Lo que se me venga a la mente.
Será el evento literario del año. Sólo su rumor ya generó subidas en la bolsa de valores, especulaciones varias, e infinitas conversaciones en la red. ¿Qué?, ¿quién?, ¿dónde? Bueno, Harry Potter. Este año se publicará el último libro de la saga más importante en la historia de la literatura. Si de números se trata, ‘Harry Potter’ los tiene todos. Fue un éxito de ventas tan grande que el reputado periódico The New York Times debió crear una lista aparte de los libros infantiles más vendidos, los lectores serios se cansaron de leer el nombre del niño mago, que figuraba en varios puestos de los libros más vendidos. Ya es legendaria la historia de cómo todas las grandes editoriales del Reino Unido rechazaron el libro, hoy en día nadie está dispuesto a reconocerlo, el comentario es ‘fue como rechazar a los Beatles’. La historia personal que puedo contarles es que yo seguí con mucho escepticismo la trayectoria de este héroe de muchos, si somos sinceros el Siglo XX no se caracteriza por haber producido arte de calidad; en cualquier rama imaginable (no, lo siento, a mi me gusta mucho pero ni ‘El señor de los anillos’, a pesar de ser un libro magnífico, califica como verdaderamente buena literatura… harry, tampoco, pero ése no es el punto). Harry Potter vendía millones de ejemplares, ‘¿y qué?’, decía mi escéptica cabecita. Picasso es considerado un gran pintor, Niemeyer un gran arquitecto, Botero un artista, Pasolini y cineasta. Harry Potter podía ser considerado un buen libro por pre-adolescentes y similares, ¿a quién le importaba? Entonces llegó la película.
El primer filme de Harry Potter es uno de los más largos, dura dos horas y media más un dedito. Eso es mucho tiempo para una película, si bien el nudo de la historia no me impresionó en lo absoluto, me saqué el sombrero ante la imaginación de J. K. Rowling, el castillo, el banco, el bosque. El primer filme era un clavado mortal a la imaginación pura. Unicornios, fantasmas. Y resulta que en el libro había más imaginación, pero eso yo todavía no lo sabía. Sí, la película resultaba entretenida a pesar de los muchos defectos y reducciones del origen. No fuese suficiente para interesarme en el tema. Entonces, los chicos comenzaron a leer la obra. Yo daba un breve curso sobre cine, cada fin de año, en el colegio San Agustín. A partir de cierto año, Harry Potter se convertía en tema obligado con los chiquillos y chiquillas que asistían al curso—sobretodo pa’ ver pelis; nadie puede culparlos por eso. Eso fue despertando mi curiosidad sobre el tema, ya que a la gran mayoría, aunque la habían visto, estaba insatisfecha con la adaptación cinematográfica. ¿Sería mejor el libro?
Cuando apareció el 4º libro; o sea, retrocediendo un poco en el tiempo, fue noticia internacional y yo vi las reacciones que había entre los niños al comprar el libro, y las largas filas que había para poder hacerlo. Me sorprendió lo voluminoso que era el texto, más de 630 páginas en su traducción al español. Los niños pequeños, con la sonrisa de oreja a oreja, posaban ante las cámaras con un libro que era, prácticamente, de su tamaño. Yo razoné como cualquier pedestre que desconocía el estilo literario de Rowling, me dije ‘que tonta, ha destruido su propia franquicia, ningún niño va a leer un libro tan grande’. Obvio, la realidad probó lo equivocado que estaba en un tris, los niños no sólo leían ese libro, les encantaba, y no sólo ellos, gente y gente de todas las edades leía el libro, contagiados por el fanatismo de sus seguidores infantiles (es que todos conocemos algún niño, ya sea el primo menor o el sobrino, o los alumnos). También fue importante la incondicional postura de una amiga, que adoraba a los libros. Así, a la primera oportunidad, y por un azar de la suerte, me compre en buen precio el tercer libro original de la serie, ‘El prisionero de Azkaban’. Resultó que una tía, como todas, buscó regalarle el libro a la sobrina(o), y no fue la única que lo hizo, por lo que decidió revender el libro, aunque sea a un precio de perdida, precio que pagué yo.
personajes, no sólo malvados. Son insoportable gente mediocre, personajes exagerados, recargados, pero, poco a poco, la agilidad del resto de la obra, más el espectacular final, lograron convertirme en un lector satisfecho; a pesar de la ultra rebuscada naturaleza de Peter Petigrew, alias Colagusano y otros detalles. La cuarta entrega, que compré poco después de terminar el tercer libro, llena de aventura, a pesar de tener una trama, como la anterior, con muchos detalles bastante débiles, logro introducirme que, a pesar de ser imaginación pura, me hizo mucho recuerdo al colegio. El plan de los amigos Bartemius Crouch y Voldemort era un tanto torpe, pero la fantasía, los lugares, y los personajes principales, con celos, peleas, decepciones y muchos otros, estaba bien trabajado. Suficiente como para generar expectativa en sus lectores, suficiente para abordar un libro de 630 páginas sin lamentarlo. Estaba convertido.
cada aspecto posible. Harry, Ron, Hermione, Snape y Dumbledore, entre otros, son más interesantes de lo que aparecen a primera vista. Momentos como el decepcionante baile de Yule, el nerviosismo que acompañaba su llegada, los preparativos y las sorpresas, sin uso de varitas ni objetos mágicos, sino sólo gente siendo gente, es uno de los muchos momentos bien logrados. Pero es la imaginación de Rowling lo que merece un sonoro aplauso; aunque sea hecho de multitud de retazos de la narrativa popular, su mundo de grifos, dragones, escuelas mágicas y casas; Gryffindor y Slitherin, Hufflepuff, Ravenclaw, un interminable mundo de criaturas diversas, todas nuevas. Ese mundo, que inspira a millones de seguidores alrededor del globo, es el mayor mérito de esta más que muy exitosa serie. Sé por experiencia propia que su libro ha incentivado a millones de niños a la lectura y sí, a diferencia de lo que cree Bloom, estos abordarán otros libros a medida que vayan creciendo y madurando.
Hay información a montones sobre la serie, y las preocupantes actitudes de algunos de sus seguidores, laa puedes encontrar en: