Lo que se me venga a la mente.
Sí, sí, me falta escribir la última entrada de ‘Los nuevos monstruos’, lo haré en los primeros días de las próxima semana, también debo escribir un extra sobre el tema. Esta entrada estaba programa para un poco después, un par de semanas, pero, ni modo, es mejor escribirla ahora, aprovechando que ciertos temas son muy actuales. Espero les parezca interesante.
Bueno, para nadie es sorpresa que la región de Latinoamérica tiene un gran problema, que es el
avance de un populismo bastante bruto, en el mejor de los casos, y simplemente criminal, en algunos. De todos los mensos bocones que están infestando el hemisferio, el peor, y ganando con cuerpo entero y dos papadas, es el presidente venezolano Hugo Chávez. El perfecto ejemplo del idiota latinoamericano del que hablaran Llosa y Montaner, si alguien quiere un espécimen de estupidez, ahí está el venezolano—o sea, su presidente, se entiende, ¿no? Hablador, ignorante, pretencioso, vulgar, controlador y prepotente, una persona sin ningún escrúpulo, ni integridad. En resumen, una cosita muy, muy fea. Más allá de lamentar su presencia en el hermano país, poco vale la pena hablar de este vil accidente de la naturaleza. El problema, como saben propios y extraños—esto es, bolivianos y no bolivianos, es que Venezuela está influyendo un poco demasiado en mi país. El monto de dinero que el menso de la región ha invertido en Bolivia es muy grande, y va creciendo, su ‘generosidad’ sólo es comparable con las brutales amenazas de invasión, y otras, que este presidente se ha atrevido a hacer al pueblo boliviano. Ya que, si invades un país, ¿contra quién crees que te vas a enfrentar?, ¿ríos y montañas? No. Gente, por lo que la amenaza es a la gente. Aunque el tipo está tan, pero tan loco, que por ahí termina amenazando a ríos y montañas.
Una de las amenazas con que vino, fue la de apoyar al gobierno de Evo Morales con el ejército venezolano, e invadir Bolivia para luchar contra el imperialismo. Su chillido fue “crear un Vietnam, dos Vietnam” en contra del imperialismo, para derrotarlo, para que de una vez, según su postura, sea derrotado. Ja-Ja. ¡Qué payaso! Qué estúpido payaso. Por imperialismo, para aquellos no familiarizados con la retórica-sonsita-de-izquierdas que molesta la región, se refiere a los poderes capitalistas del planeta, pero, en esencia, habla de los Estados Unidos. Nada menos y nada más que el mayor poder del planeta. ¿Qué tiene Venezuela para disque pretender rivalizar con este poder? Nada. Los chillidos del papagayo venezolano, conocido también como Hugo Chávez, no tienen el menor peso dentro del mundo real. ¿Podría Venezuela hacer daño? Sí, claro, pero también podría hacer daño tu sobrinito de 4 años si le das un cuchillo afilado, sobretodo a sí mismo. Más o menos, el caso de Venezuela es el mismo, apenas tiene un cuchillo afilado. Pero la amenaza de este país, a otro país, es prácticamente nula. Veamos porqué.
Una de las nociones más básicas de lo militar es que cualquier ejército está dividido en dos pedazos principales: dientes y cola. O, si prefieren utilizar otros términos: puño y manga, punta y base, etc. Estas
palabras se refieren al concepto del grupo que puede agredir al enemigo, diente, sea cual sea, y aquel que le sirve a éste, cola, o que no está agrediendo. Vanguardia y retaguardia, por ahí se va. Un ejército es tan bueno como su capacidad para coordinar ambos: dientes y cola. Pero esto de dientes y cola no sólo se refiere a una posición en el mapa, son conceptos muy concretos e importantes. Un soldado sólo podrá luchar en una guerra moderna si tiene las armas adecuadas: una metralleta, eso es dientes, pero también necesita comer, dormir, medicinas, agua y muchos otros recursos más, eso es la cola. Necesitará municiones para su arma, necesitará descanso después de un día de batalla, eso y más. Un ejército, y cualquier emprendimiento ofensivo o defensivo suyo, es un gran problema que requiere muchísima voluntad, y más dinero. Es por esto que los países industriales tienen ejércitos pequeños, entre los que se destaca el de los Estados Unidos. Veamos: EE.UU. 1.4 millones de soldados, de una población de más de 280 millones; Alemania, 285 mil soldados, de 82 millones; Francia, 259 mil, de 64 millones de Hab.; Japón, 239 mil, de 127 millones de hab.
más grandes del globo. Pero Irak nunca fue una de las cinco mayores potencias económicas. Tenía más de un millón de soldados (de una población de 17 millones), tenía tanques de todo tipo; incluyendo Chieftain británicos y T – 72 rusos, tenía aviones cazadores y bombarderos; incluyendo Mig – 29 soviéticos y Mirage F – 1 franceses, tenía artillería y muchos helicópteros, incluidos varios Mil – 34, naves artilladas muy capaces. Pero lo más importante es que tenía el apoyo tácito de la Unión Soviética y la complicidad de todos los poderes occidentales, desde Alemania hasta los EE.UU., y con todo eso, aviones, tanques, artillería y un millón de hombres, no logró derrotar a Irán, que estaba sumido en el caos, después de la revolución iraní (1979), y a la que se oponían todos. Y no sólo eso. La guerra entre Irán e Irak era prácticamente una guerra limitada, ya que los iraquíes sólo querían los pozos de petróleo, al sur, no se estaba peleando en toda la frontera entre ambos países. La mayor penetración de territorio iraní, por parte de las fuerzas iraquíes, fue de apenas unos 60 kilómetros, y no es que pudieran mantener esa ocupación por mucho tiempo. Pelearon durante más de ocho años, para llegar a la conclusión de que sólo podían empatar. Y la agresión, con la ventaja de la sorpresa, fue iraquí, y nada.
por lo general, en promedio, tienen apenas unos 10 dientes, sólo los EE.UU. tendrían una sonrisa completa (pa’ medir, serían las base de 100%), comparando, la mayor parte de los países del tercer mundo apenas tienen un colmillo.
meses. La diferencia entre uno y otro era tal que en la guerra aérea el resultado fue de 23 pérdidas argentinas contra ninguna británica. Eso sí que es goleada. La invasión de Camboya, por parte de Vietnam (1978), se convirtió en el Vietnam de Vietnam, a pesar de que la población camboyana estaba lejos de ser leal al Khemer Rouge. Todas las guerras del Oriente Medio entre Israel y sus vecinos (1948, 1956, 1967, 1973) son prueba de lo que sucede con ejércitos menos capacitados, y peor entrenados, enfrentados contra uno mejor armado y más profesional. Conflictos como la guerra peruano-ecuatoriana de 1995, apenas involucran movimiento de tropas y encuentros bajo fuego. En 1979, Vietnam rechazó sin el menor de los problemas una incursión agresiva de los chinos—ayudó la información provista por los rusos, eso sí.
generación. Los EE.UU. en agosto del año pasado, recibieron su F – 22 número cien. Recientemente Venezuela ha comprado 100 mil fusiles automáticos Ak – 105, mejora del Ak – 74, son excelentes armas, más baratas que las de la competencia y muy efectivas, pero Huguito necesita esas armas, un pedazo ya deben estar en manos de las FARC, otro está destinado a modernizar los fusiles del ejército, y el mayor número irá a parar en laGguardia Nacional, fuerzas no sólo militares, sino políticas, leales a Chávez. Es muy probable que los venezolanos hayan introducido armas en el país, junto a mucho dinero para comprar lealtades a favor del proyecto bolivariano, pero también habría que preguntar cuántas municiones ingresaron, y el entrenamiento que están recibiendo aquellos que tienen esas armas en su poder—posibilidad, dicho sea de paso, bastante remota.
nadie. Los que están apostando al apoyo venezolano deberían recordar que durante la guerra de Angola, en la que participaron fuerzas cubanas, para impedir el éxito de las fuerzas opuestas al gobierno izquierdista, que soviéticos y cubanos protegían, necesitaron 250 misiones diarias de aviones de aprovisionamiento. Los vuelos fueron costeados por los soviéticos, al igual que las vituallas, los cubanos sólo fueron la carne de cañón. Sólo este esfuerzo monumental de último momento, impidió la derrota de las fuerzas izquierdistas. Venezuela no está ni remotamente capacitada para montar una operación semejante, así que las fuerzas que podría apoyar serían derrotadas sin problema. El presidente venezolano puede chillar mucho, y chillar muy feo, puede demostrar que tiene dinero para comprar aviones, fusiles y otras armas más, pero la guerra no sólo se pelea con cuchillos, sino con voluntades. De encontrarse con un conflicto armado, el burro de Hugo se daría cuenta lo débiles que son las lealtades compradas. El presidente venezolano estará muy gallo, pero militarmente no tiene pico ni plumas. Como boliviano, lamento decir que las armas venezolanas, lastimosamente, son en verdad sólo una amenaza para el propio pueblo de Venezuela.