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14 janvier 2010 4 14 /01 /janvier /2010 05:06

A mí me encantó la tontería, ésta.

                En nuestro muy confundido mundito, yo soy un ecologista—no me canso de repetirlo—por la misma razón que todos los demás, un grupo de jóvenes que, en los años setenta, desde Alemania, y de ahí al resto de Europa, comenzaron a protestar contra la contaminación ambiental provocada por la industria. Muchas cosas buenas salieron de su iniciativa: limpiaron mucho los ríos del continente, antes, meterse al Rin era bañarse en aceite, hoy en día está mucho más limpio, y el Támesis hasta tiene peces; promovieron regulaciones en áreas necesarias, como la pesca, los desechos industriales, etc. Gracias a ellos se salvó la capa de ozono, y el mundo entero comenzó a percibir como algo positivo, y necesario,  el cuidado de la naturaleza. Ahora, siquiera una parte de los ‘ecologistas’, tenían raíces en la contracultura estadounidense y el jipismo de los años 60’s, o sea, eran unos tronaditos. El movimiento ecológico contemporáneo es una bizarra mezcla que va desde gente razonable, abordando un problema, hasta místicos de toda calaña, primitivistas o rayados convencidos de cualquier cosa. Y, una gota, o una copa, todos estamos metidos (y si no, mal por vos, pues) en esto.

4272609950_cedbafa62a.jpg                El claro mensaje ecológico de “Avatar”, el más reciente filme de James Cameron, tiene mucho de razonable—será un reducido número el que proteste contra una clarísima condena a la voracidad excesiva—y bastante de caos místico. Después de todo, Cameron es un hijo de éste tiempo. “Esto no es vudú”, nos explica la doctora Augustine, al hablar de la conexión entre los salvajitos del planeta Pandora, los Na’vi, y el planeta mismo. Verán, la idea es bastante interesante y creativa, resulta que los Na’vi tienen una conexión con la naturaleza que les rodea, a través de unos apéndices que funcionan como un puerto USB, que les permite, literalmente, controlar a cierto tipo de animales y explorar un ‘árbol’ de memorias, nada menos que un disco duro biológico. Vaya con los salvajitos, arcos y flechas, obvio; pero también WiFi. Esta idea fascinante permite la creación de una naturaleza espectacular e idealizada. Los Na’vi, entonces, son los buenos, no podía ser de otra manera, y tienen, a su alrededor, un tesoro inaudito. Cuando subes tan alto la calidad moral de los protagonistas, probablemente hagas lo propio con los antagonistas, hacia abajo.

                ¿Quién es el enemigo en “Avatar”?, ¿hambrientos humanos?, ¿gente desesperada buscando una alternativa de vida fuera de un mundo destruido?, ¿sabios que han aprendido de sus errores buscando redimirse? Claro que no. Los enemigos son unos imbéciles. El problema de crear el paraíso es la inevitabilidad de los diablitos. Cualquier idealización siempre será una simplificación, en algunos casos muy burda, en otros, como en “Avatar”, tendrá el poder de un perfecto espejismo. Con los mafiosos y criminales del planeta reducidos a inofensivos gatitos, en comparación a la vileza del sector financiero y el gobierno de Washington D.C. (sólo vean los que han hecho con el famoso ‘rescate económico’), pues, los malos de la narrativa debían ser algo tan básico como ‘La Corporación’. Una vez más podemos tener las preguntas de rigor, ¿busca la corporación producir buenos productos para beneficio de la sociedad?, ¿es una estructura que se respeta y respeta?, ¿es Toyota, Volkswagen, Sony o Samsung? Una vez más, la respuesta es ‘por supuesto que no’. La ‘Corporación’, en “Avatar”, es un adefesio horroroso que sólo busca llenar sus cochinos bolsillos de sucio dinero, sin importarles qué dañan, y menos a quiénes. En otras palabras, son una compañía de servicios financieros, como lo fuera la Lehman Brothers. ¿Vale la pena explicar que estas viles empresas son casi una aberración económica? Nadie puede, ni debería intentar, defender la angurria. La condena es unánime a la insatisfactoria sed de riqueza que atropella cualquier escrúpulo; pero, por favor, no reduzcamos la complejidad del mundo que nos rodea a sólo la malvada búsqueda de dinero.

                ¿Son malignos los estadounidenses que se dirigen al trabajo en automóvil?, ¿o usted? Ya que son esas hambrientas boquitas rodantes las que impulsan los atropellos ecológicos de EXXON, Petrobras o YPFB. Tú y yo (que autito no tengo, igual, tomo taxi, trufi, micro). ¿Quién provoca más daño ecológico, la compañía ESTOSNO, o las multitudes de campesinos que invaden la Amazonía, sólo buscando una oportunidad?, ¿o los pobres en Haití? Que arrasan con todo árbol para hacer carbón y venderlo. El asunto es complicado. Simplificarlo todo para reducirlo a un pobre discurso de ‘ángeles sabios’ versus ‘aceitosos demonios’ es renunciar intelectualmente a abordar el problema. No quiero pensar. No quiero comprender. Sólo busco fáciles condenas, clichés, y narrativa sin complicaciones. Sucede eso, no es la primera vez que lo vemos, ya está a poco de ser la regla. El resultado no podía ser otro: malos personajes, lo que no quiere decir que sea imposible simpatizar con los presentes, después de todo, ¿a quién no le gustan las chicas gato con piel azul y tres metros de estatura? Agradan en su sencillez.

4271709211_c30a39551c.jpg                Simple, innegable, “Avatar” también es una aventura con una imaginación desbordante, un arte gráfico sobrecogedor, lleno de atrayentes luces que nos hipnotizan: el mundo nuevo, lo extraño, lo fantástico, el coraje, el sentido tribal, la naturaleza perfecta. Cameron toca con pasión una melodía, cuyo ritmo básico se pega a nuestros huesos, el baile es inevitable, como lo será el encanto con este fascinante lugar, la celebración por la victoria, el lamento por el daño. Complejos son nuestros problemas, nosotros somos sencillos. Cameron tiene talento para narrar, no lo ha perdido, se luce a cada momento. “Avatar” es un festejo de entretenimiento, con el peligroso encanto de lo fácil, ni siquiera intente evitar disfrutarla, déjese llevar, que la crítica ya la escribí yo. Repito, a mí me encantó la tontería, ésta.

Aquí está mi nota sobre 'Avatar', que por alguna razón desapareció de la red. No está todo lo que me habría gustado decir; pero si está lo principal. Como podrán ver, también hay un par de ideas sueltas (la cita de las palabras de Sigourney, como la doctora, iban al hecho de que todas las demás tribus, obviamente, serían sólo tonterías, vudú, ya que sólo estos bichos están, en verdad, conectados a un WiFi. Espero que les guste, a diferencia de otros filmes, "avatar" siquiera vale la pena ver por toda la creatividad, velocidad, etc. Espero les guste, y espero poder escribir algo el finde. Saludos.

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Published by Rodrigo Antezana Patton - dans mimeme
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