Lo que se me venga a la mente.
La escena de “Harry Potter y el príncipe mestizo”, donde el cuarto destruido es reordenado y arreglado, dura unos treinta segundos, en el libro es un párrafo. Con 652 páginas, el sexto libro de la saga es apenas más corto que el anterior. La equivalencia entre guión y película es de un minuto, de libro a guión, pues, varía mucho. Digamos que una adaptación fiel del texto, en su totalidad, nos daría una producción de 10 horas, por lo bajo. Así, la primera regla para adaptar Harry Potter, desde el cuarto libro, ha sido ‘qué cortar’ y ‘qué más cortar’. Este problema, por supuesto, no afectará al público que no ha leído las novelas. Dado que la película es un producto en sí mismo, pues, me encuentro con el problema de que, como lector, parte de lo que veo es lo que falta. Hecha esta aclaración, diría que puedo proseguir.
“El príncipe mestizo” es una buena película, si bien los cambios hechos al final de la producción no me convencen del todo, esto no disminuye el entretenimiento, imaginación y buen arte del resto. Los defectos generales de Potter y su mundo, el enemigo ‘monstruo’ (Aquí tengo una nota sobre el tema: ‘Orco, el hermoso enemigo’), no desaparecen; sin embargo, el dilema que enfrenta uno de los personajes, está bien narrado y actuado, y hace que este aspecto sea siquiera un poco más interesante que en otras ocasiones. El elenco de cada filme siempre fue de lujo, Kenneth Branagh, David Thewlis, Emma Thompson, son algunos de los grandes nombres de la actuación británica que han participado. En “El príncipe”, los intérpretes principales, Grint, Radcliffe, Watson y Felton, demuestran, otra vez, que tienen madera de actores. Todos tienen buenos momentos actorales en este filme.
David Yates, director del filme, hizo un buen trabajo con el anterior filme, y ahora lo hace otra vez. Aprovecha momentos visuales, sabiendo que debe hacer uso de cada oportunidad para narrar varios caminos narrativos: los romances, las amistades, los logros particulares, los dilemas de juventud, las revelaciones de Dumbledore y un libro que tiene demasiadas respuestas. No es menudo el desafío que tenía, y tiene éxito, con el ‘pero’ ya mencionado, el filme es ágil, entretenido y gracioso. Steve Kloves, guionista, llenó el filme de breves chistes verbales; si no ríes, siquiera sonríes. Para ser una producción que supera las dos horas de duración, no se siente larga.
Uno de los mayores méritos de las obra de Rowling es la desbordante imaginación que muestra en cada uno de sus textos, a pesar de ser la sexta entrega, y que, una vez más, es la misma escuela y los mismos personajes. El uso de los recuerdos, los libros mágicos o los cuartos misteriosos, permiten vislumbrar ese mundo fantástico con el que Rowling encandiló al planeta. En este mundo globalizado, casi todos los habitantes tenemos la oportunidad de ver la producción a la vez, o con muy pocos días de diferencia. La película ya ha recaudado más de cuatrocientos millones de US$, lo que le viene bien a una industria fuertemente golpeada por la piratería, tanto aquí como allí. Su popularidad, en lugares tan dispares como Japón, Rusia o Bolivia, demuestra que su historia gusta a un público muy amplio, hay buenas razones para ello.