Lo que se me venga a la mente.
Sí, sí. Yo también prefiero hablar de otros temas. Si bien reconozco que me interesa mucho lo que está pasando ahora en el oriente medio y he observado con atención la política exterior de este vilipendiado líder mundial, la verda’ es que preferiría hablar de asuntos culturales, artísticos, etc. Me gustan más las películas, y la narrativa, que los asuntos políticos, pero resulta que se trata de una historia, y una muy importante, y que domina gran parte del llamado escenario mundial. Así, pues, no tengo otra opción que hablar de él, porque es un asunto que está en mi cabeza, y si no lo escribo volverá y dará vueltas en mi cabeza, prefiero compartir la información de una vez por todas. Comienzo.
George W. Bush fue un niño mimado de la política estadounidense, nació en una familia política, con poder económico y presencia en Washington. Su primer éxito fue ganar las elecciones a gobernador de Tejas, el estado más grande los EE.UU. continentales—Alaska es mucho más grande, pero todo el mundo lo olvida, salvo los alaskeños, ¿o alaskanos? Le fue bien como gobernador y después pudo ganar la nominación del partido republicano para candidato a la Casa Blanca. ¿Recuerdan las elecciones del 2000? En voto popular ganó el candidato demócrata, actual premio Nobel de la Paz, Al Gore, quien tenía y tiene tanto carisma como cuadrado de mantequilla, pero en votos estatales la victoria fue de George Bush, en medio hubo un mini escándalo por votos y máquinas de votación en el estado de Florida, gobernado, precisamente, por el hermano menor de George, Jed. Detalles aparte, Bush se aprestó a habitar la Casa Blanca, pero entraba por la puerta chica, cuestionándose su legitimidad. Sin embargo, por donde se pudiese ver el asunto, era una buena noticia tener, otra vez, a un republicano en el ejecutivo estadounidense.
El daño causado por la administración de Bill Clinton a la Casa Blanca es difícil de cuantificar. En resumidas cuentas: había fracaso en tratar con Irak, en Somalia, con los Talibán, Latinoamérica, con el ex-bloque soviético, y había dejado que un tipo llamado Osama Bin Laden le faltara todo el respeto a los Estados Unidos. Los problemas y torpezas de la administración Clinton fueron heredados por Bush, pero a diferencia de su predecesor, él, George Bush, pensaba hacer algo al respecto. Sin embargo, septiembre 11 del 2001, demostró que el mundo está lejos de ser un lugar donde la primera potencia del planeta pueda planificar su curso de acción a su antojo, siempre hay muchas más fuerzas en juego, y se debe reconocer que los
muchachos de Al-qaeda, saben cómo ganarse la atención de las cámaras. Su golpe en contra de los EE.UU. fue espectacular; aunque fuese nula su relevancia militar, siempre me gusta decir que si los estadounidenses hubiesen reaccionado con más personalidad, se habrían hasta evitado casi todo el daño económico provocado por factores puramente psicológicos. Esto demuestra el valor del efecto impacto.
Un par de aviones, unos cientos litros de combustible y los televisores de todo el mundo, fue lo único que se necesito para arruinar los planes de George W. Bush. ¿Cuál era ese plan? Invadir Irak. No era un capricho ni afán conquistador lo que motivaba al pequeño Bush, era idealismo. Fue durante el gobierno de su padre, George H. Bush, que cayó el ‘imperio del mal’, como lo había denominado Ronald Reagan, presidente los EE.UU. durante los clave años ochenta. Simplificando, la tiranía soviética había sido derrotada por las fuerzas que sustentaban la libertad y el respeto a los ciudadanos comunes y corrientes, abajo la dictadura, arriba la democracia. O sea, desde un punto de vista un tanto pedestre, los Estados Unidos y sus aliados habían ganado la Guerra Fría. (Lo que sucedió en verdad fue mucho más interesante: las ideas mediocres se habían revelado como tales, y las hipocresías ya no eran sostenibles. No era derrota del comunismo—esta idea jamás podría ganar algo, ni siquiera puede existir, tiene tanto valor como kalumputulin, a nadie le importa el kalumputulin, el comunismo es lo mismo, no existe, no importa. Fue liberación de los pueblos oprimidos por la dictadura soviética, eso fue lo que sucedió, no una derrota de nadie, o victoria de otros. Eso es simplificar en exceso)
El padre de George, George, había creído que los Estados Unidos debían ayudar al mundo, ahora libre de la destrucción mutua que ensombrecía la realidad humana, a progresar. Los Estados Unidos, simplificando, debían convertirse en un faro que lleve a la humanidad hacia adelante. Básicamente, una vez librado el mundo de las idiotas ideas que la URSS esgrimía, pues al mundo sólo le quedaba la buena opción: la economía liberal y la política constitucional. Inocente, muy inocente, simplificado, muy simplificado, pero nadie podrá decir
que se trataba de un mal sueño. No son afanes conquistadores los que impulsan al gobierno de Bush a hacer algo en Irak, ni es el petróleo, ni siquiera son las armas de destrucción masiva—que sí tuvieron mucho que ver pero no fueron la razón principal. Era consistencia política: algo se debía hacer.
La gente olvida demasiado fácilmente que durante la administración de Clinton no se hizo nada. Nada. Y esa nada incluyó un embargo de las Naciones Unidas de casi diez años, y varios bombardeos de la Fuerza Aérea de los EE.UU. más sus aliados británicos. Ese embargo sólo hizo sufrir al pueblo iraquí y engordó las cuentas de varios oficiales corruptos de las inútiles naciones unidas—alguien debería enterrar a ese cementerio de burócratas con encefalitis. Mientras el dictador iraquí construía palacios y mansiones, más de medio millón de niños moría por desnutrición en Irak, mientras los inspectores de las naciones unidas jugaban al gato y al ratón con las autoridades iraquíes. ¿Por qué no jugar al gato y al ratón si estás ganando un buen salario anual? A nadie le importaba el drama del pueblo iraquí, ya que el mundo es racista, y es sólo es sujeto aquel que tiene contacto con los blancos. Como la opresión de los iraquíes venía de un árabe moreno, pues no había protestas en las calles, ni siquiera mínimas manifestaciones en contra de Saddam Hussein, su pueblo lo sufría con miedo y silencio, y al mundo, típico, le importaba un bledo. Pero el partido republicano tenía otras ideas, y la voluntad de hacer algo.
El gobierno de George W. Bush tuvo que primero lidiar con la dictadura de los talibán, la borró de la faz de la tierra; aunque se confiaron demasiado y dejaron escapar al pato mayor, un tal Osama Bin Laden, pero nunca perdió de mira su verdadero objetivo: Irak. Ni bien se le presentó la oportunidad, e ignorando el inmovilismo que era la corriente principal entre los cómplices comerciales de Irak, el gobierno de Bush reventó en varios pedacitos al dictador de la mesopotamia. Antes de la invasión hubo manifestaciones de unos cuantos
pelagatos alrededor del mundo, en contra de la guerra—ya que en una población de seis mil millones, un par, o cinco, son unos cuantos pelagatos. Es interesante ver cómo no salieron antes a protestar en contra de saddam.
Bueno, el resto es historia, la idea estadounidense fracasaría, debido, principalmente, a la corrupción, torpeza, crueldad y ambición, de los líderes iraquíes. No fueron estadounidenses los que llamaron a la gente sin trabajo, en un mercado, para después volarse a sí mismos cuando ya había una buena multitud de gente casi sin esperanza. No fueron estadounidenses los que hicieron volar camiones con gas venenoso, para que mate a todos los presentes, incluyendo mujeres y niños. No fueron estadounidenses los que matan civiles con coches bomba, casi todos los días. Pero como no fueron estadounidenses, pues, al mundo racista le es difícil considerar a sus víctimas como tales, ya que sólo aceptan las víctimas de los blancos. Así, un mundo bastante bruto sólo recuerda los crímenes de los americanos, que los hubo, y siempre los habrá en una guerra, pero están lejos de ser los peores, y los que más daño han causado en Irak.
Simpatizo mucho con la idea que llevó a los EE.UU. a la guerra, una guerra para ganar la libertad del otro. Es una idea a la que los estadounidenses están acostumbrados, pelearon en la 2ª Guerra Mundial, no porque su país estuviese amenazado, sino para ganar la libertad de los europeos—la verdadera amenaza para los EE.UU. estaba al otro lado y se llamaba Japón. Los EE.UU. también crearon, y se convirtieron en el socio principal de la OTAN, organización creada para impedir el progreso de la dictadura soviética, y de ahí surge la famosa denominación para el presidente de los EE.UU., ‘líder del mundo libre’. Está muy metida en la cabeza de los estadounidenses esa idea, y no, en el resto del mundo. George W. Bush, destruyó dos dictaduras durante su presidencia, fueron muchos los errores de su administración, y se encontró con que resultó mucho más difícil dar algo bueno a aquellos que todavía tienen mucho de malo (malos líderes, malas ideas, mala
conducta política). El fracaso, ya que sólo se la puede calificar como eso, de la política exterior de los Estados Unidos en Irak, se debe a la imposibilidad de dar algo, cuando hay muchos que no lo quieren, la guerra sectaria en este país es prueba de ello.
Los EE.UU. cometieron muchos errores y crímenes en Irak, que palidecen con los errores y crímenes cometidos por los propios iraquíes—pero los iraquíes no son blancos, así que el mundo prefiere ignorarles. Pero ya me cansé de escuchar mencionar planes imperialistas y ese tipo de tonterías. Ninguna persona sabe más sobre la guerra que el alto mando británico, ellos se oponen a la guerra, y esgrimen las mismas razones que he planteado en esta entrada para haber ido a la misma, ahora ellos quieren retirarse, pero defienden las razones que motivaron la invasión de Irak. Esto quiere decir que puede haber una oposición a la guerra de Irak, pero basada en la realidad, en vez de idiotas teorías de conspiraciones imperialistas. No es necesario inventarse mentiras para lidiar con realidades, nunca entenderé porqué tanta gente hace eso.
Mientras tanto, ningún otro líder hizo más, después de la Guerra Fría, por mover este mundo hacía una buena dirección. Por eso saludo a George Bush, a pesar de cualquier error suyo, él fue el único dispuesto a hacer algo, él fue al único que le importó.