Lo que se me venga a la mente.
Un par de años antes de estrellarse en un avión contra las torres gemelas, Mojamed Atta, el egipcio, era un prometedor ingeniero. Joven, afable, riguroso, Atta tenía todo lo necesario para triunfar en este mundo, en esa nuestra realidad impuesta colectivamente (que no por serlo no deja de ser una ‘realidad construida’, claro está). Pero siquiera desde entonces Atta ya se había decidido a participar en una misión suicida en nombre de algún difuso sueño de orden religioso, para él, estrellar ese avión, se trataba de un favor a la comunidad islámica. Había renunciado a ese futuro que veía venir; la de un trabajo, una familia, la pelea por vivir; o como la hemos decidido llevar. Sus compañeros también habían decidido lo mismo, renunciar al mundo, sacrificarse por un sueño. Siquiera uno de los terroristas del 11 de septiembre se arrepintió un momento, y regresó a Alemania, donde su novia, y tuvieron que convencerlo de nuevo para que vuelva. ¿Qué le dijeron? ¿‘Ven, ven a morir, que te necesitamos’? A mí no me suena muy convincente, pero sí fue suficiente para el piloto, dejo a la novia y… el resto es historia.
¿Habría habido mucho rigor intelectual en la mente de Vernon Howell, alias David Koresh? Vernon se conocía muy bien el libro que consideraba sagrado, la Biblia, lo había estudiado a conciencia e independientemente, sus conclusiones eran propias. Su dislexia le causó algunos problemas en el colegio, pero era brillante de todas maneras, según testigos. Su conocimiento del texto más su elocuencia natural le sirvieron bastante bien cuando decidió convertirse en profeta de su propia secta cristiana, los davidianos. Si bien Vernon podría ser un caso clínico, ¿qué hay de todos los demás miembros de los davidianos? Y, seamos sinceros, más allá de una piedad mayor, ¿qué diferencia existiría entre ellos y el resto de los religiosos, o seguidores de cualquier otra fe? (Sí, la verda’ es que todos son casos clínicos) Entonces cabe preguntarse, ¿existe alguna diferencia entre Howell y el profeta de una religión cualquiera? Supongo que la respuesta es larga. Lo que sí, los davidianos habían renunciado a muchas cosas para unirse a David Koresh en el templo llamado ‘Monte Carmel’, incluso renunciaron al sexo (Sólo el cordero de dios, Howell, podía acostarse sexualmente con sus esposas e hijas). También a sus vidas, cuando la loca secta, encerrada en su templo, se fue en llamas, el 19 de abril de 1993. David se preparaba para el Apocalipsis, compraba armas y la ATF, Agencia del Alcohol Tabaco y Armas de fuego, se decidió a intervenir. Hubo un tiroteó, un sitio, y mucho humo, además de unos 76 muertos.
Entonces, la conclusión es que los problemas que Mojamed Atta, Ernesto Guevara, Vernon Howell, o quién cuernos sea, tuvieron con el mundo, son problemas suyos, no del resto. Cada uno parte de su propio contexto cultural, Mojamed del Islam, Ernesto del pseudo secularismo de izquierda y Vernon del fundamentalismo cristiano, sus dolores ya eran compartidos por algunos en su comunidad y ellos aprendieron esa visión hasta cierto punto, son individuos con problemas particulares que buscan asidero en las de ideas de alguna colectividad, o una que construyen ellos mismos. Si en tu visión egoísta tienes éxito, si en tu locura logra convencer a otros, puedes ser desde un Osama, con unos 100 mil seguidores, hasta un Sun Myung Moon, con entre 250 mil y tres millones. Pasando por Guevara, con unos centenares, y Howell con unos miles. Afectar la realidad humana es reconocerla que es un lienzo en blanco, pero con un limitado número de colores a tu disposición, es por eso que las quejas son muy similares, los dolores sólo pueden ser dolores compartidos, pero el problema parte de uno, de la sensibilidad de uno. No es nunca el dolor del mundo, es tu dolor y punto. Así que puedes pintarlo, el mundo, como te venga en gana.