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8 juin 2010 2 08 /06 /juin /2010 06:09

 

Por Rodrigo Antezana Patton

ProfeciasTonterias001                El ser humano es un buen lector. Nuestra naturaleza social y simbólica nos ha permitido convertir a toda la realidad en lenguaje, por lo que podemos leer ‘señales’ por doquier. Si caen las hojas, sabemos que se acerca el invierno. Si está nublado, probablemente tengamos lluvia. Observando estos signos, muy pronto, en los albores de la historia humana, pudimos ‘predecir’ en qué momento llegarían las lluvias, el deshielo, o la dirección de la migración de alces y renos. Esta capacidad nos permitió prosperar como especie. Pero los problemas no tardarían en surgir, algunos locos aparecieron, querían leerlo todo para predecir cualquier cosa. ¿Me quiere o no me quiere?, ¿ama mi mujer a otro hombre?, ¿es buen negocio invertir en esta expedición?, ¿debo desconfiar de Uttu? (Es probable que ya comenzaran a rayarse así desde la antigua Sumeria)

                Sin embargo, aparte de dar más trabajo al chamán o sacerdote local, todas estas preguntas no hacían un daño particular, eso, hasta que llegó la amenazadora interrogación: ¿ganaré la próxima batalla? Tal vez un poco de sinceridad habría bastado, ‘No tengo ni idea’, pero es muy probable que eso no le hubiese caído muy bien al preguntador y el puesto de adivino, que venía con buena paga, se lo podrían haber dado a otro. Lo que sucedió podemos deducirlo, si el líder en cuestión ganó la batalla, compensó a su adivino, si perdió, probablemente se desquitó con él. Es muy posible que la amenaza del cliente insatisfecho obligase a los profetas a hacer uso de un interesante truquito: la oración críptica. Ya no vendrían con respuestas fáciles, ni claras, más valía dejar las cosas a interpretación de los otros, así, si cometían un error, se debía a su compresión equivocada del mensaje divino, si acertaban, pues, mayor fama y premios para el oráculo, adivino o profeta, en cuestión. Esto funcionó, desde entonces hasta nuestros días.

                La sal yodada no podía ser una solución para todos los problemas, sí ayuda a prevenir defectos mentales, pero la presencia de malas ideas sólo se podrá curar con educación. No queda otra. Otorgar valor a las profecías es como querer aprender de la naturaleza imitando a las moscas, algo perjudicial. Para comprobarlo, bastará un breve vistazo a un par de momentos en la historia de este fenómeno. En el mundo griego existía el Oráculo de Delfos, un templo dedicado a Apolo, donde existía una cámara llena de gas, etileno en alta concentración, allí ingresaba la pitonisa, tenía alucinaciones y escribía cualquier cosa sobre algo, un hueso, tabla o pedazo de cerámica, lo escrito era incomprensible, los sacerdotes del templo se dedicaban a interpretar qué había dicho. Las declaraciones, obviamente, distaban mucho de ser claras y daban amplio margen para la interpretación. Uno de los ejemplos más regios proviene de un mensaje de consuelo, para la ciudad de Atenas, “sólo un muro de madera quedará sin conquistar”, añadido a la respuesta malagüera ya dada, a su consulta sobre la amenaza del rey Persa, Jerjes. Los atenienses quedaron bastante desanimados por la profecía, hasta que Temístocles explicó que Delfos se refería a los barcos como el muro de madera. Valga anotar que Temístocles ya venía insistiendo con esta idea desde mucho antes de que llegara el vaticinio de Delfos. Tras el triunfo griego, llovieron regalos para el oráculo y Temístocles, el que supo interpretarlo; además de capitanear la flota griega en el lugar más indicado.

                La ambigüedad de los mensajes permitía al resultado ajustarse a lo predicho, o sea el truco de vaticinium ex eventu. Más valdría decir que el destino lo forjas tú mismo; pero algunos entre nosotros no han comido sal yodada, por lo que los profetas y sus profecías siguen proliferando por doquier. El más famoso de estos, hasta hoy, fue el reconocido poeta francés, Michel de Nostredame, alias Nostradamus. De acuerdo a sus seguidores, él lo predijo todo, desde las conquistas napoleónicas, los horrores de Hitler y los nazis, hasta el asesinato del presidente Kennedy. Lo interesante del asunto es que parece que nadie lo entiende hasta después de ocurrido el evento. Tienen que chocarse los aviones contra las Torres Gemelas para que alguien interprete correctamente a este visionario. Claro, el problema surge por su manera de escribir: “Serpientes llevadas en jaulas de hierro / Donde los séptimos hijos del Rey son presos: / Los viejos y los padres saldrán de su infierno profundo, / para ver morir su fruto con muerte y grito” (Cent. I, X). Clarito, ¿no?

Dado que Michel no le puso ningún orden cronológico a su trabajo, sus intérpretes hacenProfeciasTonterias002 uso de cada estrofa por separado. A Nostradamus le hicieron predecir la segunda guerra mundial, allá por los años ochenta del siglo pasado, y el 2002 lograron que predijera el ataque a Nueva York, del 2001. Seguro que encontraran alguna estrofa con las palabras ‘mar, océano, agua’ y ‘aceite, negro, veneno’ para ajustarla al actual derrame del Golfo de México, pero pa’ eso falta un cacho todavía (esto es una profecía). De acuerdo a un estudio universitario, para ser un buen nostradamus cualquier escribidor sólo necesita tres elementos: 1) Lugar y tiempo, ambiguos, 2) imágenes concretas, 3) carga negativa, malas noticias. Además, escriba todo lo que pueda, no importa si es un párrafo por día. Hecho eso, zas, eres un profeta de esos que ve el futuro, a posteriori. En nuestros días se ha puesto de moda el Código de la Biblia, que es capricho absoluto a través de programas de computadora, abusando al libro. El programa encuentra, milagrosamente, nombres y eventos ya ocurridos, con fecha y todo. Lo que no se dice es que eso se podría hacer con cualquier libro, un profesor sacó el Código de Moby Dick, y seguro que se podría hacer con Harry Potter. En fin, las profecías son un recurso que no han servido de nada en la historia, cómodamente, puedo predecir que no serán de ningún uso en nuestro futuro.

No sólo estuve ocupado, como pocas veces, he vuelto a estar enfermo. Una macana. Algo anda mal en mí. El sistema inmunológico de este bitacorero anda volando muy bajo, raspando el piso. Como siempre, queda el consuelo, lo malo, como lo bueno, también pasa. Ahora estoy con todo, debo comprar un par de medicinas pa' mejorar mi sistema. 

Respecto a la nota, es un reciclaje de algo no impreso, como se podrán cuenta por llevar mi nombre al principio, lo dejo así cuando es nota enviada pa' el periódico. 

Se viene un cambio de diseño, Over-Blog ofrece una nueva tanda de posibilidades y me parece lo más apropiado el aprovecharlas. Si bien parece que no he escrito mucho pa' la bitácora, he estado escribiendo bastante y a un ritmo constante, lo que va del año. Con el trabajo encima, y otros proyectos, no sé si podré aumentar mi producción. Siempre se me dijo que uno es más productivo cuando más ocupado está, así que, por ahí, se me vienen tiempos productivos. No sé, por el momento, hago lo que puedo. Bueno, saludos a todos, y gracias por mantener el número de visitas bastante estable, mucho más que el ritmo de entradas del dueño de la bitácora.

 

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Published by Rodrigo Antezana Patton - dans Problemas
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