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11 janvier 2010 1 11 /01 /janvier /2010 09:06

4265541438_e36124a8c7.jpg     En primer lugar habría que definir qué es semántica general y en qué se diferencia de ‘semántica’ a secas. ‘Semántica’ se refiere al sentido/significado dentro lo que es la lingüística, o sea, trabajando con el lenguaje. ‘Semántica general’, fundada por Alfred Korzybski, un buen resumen de la idea principal sería ‘reconocer que el ser humano aborda la realidad en base a criterios simbólicos no naturales’. Vaya, vaya, ¿comprendieron? Porque, la verda’ sea dicha, eso es todo.

                El ser humano es un animal. Eso lo sabemos todos, y a pesar de que cada día nos asombra la inteligencia de los animales, desde los periquitos vivarachos que penetran en los silos de maíz, hasta los gatos que aprenden a abrir puertas, sabemos muy bien que somos un ‘animal’ muy diferente. No importa cuán similares seamos, no importa si compartimos el 98,9 % de nuestros genes, y tampoco importa que en esencia compartamos todos los instintos básicos, con exactamente los mismos resultados. Las diferencias son notorias, evidentes, inevitables. Cualquier estudio del ser humano debe hacerse tomando en cuenta estas diferencias, analizarlas, ver qué han producido en nosotros, para bien y para mal.

                La mayor diferencia entre el resto de los animales y el ser humano es su capacidad de codificación. Los monos tienen unas 60 palabras, en su mundo natural, en cautiverio hemos logrado que tengan un vocabulario de, dicen—si no mal recuerdo—, unos 400. Delfines, Elefantes, y otras criaturas, tienen un vocabulario que oscila entre las 20 a 40 ‘palabras’. Las abejas pueden informar efectivamente de la presencia de buen polen en unas flores a mucha distancia. El ser humano, en promedio, tiene un vocabulario de 3 mil palabras, es fácil llegar a 5 mil, y no es muy extraño el manejo de entre 5 mil y 10 mil. Eso no es todo. Podemos escribir esas palabras para que perduren en el tiempo. Podemos manejar señales que permiten a nuestra información llegar mucho más lejos—y no me refiero al último grito, la internet, estoy hablando de señales de humo, tambores, silbidos, manejo de banderas, etcétera, a las que podemos añadir todas las nuevas tecnologías. Equivocados o correctos, nuestros datos recorren la distancia. Y el tiempo.

                El ser humano tiene una realidad biológica. Puede ver a una distancia de hasta, digamos, varios kilómetros (podríamos ver que hay venados pastando, a un ejército enemigo que se acerca), puede escuchar el sonido producido por rayos lejanos, por lo general; sin embargo, los sonidos que percibimos con claridad están desde centímetros hasta unos 40 metros de distancia. Nuestro tacto sólo percibe lo que nos rodea de manera inmediata… y si podemos sentir la luz del sol, esto no se debe a una percepción de larga distancia, sino a la cercanía de su calor. Vista, oído, tacto. Podemos oler lo que se quema a lo lejos, sin embargo, este sentido nos sirve a distancias muy cortas, al igual que el gusto. Y a pesar de todas estas limitaciones, yo puedo declarar, sin temor a equivocarme, que la capital de Turquía es Ankara. ¿Qué tiene que ver ese dato con mis sentidos naturales? Nada.

                Ramsés fue un rey de Egipto, hace unos 3500 años. ¿Sentidos naturales? Nada. En4264264100_b510dc44d1.jpg Bolivia es ilegal la producción de cocaína. ¿Sentidos naturales? Nada. La información de la capitalidad de Ankara me llega vía escrita u oral, a través de una código lingüístico que yo soy capaz de entender. Lo interesante es que incluso la propia capitalidad de Ankara es un producto de un código humano. Al igual que la ilegalidad de algo. En cambio, la mención de Ramsés hace referencia a nuestra capacidad intelectual, gracias a la codificación que somos capaces de leer dentro de la propia naturaleza, para comprender lo que significan los rastros dejados por otros humanos. Los muy limitados sentidos humanos, gracias a nuestra capacidad para codificar y decodificar, puede ver, oler, sentir, lo que está muy lejos, o lo que sucedió hace mucho tiempo. Un perro puede rastrear un trazo de olores dejados por una persona, tal vez hace semanas; pero ‘oler’ las huellas de Ramsés, de hace 3500 años, sólo es algo que pueden hacer los seres humanos. Y ahí no se acaba la historia.

                Los sentidos humanos son inútiles. ¿De qué importaría que puedes ver a un venado si no sabes cómo cazarlo?, ¿de qué serviría tu percepción de sabores si no aprendes a discriminar la comida en mal estado o la venenosa?, y, finalmente, ¿de qué serviría que supieses y comprendieses qué es venoso y cuándo la comida está en mal estado, si no pudieses recordarlo?, ¿eh?, ¿de qué serviría? Los sentidos humanos no hacen absolutamente nada por sí mismos, dependen de la capacidad lógica del cerebro para servir, y la capacidad es dependiente de la memoria para poder funcionar, de otra manera, cada instante sería único, y no habría lógica posible, ya que en este contexto, ‘lógica’ se debe entender como la capacidad de percibir ‘la acción reacción que nos rodea’: levanto una roca, la arrojo, se dirige en una dirección y tiene fuerza. Eso. Si asustas al venado, huye en dirección contraria. Eso. ‘Lógica y memoria’, junto a nuestros sentidos, son, pues, las herramientas básicas sobre las que el ser humano ha construido un enorme edificio de codificación y convención.

4172876768_843a4b53de.jpg                Nuestra memoria, limitada a muy poco, y teniendo dos naturalezas principales (largo y corto plazo), se vio incrementada hasta más allá del principio del universo, si bien son sólo números, que son un código muy humano, podemos saber qué sucedió con la Tierra, nuestro planeta, hace miles de millones de años, y buscando el principio de nuestro mundo, también podemos llegar al principio del universo. Esto, por supuesto, no son ‘memorias’ reales, sino nuestra capacidad de codificación del pasado para nuestra propia asimilación. Esta capacidad de memoria/lógica, con nuestra montaña de codificación ha permitido que el ser humano sea el depredador máximo del planeta. La forma de vida más ‘presente’ en el mundo. También, en el fondo, nos ha permitido ser los bichos más confundidos del mundo vivo.

                Nuestra imaginación, aliada con la codificación, y ciertos actos reflejos, han permitido la creación de los dioses. Hemos malinterpretado las señales del universo en una infinidad de ocasiones, confundiéndolas con la voluntad, como si las fuerzas naturales fuesen similares a nosotros, de alguien. Hoy por hoy, nuestro mundo, con todo el dinero, con la política, con la sociedad humana que hemos creado, no está lejos de los confundidos barbaritos que adoraban a las fuerzas de la naturaleza. La semántica general, nos impulsa a superar los límites de la codificación, sin perder ninguna de sus ventajas. Lo presentado en esta nota vendría a ser parte de una primera lección.

Público lector. Como una amiga me explicó hace tiempo, cada que escribo a los lectores es para pedirles disculpas por no haber podido subir una nota o por subirla a destiempo. Suele suceder muy a menudo, debo reconocerlo, y esto, una vez más, se debe a que escribo artículos largos en vez de las brevedades que, tal vez, encontrarían más interesantes. No sé. Habría que hacer un análisis del público, por lo general, la red es de corto aliento. Y los sitios que se vuelven populares son lo que publican corto y mucho. Sin embargo, por ahí leí un artículo sobre publicar menos, con más contenido. Me gustó, yo soy de esos. No podré publicar mucho y grande, o mucho y chico. Entonces, sólo me queda publicar lo que pueda y esperar que, en la mayor parte de los casos, esté bien. Ah, también he visto que mi artículo de Avatar está perdido. A ver, veremos. Sí, no lo puedo encontrar con google... entonces, vale la pena subirlo. Haré eso durante la semana. Abrazos a todos.

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Published by Rodrigo Antezana Patton - dans mimeme
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