Lo que se me venga a la mente.
(Pucha, debo comenzar pidiendo disculpas otra vez, perdón por el atraso, gente. Se mezclaron varias cosas, varias agradables, espero comprendan. También, cambiando de tema, ay, la de burradas con las que me vinieron esta semana. Uf. Hubo un triste evento en Sucre hace poco tiempo y ahora, por la red, a todos les da por ser comentaristas. Mmm, no saben la de opiniones desubicadas que he tenido que soportar siquiera un poco, lo bueno del correo es que uno puede elegir leer un pedazo, o casi nada. No suelo opinar de esas cositas, pero no me quedó otra… pero, ése es ooooootro asunto. Vayamos a lo nuestro. Aquí está la anunciada ‘mala educación’, espero que sea de su agrado, que les entretenga. Ah, incluye un CUENTO, para ir al cuento… oj, le puedo hacer el enlace, ahí está, con sólo presionar sobre CUENTO ya podrán acceder a él. El cuento debería ser entretenido, les guste el artículo, o no.)
No se preocupen, este artículo no tiene nada que ver con política, es sobre ciertas costumbres artistoides.
Ortodoxia, vendría a ser la tendencia a seguir un dogma. Es la definición que encontré en el diccionario Larousse, y es una buena. Todos tenemos un dogma propio, no importa quién te lo dio, o quién te lo enseñó, todos, hasta cierto punto, seguimos el camino trazado por otros. Si algún rebelde de cafetería, uno de esos que tienen el logo del che en la polera, dice: ‘Yo no sigo el camino trazado por los demás, sigo mi propio camino’, pues a ese menso, que no faltan, hay que decirle: ‘Oye pedazo de &%&$%, ¿acaso has inventado tu propio sistema de matemáticas?, ¿acaso has inventado el lenguaje?, etc.’ Es una tarea casi imposible ser original, todavía se puede, pero con muchas tolerancias. O sea, no es una originalidad tan original. Hoy por hoy, una persona es original si, por decir algo, dibuja un casco con un par de alas, como el de Astérix, de color verde, siendo original. La originalidad ya no puede estar en el todo, se diferencian por detalles y reclaman, por esos detalles, la tan codiciada originalidad. Seguimos el camino trazado por otros. ¿Qué problema? Si alguien me pregunta si yo me considero original, la respuesta es, pues, claro que sí, pero con una enorme tolerancia, por detalles, diminutos detalles, pequeñísimos. Hace un par de días me hicieron leer un artículo de Tom Wolfe, el tipo lo escribió el 2000, se podría decir que yo llegue, originalmente, a esas ideas, a las mismas ideas—tanto es así que pronto verán la traducción de ese artículo en esta bitácora—eso quiere decir que, por ese lado, yo no tengo nada original que decir. Mi originalidad es chiquita, pobre. No importa. En mi humilde opinión, no hay porqué hacer nada original, nada vanguardista, son caminos y objetivos absurdos, además de ignorantes. Decir eso, que no es recomendable buscar la originalidad, es, pues, original. Originalidad pobre, originalidad apenas. ¿Por qué? Porque ya no hay dónde. No hay cómo.
Además, ¿para qué quiere alguien ser original? Les diré que eso de buscar la originalidad, no es nada original. No sólo eso, en muchísimo campos ya hay un kilo y kilo de buenas ideas, para qué buscar ideas originales, cuando las ‘viejas’ han demostrado ser tan buenas. Mejor sería buscar ‘mejores’ ideas, suena muchísimo más serio, pero eso no les interesa a los que buscan la originalidad. Mmm. Lamento, lamento. Así que, como me voy a quejar de lo que me voy a quejar, no crean que estoy pidiendo a la gente que sea original, todo lo contrario, lo que estoy diciendo es que hay un conjunto de buenas ideas en el aire, escojamos las buenas ideas en vez de las que ustedes han elegido. Ésa es mi queja. Su elección de ideas tan, pero tan burras.
M
i primera gran queja es el hipócrita, y por demás tonto, desprecio a lo comercial. Cuando un menso de esos quiere hablar mal de algo siempre está por ahí esa palabrita, ‘comercial’, como si fuese algo malo. No lo es. Cuando un músico burrito—tiene que ser—habla de su música y quiere elevarla por encima de un imaginario de vulgaridad, habla de su música como ‘no comercial’. Y lo mismo sucede en todas las ramas. Cuando un critiquillo quiere denigrar alguna obra, el adjetivo comercial siempre está a mano. ¡Qué manga de burros! A toda esa gente, a todos ellos, y a todos ustedes si se identifican con esta actitud, aprendida de los quejones sesenteros, no sean burros. Las obras son buenas o malas, sinceras o hipócritas, rápidas o lentas. La obra que no aspira ser comercial es una mala obra, ya que el mercado cultural es la gente, y la obra que no es hecha para la gente es… masturbación. El onanismo, en lo que al desarrollo sexual se refiere, es normal, sano, lo utilizo como insulto porque es lo opuesto del festejo real que es la sexualidad. Dos, fiesta. Uno, soledad. Estéril. Egoísta. Pobre.
Por ejemplo, esta humilde bitácora es muy caprichosa, es mi capricho. Pero está aquí con el deseo de compartir mi mundo con ustedes, es una invitación a una orgía. ¡Qué mayor festejo que ése! (O sea, querido público, estoy manejando metáforas sexuales, nada más. Tranquilos. No se me ofendan) Explicándome mejor, si ustedes no visitaran esta página, yo ya habría dejado de escribir hace mucho tiempo, al menos no en una bitácora. Yo escribo para que me lean, escribo pensando que a alguien le va a importar, divertir, entretener, o siquiera hacer pensar sobre el tema. Punto. Me encantaría ser más comercial, pero uno debe ser sincero. Y mi comercialidad, pues, tiene su límite. Buscar ese límite—que será muy grande cuando se haga una película de mi próximo libro, tal vez se tarden dos décadas, pero de que se hace, se hace—es lo que debería hacer toda persona que escribe, compone o lo que sea que sea una actividad artística. Sin el otro, sin el público, el arte está muerto. Si una obra no quiere ser comercial, mejor que ni sea.
Y entonces los artistillos de quinta categoría protestan contra Hollywood, contra los grandes conglomerados de música, protestan contra todos los poderosos del mundo que trafican con ‘cultura’, aprovechándose de las indefensas masas, muajajaja, muaajajajaja. Miren, si X empresa produce una mala película, pues, digamos eso, la película de ‘X’ empresa, es mala. 'Comercial', en sí mismo, no es, ni será jamás un defecto. Los Beatles son comerciales, Mozart es comercial, Verdi era un éxito con las masas, al igual que Lennon, Shakespeare. ¿Eres tú mejor músico que Mozart?, ¿eres tú mejor escritor que Shakespeare? 'Comercial', en vez de distraernos con esas preguntas, no es de ninguna manera un defecto. Ser comercial es un mérito, siempre hay un mérito por detrás del éxito, sea pequeño o grande, siempre. Pero, ¿y Britney Spears? Preguntarán. Guapa, ¿no?
Otra gran rebuznada que ya me tiene hasta la punta de mis delgados cabellos es la mensa manía con que utilizan la palabra vanguardia, como si fuese mérito alguno. Vanguardia es un término que proviene del quehacer militar y es lo contrario de retaguardia, esto para muchos no será nada nuevo. ¿Pero se han puesto a pensar en lo
que esto significa? No, no, no, no hablo de ningún conflicto ni contienda, no sean—ay, suspiro—no sean, pues, artistillos. Si hablo de palabras, palabras serán, ¿no? La vanguardia es la parte frontal, de un grupo que está avanzando en una dirección, la vanguardia avanza hasta hacer contacto con el enemigo, el objetivo del movimiento. Para una vanguardia hay un objetivo, para una vanguardia hay una dirección. ¿Cuál es la dirección de la vanguardia artística? En serio, háganse esa pregunta, ¿cuál es el objetivo?, ¿hacia donde está yendo?, ¿hacia donde está progresando? Las vanguardias militares tienen un ‘progreso’ diario, se mueven, ‘avanzan’ hacia un objetivo. ¿Sabían? Así que si algún artista, u objeto artístico, u obra artística, es ‘vanguardista’, pues, deben saber en qué dirección está yendo. (Yo ya estoy bien molesto con esta idea desde hace mucho tiempo, incluso escribí hace unos años—no recuerdo cuándo, especulo que por el 2003, 2004—un cuento en el que me hago la burla de esta idea, lo incluyo, su título es: El escritor vanguardista. Espero les divierta) De seguro que, ante esta pregunta, mil y uno reclamaran que se está avanzando, que se está progresando, entonces, pues, por pura mecánica, ¿cuál es el objetivo? Claro, si se está avanzando todos deberían saber a dónde se quiere llegar, por lo que los vanguardistas, por pura operatividad, deberían saber cómo se puede adelantar a otros vanguardistas, ¿no ve?
Gente. Estimados lectores. Artistillos de cuerno. Están dando vueltas en círculos. No hay vanguardia. No hay vanguardia en literatura, no hay vanguardia en música, no hay vanguardia en danza, no hay vanguardia en teatro. Hay cosas nuevas. Pero lo nuevo no es vanguardia, lo nuevo sólo sería vanguardia si hubiese una dirección. No hay esa dirección. No hay un objetivo. Por lo tanto, la palabra vanguardia debe desaparecer del lenguaje que habla de las artes. Si alguna vez la he utilizado en alguno de mis artículos, pido perdón, y no lo volveré a hacer, es que la mala educación no es sólo de ustedes. Hay una que otra idea relativamente novedosa en ciertos campos artísticos; por lo general no llevan a ningún lugar. Círculos, y círculos.
Finalmente, hay otra idea artistoide que merece una buena patada. La moda de lo ‘under’, el capricho de lo no convencional. El ser humano es un animal, como tal no es ni bueno ni malo en esencia, como criatura loca que es, se podría decir que es bueno en su base, el deber de cada ser humano es mantener su nariz, con el mayor de los esfuerzos, por encima de la podredumbre vil. Ése es nuestro trabajo, no es ni chico ni aburrido. Aquellos que hablan de lo oscuro, en un sentido humano, son víctimas de ideas bastante estúpidas y limitadas. Aquellos que hablan de lo secreto, como algo apetecible a lo común, caen en lo común. Si prefieres una fiesta ‘secreta’, en vez de una fiesta a la que te invitó un amigo, estás mal.
Si hablas de lo oscuro como algo bueno, si pretendes ser sombrío, eres un niño o un menso, te estás adscribiendo a una moda, y una moda de cobardes. Todas esas estrellas de rock, drogas, todos esos
embadurnados de alcohol y tonterías, son unos idiotas, buscando llenar sus vacíos con burradas, en vez de todo lo que está disponible para ellos y cualquiera (Todo. ¿Acaso tengo que siquiera mencionarlo? Todo. Punto. Por favor, un poco de imaginación: arte, expresión, conocimiento, descubrimiento, pensamiento, amor, sexo, sonidos, y mucho, mucho, mucho más. Todo, dije, y ‘todo’ quise decir). Si alguien me viene con la moda, con la pésima educación pesimista de ‘la vida es sufrimiento’ o estribillos de burro similares, yo les digo: “¿Ah sí? Entonces, agarra una cuchara y arráncate la traquea. Así se acabaran todos tus problemas”. Lo más probable es que, ante la sugerencia, la persona se vaya con sus lloriqueos de bebe a otro lado, siquiera es una mejora. Si el tipo, o tipa, hace eso, y se arranca la traquea, mis respetos, no sólo resultó un estúpido, o estúpida, también era coherente con su estupidez, esto; aunque no lo crean, es muy inusual. En cuanto a todos aquellos que se vanaglorian de frecuentar los bajos mundos, son niños, del abajo que tú conoces, de la degradación que tú vives, hay más, más abajo. Y ahí abajo está lleno de gente, varios miles, no es nada original ir en esa dirección, y ahí te encontrarás con esos amiguitos que tanto querías. Espero que la policía te agarre antes, y te pongan una condena perpetua.
Y eso es todo, estos son tres defectos que me desagradan en los artistoides: hablar de lo comercial como algo malo, tonto, hablar de la vanguardia como algo más que una vulgar novedad—casi nunca relevante en lo más mínimo, ignorante, hablar de lo oscuro y terrible como si tuviese algún mérito, estúpido. Son tres ejemplos de la mala educación que se recibe en el mundo artístico. Espero les sirva de algo el consejo de alejarse de estas simplezas. Gracias por su atención.