Lo que se me venga a la mente.
(Bueno, estoy otra vez por aquí. Con un capítulo terminado de lo que tenía que hacer, ahora viene la parte fácil. Bueno, aquí está la nota sobre héroes, no merecía ser más larga, se dice todo lo que tenía pensado. Habrá algunos cambios en esta bitácora, ya era hora, y he decidido ser más multimedia aprovechando varios nuevos recursos. Veamos cómo va quedando eso. Así que vuelvo, y pronto volveré con más novedades. Muchísimas gracias a todos por su constante apoyo. Ah, el sistema también está mejor que nunca. Mi más reciente artículo en 'Los Tiempos' también está relacionado con héroes, por si acaso)
No me gusta “El Padrino”, esto no quiere decir que yo piense que sea una mala película, no es tan buena como muchos creen, pero sí está bien hecha. Vuelvo a insistir, no me gusta, no es de mi agrado. ¿Por qué? Las razones son muchas, su narración, su historia, no aporta nada, sí, en cambio, la edición, construcción narrativa y otros aspectos, la generación de estos hombres, Lucas, Spielberg y otros, estaban innegablemente renovando el cine. Pero la historia de “El Padrino” no es en verdad buena. Fíjense el esquema de… ya no me acuerdo si la una o la dos, tenemos al hermano mayor (Sonny), agresivo, al segundo (Fredo), pasivo, y al tercero (Michael), el correcto medio. Simple. Fácil. Sin embargo, ése no es mi mayor problema con la historia, ¿cuál es? Le falta un héroe. Así de fácil, ni siquiera hay un antihéroe, porque un antihéroe es alguien malvado que en verdad resulta ser el héroe, es el héroe con mácula, aquel que buscaba lo bueno pero tenía mancha. Eso es el antihéroe, y no lo hay en “El padrino”. Este filme es una gran tragedia, y como no hay nadie con quien uno pueda identificarse, pues, se c
onvierte en una bien narrada—con mala narración—aventura de criminales.
Me vanaglorio de ser uno de los pocos que ha comprendido esta película, de la tragedia que narra, y como es sólo eso, un gemido bien contado de gente deleznable, pues, no me gusta. El hecho de que muchas personas crean que es en verdad una ‘muy buena’, ooooh, ‘excelente’, etcétera, película, se debe, en mi opinión, a una desagradable fascinación con el poder. Es mi tesis, o sea, yo digo que…, ni siquiera el director del filme comprendió que lo que tenía entre manos era simple y llanamente una tragedia de ‘malitos’, creo que el también queda fascinado por el poder y se concentra en este aspecto para narrar una historia de acción en vez de un deprimente drama. Los malvaditos tienen poder, y jujujuuju, lo van a disfrutar. Podría demostrar sin ninguna dificultad que el filme aprovecha todos los momentos de poder y apenas roza los trágicos, estos siguen estando ahí para que personas como yo puedan descubrir el verdadero corazón narrativo olvidado por el propio director, cuando la esposa de Mike le dice que abortó sus hijos, cuando tiene que matar a su hermano, cuando debe matar al esposo de su hermana, etc. ¿Quién desea ver a un montón de cerdos bañándose en su propio cochina fiesta de sangre?, ¿a quién le importa?
Desde el momento en que empieza la película me gustaría que todo ese hato de gente asquerosa sea arrestado por la policía y puesto a buen recaudo. ¿Qué más? En serio, ¿qué más? A alguien le importa qué va a suceder, ¿acaso alguno de ellos va a tener éxito? Ya les dije, es una tragedia, ¿se acuerdan cómo acaba? Con Michael viejo, muriendo en su gran casa, después de que fue testigo de la muerte de su propia hija. ¿Qué ganó? No ganó nada, esa es la idea, es una tragedia, pero es una tragedia de gente ruin que no nos importa. O sea, no me importa, ya que mi relación intelectual con el ‘poder’ es otra. A mí no me fascina el poder, he leído mucho como para saber muy bien de lo débil que es el poder. “El padrino” debería ser un filme para niños, que son muy impotentes en la sociedad y están fascinados por las imágenes de poder, los adultos deberían contemplarlo con desprecio. El hecho de que no lo hagan, que no valoren el aspecto sólo narrativo del filme, olvidando la mediocridad de su narración, el hecho de que haya muchas lisonjas para esta narración mediocre, buena sólo técnica y narrativamente hablando (Valga hacer una aclaración, narración es lo que se cuenta, la historia, y narrativa, el cómo se cuenta, ahí vienen los recuerdos, la edición, el manejo de cámara, la construcción de suspenso, etc.), comprueba, una vez más, a mis ojos, la mediocridad cultural de nuestro tiempo. Estamos mal,
bastante mal. Mmm…. No, estamos en el mismísimo abismo, seamos sinceros entre nosotros siquiera. La cultura hoy está pa’l… pa’l… bue’, está pa’ el caño. Eso no quiere decir que no sea un momento cultural fascinante, lo es, hay de todo, pero como producción general es un abismo muy, muy profundo.
Toda narración necesita un héroe. Démonos cuenta de lo complejo de este personaje, y de las casi infinitas posibilidades que nos ofrece. El héroe no debe ser perfecto, ni siquiera tiene que ser muy bueno, lo único que se requiere es que sea bueno lo que él busca. Incluso ahí puede darse un interesante conflicto moral, ¿cuánto mal se puede hacer por el bien? No hay problema. Lo importante es que busque más. El héroe no tiene porqué triunfar en su búsqueda. Puede ser Kevin, en ‘Solaris’, buscando a una irreal Harey, buscando resolver el problema planteado por la realidad del océano, no llegando a nada, disfrutando de la redención imposible. Hermoso. Con fibra, con carne, con sentimiento. Puede ser Winston Smith, en ‘1984’, destruido por el sistema al que se opone inútilmente. Puede ser… me acuerdo el nombre del actor, puede ser Tom Cruise en “Vanilla Sky”, encontrándose deforme y empobrecido en un lejano futuro, sólo con la posibilidad de iniciar una nueva vida, abandonando la realidad/pesadilla en la que estaba atrapado. Ahí está un héroe interesante, creador de su propia terrible realidad, pero no se regocija en el dolor de sus problemas.
También es ridículo no buscar que el héroe sea un buen hombre, ¿qué de malo tiene ser un buen hombre? Narrativamente no es ni aburrido ni poco meritorio. Hay un montón de buenos hombres en la vida real, no es, ni será nunca, suficiente para hacer de ellos héroes, ya que héroe es el bueno y más, mucho más. Es el ambicioso, es el hambriento de justicia—sea cual sea su noción de la misma—o de estar mejor en su propia y egoísta vida. Los héroes surgen por accidente o construcción, ambiente o forjamiento propio, para ayudar a muchos o siquiera a uno. No tienen porque ser solitarios, ni vienen siempre en manada, sus destinos no serán eternamente trágicos, ni la felicidad les espera con inequívoca seguridad. El héroe es cualquiera que en un momento dado simpatiza con aquello que es bueno, que parece bueno, o podría ser bueno, nada más. Esta opción no es fácil, ni difícil, eso ya dependerá del talento del autor. Toda narración necesita de un héroe, como necesita de un problema, no es narración el encuentro entre dos personas, si esas personas no se buscaban o no deseaban encontrarse, no son narraciones los simples accidentes, si no lo que hacemos para lidiar con ellos, y ahí tiene que estar el héroe. Una narración sin héroe debilita a la propia obra, la hace palidecer, provoca anemia narrativa. Resumiendo, es como dijo Raymond Chandler, “por estas malvadas calles debe ir un hombre, que no sea él mismo malvado, ni infectado por la maldad que le rodea. Debe ser el mejor de los suyos, y suficientemente bueno para cualquier lugar.” Chandler, con su voz mágica, nos dice más, yo creo ya haber dicho suficiente, y aquí la corto.