Lo que se me venga a la mente.
Está más liviano. El kilo está más liviano, ya no pesa el kilo un kilo, ahora pesa: un kilo menos 50 microgramos. No sé si eso es 9,999,949 o 9,949 microgramos. ¿De qué estoy hablando? Bueno, resulta que en Francia hay un kilo, el kilo, un modelo del peso, que utilizan para copiar otros kilos que envían alrededor del mundo. El modelo de kilo no es único, ya que se hicieron unas 6 o 7 copias del mismo. Las mantienen en un ambiente cerrado, una caja de cristal sin aire, para que el polvo y la suciedad no modifiquen el peso. Resulta que la otra vez pesaron el modelo original, y, ¡zas! Está más ligero que las copias, nada menos que 50 microgramos. La nota explicaba cuánto era eso, los 50 microgramos, nada más que una huella digital. O sea, si agarras un vaso, pues, le aumentas peso, esas marcas visibles, apenas, que dejan tus surcos digitales, eso es 50 microgramos. En otras palabras: el kilo perdió 50 microgramos, no saben muy bien porqué ni cómo, comparado con las copias es más ligero, ¿y a quién diablos le importa?
equivalentes ni de lejos. Ahora, ¿Qué sucedería si Juan y Julio tuviesen cada uno sendas copias del mismo par de libros? Es más difícil demostrarlo, pero no importa, no podrían ser nunca equivalentes exactos, eso no existe en la realidad. La tecnología humana no está tan desarrollada como para hacer construcciones idénticas a nivel atómico y molecular, lo que convierte a todas las copias iguales—que sólo existen en el mundo humano—a iguales sólo en apariencia.
Yo sé que Istanbul es una ciudad de Turquía, de visitarla podría reconocer muchos hitos de la ciudad, debido a que antes fue Constantinopla, capital del Imperio Romano de Oriente (También conocido como ‘bizantino’), y a mí me encantó la historia de este imperio, además, también leí la historia de los turcos otomanos. Podría hablar mucho sobre esta ciudad, sobre su pasado. Y nunca he estado en Turquía. Estoy seguro que de viajar con un mapa al lugar, revisando el mapa y viendo la realidad podría encontrar cada punto señalado en el mapa. Todos sabemos que el mapa es una abstracción codificada del territorio, y sirve muy bien. La información que contiene, y los datos que yo tengo sobre Istanbul, también son parte de nuestra inconmensurable capacidad para transmitirnos información: me refiero al lenguaje, a la escritura, a nuestra habilidad para leer las huellas que dejan las aves en el fango. Videos, fotografías, podemos transmitir imágenes de mil maneras. Imágenes que son, y siempre serán, sólo una abstracción/captura de la realidad.
Construimos nuestra realidad en base a la información que recibimos, no sólo de nuestros ojos y oídos, también a través de nuestra capacidad de recepción comunicativa, esa información es almacenada como abstracciones. En el fondo son dos temas, la abstracción y lo que nos hace, y la información y sus consecuencias, pero hay un innegable lazo entre ellas, una tiene que ver cómo almacenamos información y cómo abordamos nuestra realidad (pesos y medidas, números), la otra es el medio que transmite esa información. El resultado de la mezcla de uno y otro es la construcción abstracta de cada ser humano, y ahí tenemos muchísimos problemas. Mencionar un buen montón me tomaría demasiado tiempo, y creo que es suficiente el dejarles la idea, los conceptos básicos y que ustedes vean su realidad para ver dónde está ese ABSTRAKTO CONSTRUKTO de la mente humana y si sirve, o no. Mencionaré sólo dos problemas: el hecho de ver al conjunto en base a números ha creado un deleznable método educativo que pide resultados similares a un conjunto humano siempre heterodoxo—lo único bueno de la escolaridad mundial actual es ver lo poco, o nada, efectiva que es. Nuestra capacidad y naturalidad para recibir información ha permitido que gente con nula capacidad de discernimiento (siempre un mínimo porcentaje, pero en un mundo tan poblado son millones) acepte cualquier información como válida y, por tanto, como parte de su realidad.