachar, y su gobierno, fue la de disparar contra la gente desarmada y secuestrar y torturar a algunos de los líderes, o participantes, involucrados en las protestas. En una ocasión entregaron a una familia al hijo desaparecido de 13 años, con visibles signos de tortura, y mutilado, para amedrentarlos. Assad respondió a las protestas pacíficas con una brutalidad tal que la gente comenzó a desesperarse, y llenarse de odio. Buscaron cualquier arma y comenzó una rebelión. Después, unidades completas del ejército comenzaron a desertar.

                Los países occidentales, y parte del mundo civilizado, protestó en contra de Assad y lo que su régimen había hecho. Dijeron: huy, huy, huy, qué mal, qué barbaridad, y qué vergüenza. El cretino presidente de los Estados Unidos incluso llegó a decir que el gobierno de Siria cruzaría una línea roja si atacaba a su gente haciendo uso de armas químicas. O sea: puedes matar a tu gente, violar a las mujeres, torturar, mutilar a niños inocentes, pero, por favor, de uno en uno, en cantidades moderadas por vez. Dios, qué imbécil. Y quéDolo001 imbéciles son los burócratas de la política exterior mundial (Pero esa imbecilidad de las instituciones no se compara con, o es un reflejo de, la profunda estupidez de la gente, que alzó el grito al cielo cuando EE.UU. amenazó con intervenir después del ataque químico contra la población de Gouta). No hicieron nada, el apoyo a los rebeldes sirios se dio de manera tímida y esporádica, incluso en su mejor momento, no ayudaron lo suficiente. En cambio, los radicales musulmanes, los hijo de Bin Laden y Al Zawajiri, buscaron todos los aportes privados que pudieron, de cualquier parte y mano; además, entre ellos habían veteranos de mil guerras, desde Bosnia, en los años 90’s, hasta la limitada guerra que se peleaba en el país vecino: Iraq, junto a chechenos, paquistaníes, afganos, y árabes que luchaban en cualquier lugar que hubiese un musulmán siendo dañado por otro no musulmán o menos musulmán que estos musulmanes, como lo eran los alawitas de Assad.

                Muy pronto, en medio de las múltiples facciones que enfrentaban al régimen de Al Assad, los islamistas se hicieron celebres por su valor incondicional y buen manejo de las armas. Entre ellos destacaban Al Nusrá, el Frente Islámico, la Unión Islámica y otros grupos. Ellos peleaban con los medios que tenían a su disposición, a veces, con un valor suicida. El régimen respondía cada vez con una brutalidad que pesaba, los crímenes se amontonaban todos los días. Así que los islámicos comenzaron a hacer uso de recursos desesperados, como los ataques suicidas, y con buenos resultados. En uno de los ataques lograron matar a uno de los altos funcionarios del régimen. La fórmula parecía ser una y muy básica: a la brutalidad se oponían con brutalidad, al horror con horror, y a los crímenes con crímenes. Básicamente aislados, los grupos radicales no tenían ningún incentivo para ser más clementes con sus enemigos; sabían que nadie iba a ser piadoso con ellos, así que ¿por qué deberían ser ellos tolerantes con sus enemigos? Los informes de atrocidades cometidos por los sectores islámicos comenzaron a amontonarse. Y, entre escaramuza y masacre, comenzó a surgir un nombre, una facción islámica en Siria que no tenía piedad, y era más radical que el resto, incluso habían combatido contra sus propios compañeros islamistas de Al Nusrá, el nombre de esa nueva facción radical era Estado Islámico de Iraq y el levante, o EISIL, que cobraría mucha notoriedad al arrasar con las tropas iraquíes, que los EE.UU. patéticamente habían intentado formar durante casi diez años de benefactora ocupación, y proclamar el Estado Islámico, entre Iraq y Siria.

                Y al frente del Estado Islámico estaba un hombre, alguien que sólo había conocido brutalidad durante más de diez años: Abu Bakr Al Bagdadi. Su facción ha demostrado ser cruel, fanática, inmoral y bárbara, así que, en este barrio, le va muy bien. Sus crímenes son algo de lo que Bachar Al Assad estaría orgulloso: violaciones, secuestros, conversión forzosa, aniquilamiento de comunidades, y un cansado, aparte de extenso, etcétera. ¿Por qué es así?, ¿Por qué son así esos jóvenes que parten de Europa a pelear por el islam? El caso de Bagadadi y la facción Estado Islámico es fácil de explicar: es lo único que conoce. Él fue maltratado y agredido por los chiitas, capturado y atacado por los estadounidenses, siquiera ignorado por los kurdos; aunque es mucho más fácil decir que ellos eran cómplices de la ocupación estadounidense, abandonado por toda la comunidad internacional, despreciado por la mayoría de los gobiernos árabes… y un largo etcétera de calamidades sufridas. Por eso es él así. Por eso él lidera así. Y eso es muy triste.

Cantar

                Ya no recuerdo la facción a la que pertenecía. Un joven voluntario islamista, sirio o extranjero, que cantaba en un video subido a tutele. En medio de los videos sobre el tema: explosiones de tanques, tiroteos en tal o cual lugar, ataques repelidos y ataques realizados, obuses haciendo estallar muros, propaganda del régimen en medio de disparos; el canto de este joven soldado resulta conmovedor. Un brutal contraste entre la violencia sin límites y la posibilidad que tenemos de hacer algo agradable. Es el otro lado del islam, el sentido canto religioso, un poco de belleza en medio del horror, una muestra de las opciones que Siria, Iraq, y Al Bagdadi, o los Talibán en Afganistán, o Boko Jaram en Nigeria, nunca escogieron.

Créditos: Primera imagen, una fotografía de dos tanques destruidos, en Azaz, Siria, de Christiaan Triebert; Segunda imagen, un fotograma de los rebeldes sirios, imagen de VOA news, tomada por Scott Bobb reportando desde Siria. 

Hola, hola. Vaya, sí que estuve, mmm, ocupado, che. Bueno, la verdad es la de siempre, sucede que esta nota es verdad un resumen demasiado breve de un asunto muy complejo y del que ya hablé antes. O sea: no es ninguna novedad, y no solo eso, también resulta largo, y toma tiempo revisar un poco algunos detalles y, además, yo sé que esto no le interesa a mi público. En otras palabras, no tenía ningún incentivo para terminar de escribir esto, a la vez que no lo podía sacar de mi cabeza. 

Los temas que me vienen en estos momentos son los mismos de siempre, tal vez con una mayor urgencia proveniendo de este o aquel otro problema. Por ejemplo, ¿se han preocupado un poco por seguir las noticias económicas? Japón está en recesión, y, por ahí, dicen, sorpresivamente, ¿es que alguien en verdad esperaba que diera resultado no que no ha funcionado los últimos veinte años? Y parece que la respuesta es afirmativa, que la gente está así de desubicada, entonces les caerá de sorpresa la que le viene a Europa, que sufre todavía... con Italia en recesión, y con patéticos crecimientos en Francia y Alemania. ¿De verdad esperan salir de esta? Bueno, qué locos, y lo que han hecho... lo que han hecho, más dinero fácil, por aquí y allí, es el colmo. Una revisión superficial del mundo económico solo arroja malas noticias, de malas a peores. 

Ja, ja, ya quiero ver lo que sucede en Venezuela con la caída de precios del petróleo, veremos cómo tapan los orificios en su economía. No creo que puedan hacerlo, así que se vendrá mayor inestabilidad a este país, si no es algo peor. Pronto, se viene pronto. 

Pero estamos en Diciembre, ya comenzó el último mes del año, así que debemos/debo pensar en temas más halagüeños, porque no hay ninguna razón por la que no debamos alegrarnos y si aprovechas la festividad que golpea al conjunto social, pues, ¿por qué no? Por lo que yo estaré buscando temas interesantes desde el punto de vista cultural para la bitácora--y ya prácticamente estoy en vacaciones, así que se supone que tendré algo de tiempo y... pero... y... de eso voy a estar hablando, sobre todas las buenas noticias, que las hay, a niveles egoístas, claro, porque el mundo ya hace buen tiempo que decidió irse al garete.

Lo que sí, hay noticias que no puedo ignorar, una es la muerte de 'Chespirito', sobre el que quería escribir hace tiempo, y no creo haberlo hecho, y la otra es, pues, esto:

algo que ustedes tampoco podrán ignorar. Yo confío en el director, así que aunque no me espero una maravilla, será suficiente que sea divertida, entretenida y llena de bichos regios. Yo quiero, yo quiero, yo quiero. 

¿Vieron 'Interestelar'? Es un guión medio caótico, está lleno de accidentes innecesarios; pero logra tener un ambiente muy efectivo, varias buenas escenas y un aceptable éxito sentimental. 

¿Qué más? Como siempre, mucho más, pero, después.

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Published by Rodrigo Antezana Patton - dans Problemas
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