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21 décembre 2010 2 21 /12 /décembre /2010 06:19

                Descubrí a Lovecraft muy tarde, teniendo en cuenta que ya conocía un montón de autores clásicos, sin llegar a los 20, y que Edgar Allan Poe fue una de mis lecturas de infancia y adolescencia. Sucede que no había libros de Lovecraft en casa, y mi padre nunca gustó de él, por lo que no le recomendaba, entonces, yo postergué leerlo con el interés que se le debe. ¿Cuándo me encontré con él? No lo sé. Creo que fue una compra accidental, un libro costeable que podría comprar: ‘El horror de Dunwich’ y otros cuentos… ¿Fue ahí, en ese entonces? No lo recuerdo. La otra posibilidad es que fuera la pasión con que unos amigos defendían al autor, y que uno de ellos estuviese dispuesto a prestarme ‘Las montañas de la locura’. Creo que, en el fondo, es ambas cosas. Descubrí ese libro, ‘Dunwich,’ en una de mis escapadas a La Paz y la pasión con que mis amigos defendían al autor, más el buen sabor de boca que me dejó ‘Montañas’, acabó por convertirme en un seguidor. Sí, se va aclarando la imagen en mi memoria…  Lovecraft se ganó mi respaldo cuando describió ‘la criatura indescriptible’.

HablarMontanha002                Menudo desafío, ¿verdad? Describir una criatura indescriptible (El uso de adjetivos de Lovecraft no es el más afortunado de todos). ¿Cómo hacer eso?, ¿cómo describir la criatura que NO se puede describir? Mientras leía el relato, pensaba que me iba a encontrar con un monstruo, ya saben, algo clásico: boca grande, brazos fuertes. Una especie de Godzilla, o uno de esos monstruos japoneses, que nunca pueden ser muy originales, debido a que un actor debe poder ingresar en el traje de monstruo. No pensé que me encontraría con lo que me encontré, pues nada menos que un monstruo en verdad indescriptible. Ahí me di cuenta que la fantasía de Lovecraft estaba bien pensada. Prefiero no arruinar la sorpresa de qué podría ser, o cómo, si quieren ‘ver’ al ‘horror’ que estaba invadiendo Dunwich, les recomiendo leer el cuento. Valga decir que esa descripción consiguió impulsarme hacia el camino Lovecraftiano.

                La gota que colmó el vaso, lo que me impulsó a comprar el libro de la The Library of America, pues fue la película “Dagón” de Stuart Gordon (no lo puedo verificar en la red, estoy bajando un pedazo de peli’). Digamos que estamos al final de la peli’ y… va a suceder algo, algo que no es poco común en las películas de terror, entonces, sorpresa, también sucede otra cosa… y, al final, aparece una cita de Lovecraft. La película es una adaptación bastante libre, y fiel, a la vez, de un cuento suyo ‘La sombra sobre Innsmouth’. De Lovecraft tomaron la idea central, la estructura, el mundo bizarro, las criaturas, y es adaptación, los personajes, y los sucesos particulares. El final del filme es sumamente evocador, están sucediendo cosas terribles, y, de pronto, de pronto se te abren las puertas… Tampoco quiero arruinarles el final. Les invito a ver la peli’. Entonces, me uní al club, y con fuerza. Escribiría un artículo que fue publicado en La Paz (y creo que aquí, en Cocha, también), fue central en la revista cultural ‘Fondo Negro’. Al poco tiempo, junto con un amigo, convocamos a los amigos escritores a elaborar cuentos con un trasfondo lovecraftiano pero con contextos bolivianos. Titulamos a la compilación ‘Inmigraciones de Arkham’, y fue publicado por la Editorial Gente Común, gracias a los contactos de uno de los autores. (No uso su nombre porque ahora es famoso, y medio que suena a que le estoy utilizando para recibir más público… ah, y no quiero pedirle permiso, seguro que me lo daría… pero igual queda como si…)

                Desde entonces, hasta ahora, Lovecraft y su trabajo ha sido un referente que siempre puedehablarmontanha003 presentar más de lo que se ve a primera vista. Como mencioné antes, es injusta la comparación con Poe. Edgar Allan Poe era un genio mayúsculo de la palabra, todo lo que escribió, cada cuento suyo publicado, es bueno. Dentro de esto, hay cuentos geniales, porque tenía una prosa perfecta, un tono de voz ideal para contar cualquier historia; pero no hay, por detrás de su talento, un universo propio, un conjunto de ideas con raíces profundas. Lovecraft, en cambio, es algo torpe en su escritura, tropieza, sobre todo con adjetivos. El decir ‘mundo horroroso’, no hace ‘horroroso’ a ningún mundo. Hay que describir, crear, sustantivar ese mundo horroroso, y si bien Lovecraft tuvo mucho talento para hacer algo de eso, también lo hizo después de llover muchos adjetivos. Además, tiene algunas salidas de tono, del tipo que nunca se encontraría en un trabajo de Poe. El fuerte de Lovecraft no es una prosa hipnótica, es sus ideas, es su mundo, el inimaginable diálogo con montañas, conversar con las mareas, y preguntarle al desierto que nos hablé de su pasado. Eso es Lovecraft, y en este campo nadie le hace sombra. Y ¿cómo son esas voces? Truenos, atronadores retumbos sin fin, gritos de rayos que resuenan y nos ensordecen. Ante las palabras de los dioses sólo podemos buscar refugio.

                En la antigüedad, el ser humano imaginó leyendas y mitos de la creación del mundo. En ninguno de estos mitos se creaba algo más que el planeta, o el territorio que un ser humano puede abarcar con la vista. Y, como epítome de esa creación, el último acto, se creaba a la humanidad, como lo más cercano a la perfección del creador. Si bien esto es casi una paráfrasis del mito judeocristiano, el resto de las culturas primitivas siempre tuvo a la humanidad en un pedestal. La noción de universo ptolemaico, por ejemplo, sitúa a la Tierra en el centro de un sistema solar, el llamado modelo Geocéntrico. En el Antiguo Egipto, todavía la pirámide del Rey Keops sigue siendo más grande que cualquier templo con el que nos hayamos topado. El rey egipcio era considerado un dios viviente. Los dioses griegos, a pesar de su poder muy superior al humano promedio, estaban ‘humanizados’ y nos prestaban mucha atención, permitiendo al mortal común ganarse su apoyo y ayuda. Uno de ellos, precisamente, Ulises, logró llegar a casa, superando los desafíos puestos por un dios, Poseidón. (En la magnífica obra inmortal, ‘La Odisea’) Ni siquiera los descubrimientos científicos, o razonamientos acertados, de tiempos antiguos o modernos, pudieron cambiar en algo este punto de vista, una noción completamente antropocéntrica de la realidad que nos rodea. Una vez que murieron los dioses, el ser humano, con su particular capacidad, ocupó el pedestal que habían abandonado. Durante la revolución francesa, se quiso hacer un templo al hombre y la mujer, a los mortales.

                Todos somos seres humanos, y las únicas criaturas que hablan con una sofisticación comparable, son, pues, otros seres humanos. Sólo nosotros escribimos. Además, la misma naturaleza humana no nos permite ver las cosas desde una perspectiva que no sea la nuestra (es un proceso psicológico llamado proyección, lo hacemos todo el tiempo). Entonces, vaya desafío que resulta el intentar hacer una narrativa no antropocéntrica. Hay, y ha habido, algunos textos narrativos no antropocéntricos; pero son escasos, siempre pocos. Toda reivindicación de la naturaleza, podría catalogarse como una narración no antropocéntrica, lo que podría limitarse a un aplauso. Bravo, y eso es todo. Una obra que no incluya a humanos, es no antropocéntrica. Tenemos algunas. Ahora, ¿cómo hacer para que, dentro de una obra no antropocéntrica, tengamos a seres humanos, que los humanos sean importantes, e insignificantes? Importantes para que podamos relacionarnos con la historia, e insignificantes para que sea no antropocéntrica, para que pueda comunicar ese otro punto de vista. ¿Cómo hacemos para que los personajes puedan entablar un diálogo con las montañas, y que sea interesante escuchar ese diálogo? Leer a Lovecraft.

hablarmontanhas005                Uno de los grandes aportes de Lovecraft, en su muy original obra (hasta se podría decir que sólo él, tiene una obra como la suya, a pesar del ejército de seguidores suyos, e imitadores de su narrativa), fue el imaginar, crear y narrar aventuras donde los seres humanos sufren problemas, enfrentando a criaturas rarísimas, lidiando con fenómenos que demuestran la diminuta dimensión del ser humano. Nuestro planeta ha existido por unos 4 mil millones de años, hay vida desde hace unos 3 mil quinientos, vida compleja desde hace unos 300 millones de años. El ser humano, como homo sapiens sapiens, apenas tiene unos 60 mil o 40 mil años. Nuestro planeta es uno de nueve que gira alrededor del sol, de SOL, nuestra estrella. En la galaxia, Vía Láctea, tenemos a unas 300 mil millones. ¡300 millardos de estrellas! Somos en verdad insignificantes; pero, decirlo así, de manera fría, pues, sólo es un dato demasiado grande para razonarlo. En el fondo no significa nada. Apenas recordamos lo que sucedió la semana pasada (a ver, a que ustedes no pueden recordar tooooodo lo que sucedió la semana pasada, ¿cada día?, ¿cada hora? Y si pueden hacerlo, pobrecitos, que sus cabezas deben estar llenas de momentos insulsos), qué vamos a poder siquiera pensar en millones de años. La historia, que funciona en base a registros, tiene unos 5500 años, remontándonos a los primeros documentos sumerios y egipcios. Las dimensiones son demasiado grandes, y cuando tenemos eso, hemos tropezado con escalas que no funcionan. Lovecraft, en cambio, busca difundir su filosofía no antropocéntrica, de una manera que cale en su lector. Su fórmula, de hacer uso de criaturas fantásticas, otras dimensiones, y conocimiento milenario, es única, y un acierto total. Lovecraft logra generar esa sensación de tiempo inmemorial, e insignificancia humana. Un aplauso de pie por favor, por este simple mortal.

                Y, ¿de qué sirve una perspectiva no antropocéntrica? Por una extraña razón que no comprendo muyhablamontanha001 bien, se ha hecho una lectura muy pesimista de la obra de Lovecraft. (Creo que en tiempos de decadencia la gente se vuelve muy alharaca, muy llorones. Encuentran en el lamento una morbosa alegría. Un infantil consuelo a su propio patetismo…) En primer lugar, una obra no antropocéntrica permite al ser humano verse desde otro punto de vista. En vez de ser el dios que los franceses revolucionarios desean adorar, otorgarnos el tamaño de un insecto nos permite pensar en muchas cosas. Verán, antropocentrismo tiene la misma raíz que egocentrismo, y la perspectiva ‘egocéntrica’ no es buena, pregúntenle a cualquier psicólogo, es darte mucho a ti, olvidándote de la otra persona. Los seres humanos que han destruido el mundo natural que nos rodea, la aniquilación de bosques, vaciando lo mares de sus peces, los que ensucian mucho. Todas esas actitudes, como conjunto humano, son antropocéntricas, no piensan en lo pequeños que somos, lo dependientes que somos de la ecología que nos rodea, olvidamos el mal que hacemos, y cómo nos perjudica éste después. Tan sólo vean lo que sucede en China, donde están ensuciando su ambiente sólo por un afán consumista de progreso… ¿A quién le hace daño todo ese desarrollo mal llevado? A ellos mismos. Vernos pequeños, es una buena lección para el demasiado inflado ego humano.

                Si es bueno ser no egocéntrico, estar más al tanto de lo que otros piensan, sienten, también es positivo no ser antropocéntrico. No creer que, como ser humano, como humanidad, eres el centro de algo. El enfrentar la vida con una noción de tu verdadera dimensión debería hacernos valorar nuestras frágiles y breves existencias. Puede que los inmortales se aburran de una eterna existencia, nosotros, los breves, no tenemos tiempo para aburrirnos. Y el reconocer lo diminuto de tu propiedad, te hace valorar lo que sea que tengas. Eres pequeño, eres débil, eres frágil, no reduce de ninguna manera tus posibilidades para disfrutar tu muy limitada existencia humana, simplemente te hace recuerdo que debes ser cuidadoso y no pretender que puedes hacer algo más que mover pequeños castillos de arena. Recuérdalo.

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Published by Rodrigo Antezana Patton - dans mimeme
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