Lo que se me venga a la mente.
Mi tesis de comunicación para obtener el título de licenciado se trataba sobre Los Simpson. Uno de los temas tocados fue la participación de acuerdo al género. Obviamente, el resultado fue el que todos conocían o sospechaban, yo sólo le di una cifra, la participación masculina era mucho mayor a la femenina, dos capítulos fueron dedicados a Marge o Lisa en la primera temporada, por 11, a Bart y Homero. En la segunda temporada la cifra es 5 (F)- 16 (M), la proporción, en la 3ª temporada, 4 (F) – 18 (M). Y hasta ahí llegué, ya que sólo analice las tres primeras temporadas. Si bien no puedo afirmar que la tendencia se mantiene hasta hoy en día, creo que podemos especular muy educadamente que la predominancia masculina en ‘Los Simpson’ se mantiene. Obvio, hay un suelto capítulo sobre Lisa, o Marge, pero son lunares en un mar de grasa con testosterona Simpson. Pero lo interesante del estudio es que pude, sin temor a contra observaciones, dar una respuesta al ‘porqué’ de la predominancia masculina.
Es más interesante situar las aptitudes y defectos en comparación, así: Homero, gordo, tonto, poco inteligente, calvo, flojo, egoísta, etc.; Marge, delgada, inteligente, frondosa cabellera, responsable, etc. Una comparación entre Bart y Lisa sería igual de chocante. Es la vieja estructura de la mujer en un pedestal; imagen muy dañina para la expresión femenina, que una fémina debe ser siempre algo positivo (inteligente, agraciada, etc.). Lo interesante del asunto es que esta dinámica otorga a los varones un sitial mucho más importante en el programa, no sólo por el hecho de que podemos reírnos de sus tonterías sino que sus defectos los meten en problemas, aunque pueden salir airosos de ellos. En cambio, el camino correcto femenino las enclaustra en salvadoras, ya que rara vez son ellas las que se meten en problemas. Para colmo de males, si bien el futuro de Lisa parece promisorio, según el propio programa, la realidad de Marge está totalmente subordinada a la de su hombre.
Esta restricción narrativa de: ‘debe ser bondadosa’, ‘debe ser inteligente’, ‘debe ser atractiva’, literalmente plaga el universo narrativo de los dibujos animados, y porque no decirlo, plaga el universo narrativo en sí. Hay muchos programas y obras donde las mujeres tienen un rol importante fuera de los estereotipos o de la restricción ‘moral’, cierto. Pero a ver denle un vistazo a esto: en ‘Padre de Familia’ (Family guy), la hija es más delgada que el obeso hermano, la esposa es mucho más atractiva que el obeso esposo. La esposa es más inteligente que el marido, la hermana más capaz que el hermano. El perro es macho, gran parte de la historia gira en torno a él, y el bebe de la familia, un psicopático malvado, pues sólo podía ser varón. La historia está dominada por hombres, una vez más.
En ‘Futurama’, los muchachos, incluido el robot, son un par de zoquetes, en el caso del personaje masculino, Fry, pues su estupidez llega en muchos casos al paroxismo, pero también puede ser inteligente a veces, como el indiferente robot, Bender, puede ser moral, en cambio la mujer de un solo ojo, Leela, que es atractiva y mucho más talentosa que Fry, sólo puede ser buena e inteligente (sí, la obra le pertenece al creador de ‘Los Simpson’). En ambas series los locos/tontos varones son los principales personajes.
La queja, ya que me quejo, de los personajes presentados es su pobreza, pero sus limitaciones se generan por ‘buenas razones’, por restringir la expresión femenina a ese ‘atractivo, bondadoso e inteligente’ ser que ‘apoya’, no participa, en nuestras vidas (en el caso de los personajes, claro, vidas narrativas). Existen una multitud de personajes femeninos atractivos en el mundo narrativo, pero todavía hay demasiados similares a los ejemplos presentados. El crear y narrar personajes femeninos interesantes es un reto para cualquier narrador, tenemos demasiados estereotipos en la mente, y la sociedad, en el mundo entero, todavía restringe la capacidad femenina, además de que se restringen ellas mismas (asumiendo simple y llanamente los roles otorgados por la sociedad, familia, etc.). Magníficas escritoras como Ursula K. Le Guin a pesar de su gran imaginación y género, han poblado sus obras de personajes principales masculinos. Hasta la imaginación sin límites de J. K. Rowling se restringió a personajes principales masculinos. Es difícil. Y el problema es que los seres humanos estamos muy influidos por las historias (‘muy’, no completamente, no totalmente). Las narraciones nos inspiran en eso que llamamos vida, que es sólo un cuento más.