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17 octobre 2011 1 17 /10 /octobre /2011 06:06

Conan001Por Rodrigo Antezana Patton

                “Entre el hundimiento de la Atlántida y el ascenso de los hijos de Aryas, existió un era extraordinaria, y en este tiempo surgió Conan, destinado a ceñir la corona de Aquilonia…” Con estas palabras—en aceptable traducción—comienza “Conan El bárbaro”, la película de 1982. El actor japonés Mako es el que se encargó de poner la voz al narrador, rol que se tomó muy en serio, da la impresión de que lee cada oración como si se tratase de una historia épica. Inmediatamente finalizada su breve lectura, la música de Basil Poledouris sube de volumen y domina el ambiente, ha comenzado la aventura. Qué emoción. En cambio, el 2011, el magnífico timbre de Morgan Freeman refleja la frialdad de un titular de noticiero, y esto es nada menos que el principio. Una mala señal, muy mala. Baj, qué atropello a mi niñez, ni qué decir de los jóvenes y niños que ahora, por esta mala película, no tendrán deseos de acercarse a este personaje, y menos al género narrativo inventado por Robert E. Howard.

                El filme de 1982 fue escrito por Jon Milius y Oliver Stone, quien, por esos años, le metía ganas a su trabajo. Los autores se habían decidido a buscar emoción y aventura, estaban presionados a tener éxito. Por el lado de la producción estaba la familia DeLaurentiis, Dino y Raffaella, decididos a apostar y ganar en grande. Arnorld Schwarzenegger, que interpreta a Conan, simplemente dejó fluir su carisma natural en un papel que no requería de mucha capacidad actoral. Para su tiempo, “Conan” fue una gran producción y obtuvo una fenomenal respuesta en taquilla. La segunda película también fue un digno miembro de la serie, y al público, además de los productores, les habría gustado tener más, pero los compromisos de Arnold lo impidieron. Veinte años más tarde, el director Marcus Nispel, junto a un ejército de productores y escritores, buscaron resucitar la franquicia, sólo para estrellarse con la ignominia narrativa y la indiferencia del público.

                A pesar de contar con un presupuesto de 90 millones de US$, los guionistas del filme estaban tanCONan002 perdidos con el género que nada les funcionó, sus monstruos no asustan, la acción no entretiene y ni sus doncellas o villanos causan alguna impresión. Una pena. Si bien, Jason Momoa revela que ha hecho todo el esfuerzo necesario para obtener el físico de un bárbaro, no hay nada que él pueda hacer para salvar a su insípido personaje. Los demás tienen el mismo problema, no son interesantes, ni lo es el ambiente o la historia. “Conan El bárbaro” es un gran defecto narrativo. Las batallas son un desorden, con los arqueros disparando contra su propia gente; los enfrentamientos personales, una ingenuidad; el romance carece de relevancia. Pareciera que nadie cree en la historia, ni los personajes. La estructura de la narración es digna de un aprendiz de escritor destinado al fracaso. Por ejemplo, hay una personaje denominada Cheren, una arquera de regio aspecto, la vemos destacada en la primera batalla, pero no se nos informa cuál es su particularidad, ni si es poco o muy hábil, después, en la siguiente confrontación, muere como una extra cualquiera. ¿Por qué no aprovecharon su aspecto interesante?, ¿por qué no buscaron destacarla resaltando alguna habilidad suya?, ¿un diálogo?, ¿una actitud un poco más compleja que la de simple agresividad? Porque todos ellos, productores y guionistas, no saben qué están haciendo. Ellos parecen creer que un filme de fantasía es sangre, magia y un par de escenarios fantásticos. No se les pasó por la cabeza pensar que la historia, los personajes, y el drama, son tan necesarios en este como en cualquier otro género narrativo. Los efectos especiales y el diseño de producción son sólo eso: escenario, y nadie asiste al teatro para ver al árbol. 

Estimadas lectoras, y lectores, como siempre, me atraso por desordenado. Bueno, espero que la próxima semana pueda escribir una nota que ya he comenzado: 'la guerra epistemológica', que, a pesar de su título rimbonbante, es un tema sencillo pero fascinante. Es simplemente hablar sobre cómo el hecho de que tengamos malas ideas determina nuestro abordaje de la realidad, y, por lo tanto, errores cometidos en la aplicación de políticas públicas o privadas. O sea, malas ideas: muchos errores. La novedad, claro, es cuáles son esas malas ideas.

(Ah, podrán ver que la nota es una de esas que no pudieron, por x o z razón, ser publicadas en Los Tiempos.)

También me permito comentarles que este mes vamos a batir la marca de 2000 visitas únicas, por fin, después de no sé cuántos años que se mantenía por debajo de ese promedio. Lo interesante del asunto es que esto se debe a que, mientras no escribo, la gente visita para ver si hay un artículo nuevo, así que todavía, me parece no es público 'real'. Venga, ayuden a cambiar eso. Mencionen la bitácora a quien pueda interesarle.

Y... y, y, bueno, pues, eso. Ofreceré más novedades sobre varias cosas... la próxima semana. Saludos a todas y  todos.
 

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Published by Rodrigo Antezana Patton - dans mimeme
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